Manifestación convocada este viernes 8 de marzo por los colectivos feministas de Vitoria con motivo del Día de la Mujer
Si una cosa nos quedó clara a las que asistimos a la manifestación del 8 de marzo es que la amenaza de un retroceso sobre nuestros derechos es algo que percibimos como muy real, con hondo espacio social creciente y con una posibilidad de ser sostenido con respaldo político en cada cita electoral. Hay preocupación y aquí y allá en cada corrillo se comentaba: “Hay que prepararse”, “toca seguir luchando”, “lo que se nos viene me asusta”. Fue una constatación colectiva de las corrientes vivas que nos están arrastrando hacia lo reaccionario, al pasado, a estar alerta.
Luego llegas a las redes sociales, algunas más hostiles que otras. El hediondo centro comercial de Elon Musk llamado X, no es el ágora de las opiniones, sino el mercado donde el odio cotiza en retuits y likes al alza. Cuanto más escorado, más alimenta el algoritmo que genera el tráfico en los timelines de cada perfil.
Lo último, descubrir cómo el facherío pretende deslegitimar a las mujeres que nos movilizamos año a año por nuestros derechos, por la igualdad, por la brecha salarial, por los cuidados, por la corresponsabilidad, contra los asesinatos machistas y la violencia vicaria que nos ahoga. En lo que llevamos de 2026, diez mujeres y dos menores se han sumado a la infame lista de las vidas robadas por la violencia ejercida contra nosotras. Ahora nos llaman las charos, ¡las charos! Es que me pinchan y no sangro.
El aspecto físico es otro de los grandes motivos para conformar un imaginario en la manosfera de los que es una charo
Utilizan charo como término despectivo, especialmente en las redes sociales para arremeter contra las mujeres que reivindicamos la igualdad de derechos. El aspecto físico es otro de los grandes motivos para conformar un imaginario en la manosfera de los que es una charo. Por ejemplo, si tienes el pelo corto encajas como un bizcocho en el molde, si tienes gato te conviertes en charo plus y si encima te da por expresar tus ideas públicamente alcanzas el charismo platinum, diana de todo el hate que una pueda imaginar.
Este término empezó a aparecer disimuladamente en algunos foros de conocido contenido machista hace unos años, pero no ha sido hasta ahora que referirse a las mujeres como charos ha empezado a extenderse. No es un fenómeno ni propio ni único. Los países anglosajones fueron los primeros en tomar un nombre común para expresar odio hacia las mujeres. Allí son Karen, y aunque no tiene exactamente el mismo significado, podríamos considerar que charo es una especie de retroevolución para una vez más desprestigiar todo lo femenino.
Y es que no son sensaciones, no son percepciones personales, es que hay datos muy preocupantes que nos arrojan retrocesos sobre la conciencia feminista especialmente entre los más jóvenes. El reciente Barómetro de la Juventud y Género de Fad revela que el 38,4% de los jóvenes se declara feminista, casi 12 puntos menos que en 2021, cuando alcanzó el 50%. Un dato todavía más preocupante es que el 49,2% percibe el feminismo como una herramienta de manipulación política.
Es desolador saber todo lo que nos cuesta avanzar y lo rápido que se puede retroceder
El sistema parece que se ha puesto a trabajar para frenar nuestro legítimo derecho a vivir en igualdad porque quienes tienen el privilegio no están dispuestos a renunciar a él, y de ahí que cada vez oigamos más eso de que "las charos han llegado demasiado lejos con el feminismo", que "ya vale", que "las verdaderas víctimas son los hombres y que esto no puede ser". Es desolador saber todo lo que nos cuesta avanzar y lo rápido que se puede retroceder.
Precisamente por eso, no es momento de arrojar la toalla, hemos aprendido a no pedir permiso para tomar lo que nos corresponde y eso no nos lo pueden arrebatar. Me quedo con estas palabras de la activista Pamela Palenciano porque creo que pueden ayudarnos a la reflexión y a saber cómo pasar a la acción: “Escuchar, comprender los contextos y reforzar el pensamiento crítico es urgente si queremos construir futuros más justos. La juventud no es el problema, es el termómetro. Sin educación crítica, sin espacios de cuidado y sin referentes, el vacío lo ocupa el miedo. Hablar, nombrar y actuar también es prevención”.
Por último, reivindicar el orgullo charo. Sí, soy una charo, encantada de serlo porque cuando intentan utilizar el lenguaje como una herramienta de ataque, lo que hay que hacer es apropiarse del término, de su lenguaje, del palabro y resignificarlo. ¡Vivan las charos!