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Plan de Industria Euskadi-2030

Plan de Industria Euskadi-2030

Opinión

Lecciones de una guerra

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Cuando entramos de lleno en la tercera semana de la Guerra de Israel y EE.UU. con Irán y viendo que no parece que vaya a ser tan corta como se pensaba en un principio, creo que es un buen momento para analizar algunas lecciones aprendidas para intentar aplicarlas a la economía europea y española, en general, y vasca, en particular.

Por si no había quedado suficientemente claro con última pandemia o en la Guerra de Ucrania, cada vez es más evidente que vivimos en una sociedad líquida, en la que inestabilidad, la rapidez de los cambios y la crisis de las actuales estructuras supranacionales hace que la economía mundial sea una caja de sorpresas en la que nadie se atreve a pronosticar tendencias o establecer un camino claro.

Ante esta situación, el verbo que más se conjuga en las empresas es: adaptar. En un contexto cambiante como el actual, las firmas que tienen más futuro son aquellas que se amoldan con facilidad y rapidez a los cambios. Nos tenemos que olvidar de estrategias a muy largo plazo y centrarnos en otras más flexibles que tengan en cuenta diferentes escenarios.

 El Plan de Industria Euskadi-2030 no sería igual si se hubiera lanzado ahora, y eso que algunas de sus líneas estratégicas cobran ahora más sentido que nunca

Esto se traduce en que los y las líderes empresariales tienen que analizar y medir muy bien sus riesgos y oportunidades para saber afrontarlos o explotarlas cuando se producen. Y esto no va sólo con las empresas, sino también con las instituciones. Estoy seguro que el Plan de Industria Euskadi-2030 no sería igual si se hubiera lanzado ahora, y eso que algunas de sus líneas estratégicas cobran ahora más sentido que nunca. 

Supongo que ya están más que acostumbrados a que les abrume en mis artículos con la urgencia de un cambio de rumbo hacia una economía circular y descarbonizada que acelere la transición climática pero, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, no me negarán que los últimos acontecimientos mundiales no paran de darnos la razón a los que creemos que un futuro más verde sería la solución a muchos de los actuales problemas del mercado.

El cierre, de un pequeño estrecho que no llega a 40 kilómetros de ancho por el reciente conflicto en Oriente Medio ha desatado un tsunami que amenaza con llevarse por delante todas las buenas perspectivas económicas para este año, incluidas las vascas. En sólo 3 semanas, los aranceles han dejado de ser la principal preocupación de nuestra industria que ahora busca como hacer frente al incremento de costes derivados del alza del petróleo y de su influencia en 2 aspectos claves de su gestión: la energía y el transporte.

En España, el año pasado la producción de energía limpia ya superó el 55% del mix total y Euskadi sólo representó un 0,6%

¿Se imagina que distinto seria este panorama si las fuentes renovables fueran capaces de producir toda la energía que necesita Europa? En España, el año pasado la producción de energía limpia ya superó el 55% del mix total y Euskadi sólo representó un 0,6% de esta producción. Es hora de ponerse manos a la obra y trabajar en nuestra independencia energética porque, en caso contrario, seguiremos al albur de las infantiles decisiones de líderes populistas que comienzan guerras sin importarles las consecuencias y, sobre todo, sin tener en cuenta los daños colaterales.

Los grandes ejes con los que Europa pretende abordar su reindustrialización, que también vienen recogidos en el Plan de Industria Euskadi-2030, son la innovación y la descarbonización, además de la autonomía estratégica y la desburocratización. La situación actual va a poner a prueba nuestra capacidad de implementar todos estos objetivos, empezando por el último.

Este próximo viernes el ejecutivo central va a presentar un paquete de medidas anti crisis para paliar las consecuencias de la guerra, vamos a ver hasta que punto la gestión de estas ayudas o programas resulta sencillo y rápido para las empresas y no se convierte en un camino farragoso que mina su eficiencia. También lo vamos a comprobar con los más de 1.000 millones de euros que va a movilizar Gobierno Vasco para mitigar los efectos de esta crisis. Precisamente, una de las líneas fundamentales de esta iniciativa es el fortalecimiento de la autonomía energética de Euskadi.     

No podemos seguir dejando que los señores del petróleo sigan marcando nuestra agenda y retrasando la transformación verde de nuestro tejido económico

Guerras como la de Irán nos enseñan que la transición ecológica de nuestra sociedad es más necesaria que nunca, también desde el punto de vista de nuestra competitividad. No podemos seguir dejando que los señores del petróleo sigan marcando nuestra agenda y retrasando la transformación verde de nuestro tejido económico.

Hay que ser valientes y apostar por proyectos como el de “Faros de Innovación” que acaba de presentar esta semana el Gobierno Vasco para impulsar proyectos científicos y tecnológicos estratégicos. Tan estratégico como es avanzar hacia un almacenamiento de energía más eficiente que permitan sacarle aún más partido a las energías renovables.

Afrontar con inteligencia todo lo que nos hace vulnerables  es el primer paso para dejar de serlo.  A ver si conflictos como este nos ayudan a ponernos las pilas de una vez y acelerar un proceso que no tiene vuelta atrás. La competitividad de la industria vasca depende en buena medida de tener claro este futuro más sostenible.