Pásate al MODO AHORRO
Varios manifestantes se enfrentan al periodista Vito Quiles, durante la concentración en Madrid contra Milei, a 21 de junio de 2024

Varios manifestantes se enfrentan al periodista Vito Quiles, durante la concentración en Madrid contra Milei, a 21 de junio de 2024 Europa Press

Opinión

El precio de confundir ruido con información

Publicada

Llevar un micrófono no te convierte en periodista, estudiar en la universidad el grado de periodismo no te hace periodista, proclamar que eres prensa y que trabajas en televisión tampoco sirve para ser considerado miembro de la profesión. No es que yo me crea con la capacidad de repartir carnets a ti sí y a ti no, es que como decía mi profesor de redacción en segundo de carrera, al fin al cabo, esto solo es un oficio y para ejercerlo la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón citando a Gabriel García Márquez.

Somos como un artesano que esculpe a golpe de tecla en el ordenador el puente entre la información y la ciudadanía. La Carta Magna reconoce y protege el derecho a comunicar y recibir información veraz por cualquier medio de difusión. Veraz, verdad... se parecen, pero son dos conceptos que no son exactamente lo mismo. La veracidad no es un absoluto como lo es la verdad, sino que es el derecho a recibir información contrastada con diligencia profesional, excluyendo la difamación o las falsedades conscientes.

Era importante empezar por ahí para entender cómo el agitador ultra Vito Quiles no puede ser considerado periodista. En el ecosistema mediático actual, donde la atención vale más que la información, figuras como Vito Quiles no son una anomalía, son un síntoma. Un síntoma de una transformación profunda del debate público, donde el ruido desplaza al argumento y la provocación sustituye al periodismo. Es nuestro deber denunciar tanto sus prácticas carentes de un mínimo de deontología persiguiendo y acosando a políticos o figuras públicas de izquierdas, como a quienes desde la política lo amparan y lo financian.

Ya basta, tenemos que dar un golpe en la mesa y denunciar la complicidad que por intereses espurios está dando manga ancha a barbaridades injustificables. A raíz de la querella interpuesta por la mujer del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, por agresión contra este elemento se ha solicitado al Partido Popular que se manifieste al respecto. No podía salir de mi asombro cuando el presidente del PP, Alberto Núñez Feijoó, y algunos de los portavoces populares se referían a esta persona como periodista.

Siguiendo el rastro de la financiación del pseudomedio EDA TV de Javier Negre donde trabaja Quiles, este bussines es muy rentable. Recibe de los Gobiernos autonómicos, diputaciones provinciales y ayuntamientos del PP suculentos contratos menores que no necesitan salir a licitación al no alcanzar los 18.000 euros. Contrato a contrato una microempresa acaba haciéndose con un monto tan suculento que son la envidia de muchos profesionales honestos que trabajan día a día por sacar a su medio adelante y pagar unas nóminas decentes a los plumillas.

Sus defensores apelan a la libertad de expresión y al derecho a hacer preguntas incómodas. Es cierto, el periodismo no está para agradar al poder, pero hay una diferencia sustancial entre fiscalizar y hostigar. Entre cuestionar y construir un relato basado en premisas no verificadas. Cuando esa línea se cruza sistemáticamente, el problema ya no es ideológico, sino profesional.

Lo más preocupante no es Quiles en sí, sino el incentivo que representa. Cada vídeo viral, cada polémica refuerza un modelo en el que el periodismo deja de existir para convertirse en una herramienta de agitación hoy al servicio de unos, pero mañana lo podrían utilizar otros

Esto que parece muy complicado mi compañero y colega Fernando Garea lo explica con un ejemplo de lo más elocuente. Dice así, un farmacéutico vende sustancias, un narcotraficante vende sustancias, pero ¿a que no son lo mismo? Me parece un resumen brillante, la diana de todo este asunto.

Lo más preocupante no es Quiles en sí, sino el incentivo que representa. Cada vídeo viral, cada polémica refuerza un modelo en el que el periodismo deja de existir para convertirse en una herramienta de agitación hoy al servicio de unos, pero mañana lo podrían utilizar otros.

La pregunta no es quién y de dónde sale este ser, sino por qué tiene el espacio que tiene, por qué se le invita a cerrar el acto de fin de campaña del PP en las elecciones de Aragón. Las redes, la polarización y una audiencia dispuesta a consumir indignación en vez de información nos acercan a la respuesta y cuando el espectáculo sustituye al debate todos, sin excepción, salimos perdiendo.