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Concentración en defensa del euskera en San Sebastián

Concentración en defensa del euskera en San Sebastián Javier Etxezarreta EFE

Opinión

A vueltas con el euskera

Publicada

El Tribunal Constitucional de Conde-Pumpido acaba de respaldar el actual sistema de perfiles lingüísticos que los nacionalistas vascos, con la aquiescencia de los socialistas y toda la izquierda reaccionaria, han construido durante las últimas décadas, lo cual no quiere decir que el sistema sea justo sino que, al parecer, se atiene a la ley vigente, siempre según Conde-Pumpido, por lo que concluyo lo que algunos venimos defendiendo durante décadas: que no sólo hay que cambiar las políticas lingüísticas que los ultras del euskera han venido aplicando desde el inicio de la democracia con la colaboración culposa de tantos despistados y tantos tontos útiles, sino que hay que cambiar leyes concretas y, en concreto, el artículo 3 de la Constitución Española: "La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección".

A pesar de que es un artículo que suena bien y que tenía sentido cuando salíamos de una dictadura, es el que ha permitido a los talibanes de la lengua idear primero y cometer después todas las tropelías imaginables que ha sufrido una parte relevante de la sociedad vasca (y parte de la española).

Y es que una cosa es proteger el euskera y otra imponerlo, como si el conjunto de la sociedad vasca tuviéramos, no sólo la obligación de aprenderlo sino hasta de usarlo, y no digamos ya pagar con nuestros impuestos los miles de millones de euros que hemos tenido que abonar durante todos estos años.

Se agravarán en el futuro

La división en torno al euskera es obvia, suele decirse; pero no es en torno al euskera, contra el que al menos de momento casi nadie tiene nada, sino contra las coercitivas políticas lingüísticas que han venido avasallando a una parte muy relevante de la sociedad vasca; y, visto el Parlamento Vasco, las encuestas y para lo que han quedado los socialistas y el conjunto de la izquierda, lo que te rondaré morena, dado que tales barrabasadas no tienen pinta de que vayan a parar sino que, como nunca les es suficiente, se agravarán en el futuro.

Si hay una ideología que con más ahínco debería denunciar los atropellos lingüísticos que con especial gravedad afectan a los trabajadores más vulnerables y, en general, a los más desfavorecidos, es la izquierda, pero ¿qué vamos a decir de la izquierda que no se haya dicho ya si hasta los sindicatos supuestamente nacionales, parasitados por el virus nacionalista, han comprado la mercancía averiada y validado dócilmente casi todos los abusos cometidos, salvo honrosas excepciones?

Las lenguas han tenido históricamente dos tipos de enemigos: los que las prohíben... y los que las imponen

Mientras tantos viven del cuento y de la sopa boba, otros somos oficialmente tildados como enemigos del euskera y, desde luego, como fascistas, por contar y cantar las verdades del barquero y denunciar tantas injusticias… aunque no las suframos directamente nosotros porque, ay, tenemos el EGA.

Se ha dicho todo pero algunas cosas deben repetirse: una, que las lenguas no tienen derechos sino que los derechos son de los ciudadanos; dos, que ninguna lengua tiene el derecho a provocar hablantes forzosos ni para perpetuarse ni para que quienes quieren hablarla tengan con quien hablarla; y tres, que las lenguas han tenido históricamente dos tipos de enemigos: los que las prohíben… y los que las imponen.

Y los que están tratando de imponer ahora el euskera son los nacionalistas, con el apoyo explícito de los socialistas, lo cual no quiere decir que vayan a tener éxito en su disparatado empeño de lograr lo que es materialmente imposible y a lo que vamos a seguir oponiéndonos.

Porque tampoco somos los ciudadanos de hoy día los responsables de lo que se hiciera supuestamente en el pasado para compensar con nuevas injusticias las injusticias pasadas.

Estudiar en euskera

Lo explicaré nuevamente como si se lo explicara a un niño, quienes a día de hoy son nuestra principal esperanza, por cierto: todo el mundo tiene derecho a expresarse en euskera y, en algunas partes de Euskadi, es lengua de uso mayoritario, lo cual es perfectamente respetable y en absoluto una realidad que deba ser modificada; todo el mundo tiene derecho a estudiar en euskera, cosa que es perfectamente posible, lo cual ya está plenamente garantizado; y todo el mundo tiene derecho a aprender euskera, a lo cual las instituciones vascas han dedicado ingentes cantidades de dinero público; además, disponemos de radios y televisiones públicas que se emiten íntegramente en euskera y, aunque su audiencia es muy limitada e incluso irrelevante, se considera que es un servicio público que debe ser prestado, a lo cual dedicamos millones de euros todos los años.

Sin embargo, a lo que no hay derecho es a que se obstaculice o se impida que nuestros jóvenes puedan estudiar en castellano, no sólo porque el español es también lengua oficial y mayoritaria, sino porque está pedagógicamente demostrado que es recomendable que los estudiantes estudien en su lengua materna, idioma en el que mejor se desenvuelven.

Está pedagógicamente demostrado que es recomendable que los estudiantes estudien en su lengua materna

Y, aunque es comprensible que los euskaldunes puedan relacionarse en euskera con las administraciones públicas, esto no puede suponer, en ningún caso, que todos los puestos se encuentren perfilados, ni que todos los trabajadores públicos tengan la obligación de saber euskera, en la mayoría de los cuales no es en absoluto necesario para realizar perfectamente la labor; y porque todos sabemos español y la mayor parte de la sociedad sigue sin saber euskera, por mucho que nuestros dirigentes vivan en una realidad paralela y para lelos.

El problema es el extremismo en materia lingüística de quienes nos gobiernan, su irracionalidad y su incapacidad de ponerse en el lugar de quienes no saben euskera, que además es la mayor parte de la población, aunque parte de la cual esté abducida por años de propaganda y mentiras.

Es todo una extravagancia absurda que pagamos todos, cuyos consecuencias más perniciosas están por llegar, consecuencia de que miles de niños y niñas han venido estudiando, por imposición del nacionalismo, en una lengua que no es su lengua materna; y ello sin contar el enorme daño ya causado.

Es cierto que su objetivo de reconvertir lingüísticamente a toda una sociedad es una paranoia imposible de cumplir, el problema es el daño que provocan mientras lo intentan. Al final provocarán masivamente lo que ya está ocurriendo en muchos adultos pero especialmente entre algunos jóvenes: que no sólo rechacen las políticas de imposición sino que, hartos de tanta sinrazón, rechacen el euskera.