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Aficionado de la selección habla con la Ertzaintza por un enfrentamiento durante la retransmisión de la final del Mundial 2026

Aficionado de la selección habla con la Ertzaintza por un enfrentamiento durante la retransmisión de la final del Mundial 2026 EFE

Opinión

Ni perdón ni permiso

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Aún con la resaca de la segunda estrella lograda por la selección masculina española de fútbol en Nueva York y desde la distancia que da el tiempo, se impone la reflexión acerca de un sueño del que algunos quieren hacernos despertar.

No me refiero al logro deportivo sino a que cuando creíamos vivir en un país libre en el que cada cual puede celebrar a su manera y vestido como le dé la gana los éxitos de España, nos encontramos con los nuevos intolerantes, totalitarios y antidemocráticos. En definitiva, el movimiento creado por Benito Mussolini, el fascismo, vuelve a hacerse presente en nuestras calles.

Cito a Mussolini porque el uso que ha hecho Donald Trump de sus poderes mediáticos y económicos en un vano intento de que EEUU permaneciera en el campeonato ya lo utilizó el líder fascista en 1934. Entonces Mussolini aprovechó la fuerza del fútbol para proyectar la fuerza de Italia y su movimiento con el objetivo de mejorar su imagen internacional.

El pobre juego de su equipo no le dio opciones de continuar en los terrenos de juego

Con un juego violento y el apoyo de unos arbitrajes totalmente localistas, Italia se alzó con la copa tras eliminar a España, Austria y Checoslovaquia. Trump lo ha intentado forzando incluso la anulación de una tarjeta roja a uno de sus jugadores, pero el pobre juego de su equipo no le dio opciones de continuar en los terrenos de juego.

Puede que pensase que, al igual que Mussolini, él también podía controlar el mundial de fútbol hasta el último partido. Se equivocó.

Pero las maneras fascistas del presidente americano no han sido las únicas que hemos visto en este torneo. En casa, en nuestras calles y plazas, hemos asistido a un tristísimo espectáculo al que no hay que quitarle ni un ápice de importancia.

La imagen proyectada al mundo de grupos de personas increpando, agrediendo e insultando a quienes en el ejercicio de su libertad lucían los colores de la selección española no solo hace un flaco favor a la convivencia y a la democracia, sino que nos presenta ante el resto del planeta como un lugar nada apropiado para que en 2030 se disputen partidos del Mundial.

Al hilo de lo visto, que la selección española llegase a jugar un encuentro en Anoeta o en San Mamés ocasionaría un importante problema de seguridad que probablemente la FIFA no estuviera dispuesta a asumir.

La enorme cantidad de aficionados que se atrevieron a lucir la camiseta de España seguro que no estarían tan felices

Los provocadores estarán satisfechos, claro, pero los 8 de cada 10 vascos que siguieron la final de España contra Argentina, las miles de personas que se echaron a las calles de Euskadi para celebrar el triunfo de los de Luis de la Fuente y la enorme cantidad de aficionados y aficionadas que se atrevieron a lucir la camiseta de España seguro que no estarían tan felices.

Necesitamos la valentía de todas las personas que apoyaron y celebraron sus colores, pero también necesitamos declaraciones políticas claras y directas que apoyen la libertad, no ambigüedades que la defiendan con peros. Si algo genera el fútbol, es un sentimiento de identidad que nadie tiene por qué arrebatar.

Pero no solo el fútbol y a quién apoya cada cual son motivo de presión en Euskadi. La campaña iniciada por los fascistas para amedrentar a servidores públicos como son los y las ertzainas en las fiestas de sus pueblos y ciudades nos hace volver la vista atrás.

Asistimos a intentos flagrantes de silenciar a quienes no piensan como ellos y de anular la libertad de expresión y de movimiento

Lo que presenciamos hoy es un viejo y conocido manual: señalamientos públicos, violencia física, verbal y psicológica. Asistimos a intentos flagrantes de silenciar a quienes no piensan como ellos y de anular la libertad de expresión y de movimiento.

En definitiva, quienes utilizan el miedo como herramienta supuestamente política tratan una vez más de robarnos una libertad que nos ha costado mucho ganar; desgraciadamente, a algunos les ha costado incluso la vida.

Cada pintada que aparece en una pared señalando a una persona por su condición de policía, cada vez que un representante público es expulsado de las fiestas de su pueblo por el mero hecho de serlo, cada insulto y cada intento de provocar pánico tienen que ser combatidos desde las instituciones públicas.

Los fascistas no son bienvenidos

También en este caso necesitamos reacciones contundentes que hagan saber a los fascistas que no son bienvenidos, más bien al contrario.

O conseguimos pararlo a tiempo o las próximas semanas van a ser muy difíciles para quienes han optado por servir a su comunidad desde una de las instituciones mejor valoradas en Euskadi, la Ertzaintza.

Solo hace falta repasar la historia de no tantos años atrás para ver cómo no queremos volver a vivir. Sería terrible despertar y que los años de paz, alegría y buena convivencia hubieran sido solo un sueño. No queremos pedir permiso para defender nuestras ideas ni perdón por hacerlo.

Os deseo un verano feliz y en paz. Volvemos en septiembre.