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Banco de óvulos del IVI en una imagen de archivo

Banco de óvulos del IVI en una imagen de archivo IVI

Opinión

Lo de los óvulos

Publicada

Pasan tan rápido las cosas que, por muchos analistas a los que escuchemos, reportajes que leamos, investigaciones en las que trabajemos o preguntas que hagamos, no nos da tiempo a profundizar en ellas.

Algo es noticia de portada durante unas horas y nos situamos a favor o en contra sin haber tenido tiempo de formarnos una opinión contrastada.

En poco tiempo, generalmente ni siquiera en 24 horas, aparece otro asunto destacado y todas nuestras intenciones de posicionarnos sobre el anterior con conocimiento de causa se diluyen. Y a otra cosa.

Por eso quiero detenerme en el asunto de la congelación de óvulos de las jugadoras y árbitras de fútbol que, aparentemente, va a financiar la Real Federación Española de Fútbol.

Quizá no se pararon a pensar en el significado de que tu entorno laboral guíe tu maternidad

Porque creo que si fueron ellas quienes plantearon esta petición y la Federación la aceptó, quizá no se pararon a pensar en el significado de que tu entorno laboral guíe tu maternidad.

Si fue al contrario, si fue la entidad quien lo propuso, imagino que lo hizo pensando más en el rendimiento y en la posibilidad de perder a alguna jugadora durante un tiempo que en apoyar la maternidad.

Porque si de lo que se trataba era de que estas mujeres no perdieran la oportunidad de ser madres en el futuro, les estaban haciendo un flaco favor. Más bien ninguno, mientras pensaban en sus propios intereses.

Las mujeres seguimos viéndonos obligadas a elegir entre una cosa y otra

Las futbolistas se sentían aliviadas al pactar este acuerdo porque, según explicaban, "es muy bueno no tener que elegir entre nuestra carrera profesional y nuestra vida personal". Pero independientemente de que te dediques al deporte o a la siderurgia, las mujeres seguimos viéndonos obligadas a elegir entre una cosa y otra.

Puede que lo interesante sea analizar qué condiciones laborales influyen en la decisión de retrasar la maternidad, pero no solo en el caso de las deportistas, sino en el de todas las mujeres.

Hay datos que ayudan a entender el problema. Los ingresos laborales de las mujeres caen alrededor de un 11% el primer año después del nacimiento de su primer hijo, mientras que los de los hombres apenas varían. Diez años después, la penalización para ellas alcanza el 28%.

Si por algo hemos peleado, y seguimos peleando, las mujeres es por el derecho a decidir no solo cuándo queremos ser madres, sino también cuándo no queremos serlo.

Recuerdo la primera vez que oí hablar de la posibilidad de que una empresa financiase la congelación de óvulos de sus trabajadoras. Lo propuso Mark Zuckerberg y entonces pusimos el grito en el cielo.

¿Cómo se atreve un empresario a proponer que no intentemos ser madres en la etapa más fértil de nuestra vida?

¿Cómo se atreve un empresario, un CEO, un COO o un CMO, como diríamos hoy, a proponer que no intentemos ser madres en la etapa más fértil de nuestra vida y que guardemos nuestros óvulos para cuando nos cueste mucho más quedarnos embarazadas de manera natural y, además, nuestras posibilidades de escalar profesionalmente puedan mermar ante la llegada de nuevas trabajadoras más jóvenes?

Hasta ahí podíamos llegar. Una empresa frenando en seco nuestra posible maternidad con un mensaje claro: ahora, joven, no es el momento.

Y, sin embargo, ahora, con el deporte por medio, parece que la congelación de óvulos financiada por la empresa que te paga, sea una federación o sea cualquier otra entidad, no se ve con tan malos ojos.

Y no. No es necesariamente un ejercicio de buena voluntad ni una forma desinteresada de apoyar el deseo futuro de esas mujeres de ser madres. También puede convertirse en una manera de controlar el momento en el que las mujeres decidimos parar, parir y criar.

Te dediques a lo que te dediques, la maternidad tiene un impacto enorme en la trayectoria laboral de las mujeres

Es cierto que la carrera profesional deportiva es más corta que la de otras profesionales. Pero no es menos cierto que, te dediques a lo que te dediques, la maternidad sigue teniendo un impacto enorme en la trayectoria laboral de las mujeres.

Llevamos mucho tiempo adaptando nuestras decisiones reproductivas a las exigencias de nuestras empresas, a la situación económica, a si tenemos o no vivienda, a si tenemos o no pareja y a tantos otros factores.

Son muchos los condicionantes que hay detrás del retraso de la decisión de ser madre. La edad media de la maternidad en España se situó en 32,6 años en 2024 y ascendió hasta los 33,2 años entre las mujeres españolas, según los datos recogidos del INE.

¿Y si las empresas, en general, nos propusieran financiar la congelación de nuestros óvulos para acceder a un puesto de trabajo o para mantenerlo? Probablemente nos sentiríamos amenazadas y cercenadas en nuestro deseo de ser madres.

Porque una cosa es que una mujer decida libremente preservar sus óvulos y otra muy distinta que el mundo laboral le sugiera, de manera más o menos explícita, que esa es la solución para poder dedicar sus años más fértiles a su carrera profesional.

Por mucho que se disfrace de generosidad, el calado de la decisión va por otros derroteros.

Además, conviene recordar qué significa realmente congelar óvulos. El procedimiento suele requerir más de un ciclo y su coste puede ser elevado. Y, sobre todo, no garantiza un embarazo en el futuro.

Congelar óvulos no significa congelar la posibilidad de ser madre al cien por cien

Hay ovocitos que no sobreviven al proceso de congelación y descongelación, otros que no llegan a fecundarse y embriones que finalmente no consiguen implantarse. Congelar óvulos no significa congelar la posibilidad de ser madre al cien por cien.

También se ha planteado que la conservación de esos óvulos se financie durante cinco años. Después, y con la carrera deportiva probablemente terminada, serían ellas quienes tendrían que afrontar ese gasto. Y si finalmente deciden no utilizarlos, seguirían teniendo que hacerse cargo de su conservación hasta que se determine que ya no existe posibilidad reproductiva.

Es decir, la ayuda llega ahora, cuando resulta útil para la organización, pero parte de los costes pueden trasladarse al futuro, cuando la carrera deportiva ya no sea una prioridad para quien la financia.

Mientras tanto, las mujeres habremos aprendido, una vez más, a posponer. A posponer la maternidad. A posponer nuestros deseos. A esperar a que llegue el momento adecuado. El momento adecuado para la empresa, para la competición, para el contrato, para el ascenso, para la economía, para la vivienda.

Y ese es, precisamente, el problema.

El problema aparece cuando una prestación de este tipo se convierte en sustituta de otras medidas mucho más necesarias: conciliación real, adaptación de horarios, permisos, estabilidad laboral, cuidados y políticas de vivienda.

Son precisamente esas condiciones las que pueden estar detrás del aplazamiento de la maternidad.

Asuntos que tienen raíces laborales, económicas y sociales no deberían encontrar como única respuesta una solución privatizada, individualizada y medicalizada.

Seamos deportistas o nos dediquemos a cualquier otra cosa, tenemos derecho a reproducirnos cuando queramos. Y también tenemos derecho a no hacerlo.

Quizá el problema no esté en nuestros óvulos

Lo que no deberíamos tener que aceptar es que las condiciones de nuestro trabajo determinen cuándo podemos permitirnos ser madres. Porque si para no perder una carrera profesional necesitamos congelar nuestros óvulos, quizá el problema no esté en nuestros óvulos.

Quizá esté en la carrera. Y si no, que se lo pregunten a la jugadora de waterpolo Maica García, que a la vuelta de su maternidad se ha quedado fuera del equipo.

Lo que necesitamos no es que nos congelen el tiempo, necesitamos que nos permitan vivirlo cuando queramos.