Pásate al MODO AHORRO
 Traslado de migrantes asentados en la playa de Benítez, este viernes en Ceuta.

Traslado de migrantes asentados en la playa de Benítez, este viernes en Ceuta. Efe

Opinión

¿Qué harías tú si invadieran tu ciudad?

Publicada

Hay quien está alertando estos días en determinados medios de comunicación y en las redes sociales, con motivo de la llegada repentina y masiva de miles de inmigrantes procedentes de Marruecos a la pequeña, diversa y mestiza ciudad de Ceuta, de determinados comportamientos racistas y de extrema derecha que deben extirparse por representar un peligro para la convivencia en Ceuta y para el conjunto de España.

Estos discursos supuestamente progresistas provienen mayoritariamente de gente que no sabe de lo que habla porque no lo ha vivido o de gente que habla cínicamente con la intención de defender la inacción del Gobierno de España para tratar de salvarle la cara, justificar lo injustificable, sacar tajada política o seguir viviendo de la sopa boba.

En otros casos es gente despistada, desinformada o mal informada la que enarbola estos discursos, personas que prefieren emplear frases hechas antes que pensar por sí mismas y, desde luego, antes que solidarizarse con y ponerse en el lugar de los ciudadanos ceutíes que han visto cómo, repentinamente, a su ciudad de apenas ochenta mil habitantes han llegado irregularmente un número semejante a los que ya vivían en ella, motivo por el cual han visto condicionadas gravemente sus vidas. ¡Habría que verlos a ellos ante una situación semejante!

Es obvio que la ultraderecha existe y que existen los comportamientos xenófobos en España como en cualquier parte del mundo, pero no son precisamente estos los que se han visto estos días en las calles de Ceuta, por mucho que los voceros del Gobierno de España insistan

Es obvio que la ultraderecha existe y que existen los comportamientos xenófobos en España como en cualquier parte del mundo, pero no son precisamente estos los que se han visto estos días en las calles de Ceuta, por mucho que los voceros del Gobierno de España vuelvan a anunciar los males que traerá la ultraderecha mientras miran para otro lado ante los males que ya están entre nosotros; más bien al contrario, los ceutíes siguen sufriendo, casi dos meses después de haberse producido la avalancha de la cual son responsables por acción o por omisión la teocracia de Marruecos y el Gobierno de España, una situación insoportable de inseguridad ciudadana, peleas callejeras, agresiones sexuales contra niñas y mujeres, violencia objetiva, proliferación y propagación de determinadas enfermedades, colapso de los servicios públicos, cierre de negocios, miedo extremo de padres y madres que temen por la integridad física y las vidas de sus hijos e hijas, limitación de movimientos, agresiones contra las Fuerzas y los Cuerpos de Seguridad del Estado y ocupación de lugares públicos que los locales no pueden disfrutar porque se los han arrebatado, sin que tales hechos los hayan llevado a, por ejemplo, tomarse la justicia por su mano.

Y es que ante la nueva anormalidad que están sufriendo, los ceutíes no sólo no han empleado la violencia para zafarse de quienes han ocupado sus calles, sus parques y sus playas y empleado la violencia entre sí y contra los responsables de garantizar la seguridad y el orden, sino que han dado muestras de un hartazgo más que comprensible, sí, pero, a la vez, de un civismo admirable. ¡Habría que verlos a los que claman contra la extrema derecha en una situación semejante!

Lo que pasa es que a ellos no les han invadido su ciudad sino que, en muchos casos, tras la fachada cínica e hipócrita que clama por los derechos humanos de quienes no los han visto vulnerados, se esconde alguien que vive acomodado en una zona residencial, un barrio de clase alta o en una urbanización con piscina, lugares que no tienen los problemas que tienen las personas más sencillas que viven en lugares conflictivos y a las cuales son incapaces de apoyar o mostrar un mínimo de empatía.

Nadie exige que se maltrate a los inmigrantes que han llegado irregularmente y que, sin duda, han sido empleados como simple mercancía por Marruecos para obtener réditos políticos, sino que, sin dejar de tratar como la ley exige a quienes han llegado por las bravas, se atienda como merecen a los ceutíes que no han provocado el problema, y que se solucionen los múltiples problemas que llevan sufriendo desde finales de julio.

Entre tanta ruindad, hipocresía y bajeza, siempre hay alguien que está a la altura de las circunstancias y nos da ejemplo. A veces basta con comportarse como un ser humano

Si hay ciudadanos que han mostrado desde hace años capacidad de adaptarse y convivir con el diferente desde un punto de vista étnico, cultural o religioso, estos son los ceutíes. Como para que alguien les dé lecciones de humanitarismo desde su cómoda poltrona desde la que vocea sus soflamas. Lo que los ceutíes sí quieren es que el Estado los proteja como ciudadanos españoles de pleno derecho que siguen siendo, en lugar de dejarlos abandonados a su suerte.

Por eso, más allá de eslóganes prefabricados, discursos hipócritas y proclamas que sólo buscan defender lo indefendible, lo que debe hacerse es ponerse en el lugar de quien está sufriendo una situación que él no ha provocado. La situación de Ceuta es enormemente grave y podría saltar por los aires en el momento menos esperado, lo cual provocaría unas consecuencias imprevisibles. Por momentos, pareciera que es lo que busca Pedro Sánchez.

Ante estos hechos, y sin dejar de exigir que el Gobierno de España y la propia Unión Europea tomen las medidas que los ceutíes merecen, debe mantenerse la calma, como por cierto está haciendo el presidente Vivas, quien se ha convertido en referente político y moral de los ceutíes y del conjunto de los españoles.

Entre tanta ruindad, hipocresía y bajeza, siempre hay alguien que está a la altura de las circunstancias y nos da ejemplo. A veces basta con comportarse como un ser humano. Pero es que él vive en el lugar donde se han producido los hechos, ha sufrido la invasión y defiende los derechos de sus conciudadanos. Otros hablan cínicamente desde sus poltronas.