La ministra de Igualdad, Ana Redondo, interviene durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados Europa Press
Pensar que en 2030 la igualdad entre hombres y mujeres será una realidad es ciencia ficción. Este era uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible fijados por la ONU con la intención de asegurar la prosperidad global, erradicar la pobreza y proteger el planeta. Una pena que muchas de esas metas estén lejos de cumplirse. Concretamente la que me ocupa, y ha ocupado a ONU Mujeres en su informe anual, la de la consecución de la igualdad, se antoja cada vez más lejana.
ONU Mujeres distancia hasta 2197 la fecha en la que, si se mantienen las tendencias actuales, podríamos alcanzar el objetivo de eliminar las brechas de género, la violencia hacia las mujeres y todas las múltiples discriminaciones a las que nos enfrentamos día a día. 2197, ¿dónde estaremos entonces? ¿Cómo será el mundo dentro de 171 años? Si sabemos que los objetivos de desarrollo sostenible se firmaron en 2015, con la intención de cumplirlos en 2030, comprobar que nos alejan casi dos centenas de años la fecha de cumplimiento futura es desolador. Ni siquiera las niñas que nazcan hoy verán la igualdad entre hombres y mujeres como algo que no se discute porque ni siquiera necesita ser reivindicado.
Seis de cada siete países están liderados por hombres al tiempo que en los Parlamentos, el número de mujeres ha caído un 20%. Ha disminuido el número de aquellas que ejercen como presidentas o portavoces y el 90% de ministras se concentran en áreas relacionadas con los cuidados, la familia o la infancia
No solo es que la igualdad esté cada vez más distante. Atendiendo al informe de ONU Mujeres, los avances conseguidos en los últimos años, la financiación para lograr los objetivos y las instituciones creadas para hacerlo se debilitan día a día. El organismo nos alerta además de una ola reaccionaria antifeminista a nivel mundial impulsada por un avance de la ultraderecha que no ve la desigualdad ni la violencia de género como algo real sino más bien como un invento woke, progresista.
Los datos del informe no pueden ser más desalentadores. Seis de cada siete países están liderados por hombres al tiempo que en los Parlamentos, el número de mujeres ha caído un 20%. Ha disminuido el número de aquellas que ejercen como presidentas o portavoces y el 90% de ministras se concentran en áreas relacionadas con los cuidados, la familia o la infancia. Ellos siguen liderando ámbitos como defensa, finanzas y relaciones exteriores.
En el terreno judicial, solo una de cada cinco presidencias de altos tribunales está ocupada por una mujer. En la empresa hay incluso más mujeres que hombres en puestos de responsabilidad pero no consiguen llegar a los máximos órganos de decisión. En el conjunto del mercado laboral trabajan un 64% de mujeres de entre 25 y 54 años frente a un 92% de hombres.
Las mujeres y las niñas siguen siendo la cara más visible de la pobreza y de la exclusión. La violencia física y sexual continua siendo una realidad y se extiende al mundo digital que, por otra parte, ya es el más real de los mundos. ONU Mujeres alerta del aumento del protagonismo de la una “manosfera” en la que hombres, cada vez más jóvenes, encuentran otra manera de denigrar a las mujeres.
Si no se avanza lo suficiente es, entre otras razonas, porque hoy el poder sigue estando mayoritariamente en manos de hombres
Para combatir todo esto hace falta aumentar la financiación de las instituciones y entidades que trabajan por la igualdad. Pero también de frenar este flujo de dinero se ha encargado Donald Trump. La Agencia de Cooperación de EEUU ha quedado totalmente desmantelada con lo cual las partidas económicas han desaparecido. Recortes de personal trabajando por la igualdad, pérdida de influencia en las instituciones, adiós a puestos de liderazgo. Los fondos se han reducido un 28% y no se vislumbra el final de la caída.
Revertir esta situación se pone cada vez más difícil, especialmente en aquellos países con gobiernos en los que la extrema derecha, contraria a las políticas de igualdad, gana protagonismo. Hablar de cuotas para lograrla en esos lugares es como hacer un brindis al sol, por mucho que se haya demostrado que donde se aplica ese sistema hay una mayor presencia de mujeres en todos los ámbitos.
Si no se avanza lo suficiente es, entre otras razonas, porque hoy el poder sigue estando mayoritariamente en manos de hombres. Puede que en la nueva Secretaría General de la ONU tengamos la oportunidad de ver como líder a una mujer. Una vez que Antonio Guterres, actual Secretario, se ha despedido es la costarricense Rebeca Grymspan quien encabeza las posibilidades de sustituirle. Pero Trump tiene a Giovanni Infantino, actual presidente de la FIFA, como candidato. Esto solo puede ir a peor. El 1 de enero de 2027 veremos quién va a liderar la ONU. Ya nos toca.