“Si bien me quieres, Alberto, más leña y más grano”. Aitor Esteban bien podría volver por sus fueros parlamentarios y rememorar aquella anécdota de Mariano Rajoy y el tractor para poner toda la baraja de cartas sobre el tapete del Partido Popular. O seguir los pasos de los nacionalistas catalanes (Junts y Puigdemont) y optar por la vía de la pesca en el río Nervión: “El que quiera peces, que se moje el culo”.
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, lleva días agitando el avispero de una hipotética moción de censura, poco realista en la praxis, para que la que necesita camelar a dos de los líderes y grupos políticos que más ha demonizado a lo largo de la Legislatura.
Por un lado, a Carles Puigdemont, felizmente huido de la Justicia española en Waterlóo, y que pide viista obligada de Feijóo para empezar a hablar. Por otro lado, el mismo Aitor Esteban que hace ocho años, en misma canícula parlamentaria, asestó el golpe final al segundo mandato de Mariano Rajoy Brey.
Si Puigdemont pide reverencia en Waterlóo, Esteban bien podría pedir al PP un encuentro bilateral en París. En el palacete de Marceau, sede del Gobierno vasco en el exilio durante la Guerra Civil y objeto de la particular contienda que en los últimos meses ha enfrentado al PNV con el PP a cuenta de su restitución al grupo vasco por parte del Estado.
Si todo fuera una partida de mus, y de órdagos, París y Waterloo podrían ser estaciones de penitencia para un Feijóo que sabe que, con el viento a favor, solo es cuestión de esperar a que las frutas maduras caigan del árbol por sí solas.
Todo lo demás, solo es ruido con el que alimentar titulares de prensa, horas de tertulias, y esa espiral creciente en la que quieren achicharrar a Pedro Sánchez y a sus ministros.
El grupo vasco ha soportado mucho a lo largo del último año sin que las costuras de la mayoría anti PP-VOX se rompan. Esteban y su portavoz en Madrid, Maribel Vaquero, han aguantado estoicamente la entrada en prisión del exministro José Luis Ábalos, la caída y prisión provisional de otro secretario de Organización del PSOE, el navarro Santos Cerdán, las envestidas de Víctor de Aldama contra Ferraz y la estrambótica rueda de prensa en la que Leire Diez dijo aquello de “ni fontanera, ni cobarde”.
El PNV aprieta a Sánchez en Madrid (fue el estreno de su portavoz Vaquero en el Congreso hace ahora un año, tras la detención de Cerdán). Vaquero dijo entonces que no era “plato de buen gusto” lidiar con todos estos frentes desde la tribuna del Congreso. Pero los frentes siguen abriéndose en canal y el puchero del PNV sigue aguantando todo lo que caiga.
La portavoz del PNV en el Congreso, Maribel Vaquero
El único momento en el que la costura del PSOE y el PNV ha parecido quebrarse por completo fue con ese tuit en el que los socialistas vascos tiraban a Aitor Esteban a la piscina.
Aquello provocó otro deshilachado pero la cuerda aún aguanta. Es más fácil dar por agotada la Legislatura y pedir públicamente que Sánchez convoque elecciones cuanto antes que cruzar el rubicón de una nueva moción de censura con otros cromos.
Hay mucho que perder. No solo la supervivencia de Imanol Pradales y el Gobierno vasco, posible solo gracias al PSE. Otras cosas que se negocian en despachos también han dado muchos frutos gracias a estos acuerdos de investidura: el organismo bilateral para la co-gestión de los aeropuertos vascos, importantes avances en el autogobierno vasco como la transferencia de la competencia sobre prisiones (2021), la devolución del ya mencionado palacete del PNV en París donde se encuentra la sede del Instituto Cervantes, un puesto en el nuevo Consejo de Adminsitración de Radio Televisión Española (125.000 euros brutos al año) o incluso la jubilación dorada de Andoni Ortuzar, expresidente del PNV, en el Consejo de Administración de Movistar, bajo el control ‘socialista’ de una Telefónica controlada por el Estado.
El PNV no quiere propiciar, por su acción directa, la llegada de VOX al Gobierno de España en un hipotético gobierno de coalición encabezado por Núñez Feijóo. No solo porque VOX amenace directamente con ilegalizarlos.
Al margen de ese hipoético -o no- escenario y de cómo se redefinan las formaciones políticas a partir de 2027, lo cierto es que las relaciones entre PP y PNV atraviesan meses de desencuentros. Sobre todo, por el verbo fácil y siempre afilado del secretario general del PP, Miguel Tellado.
Tellado ha equiparado al PNV con la izquierda abertzale (“es una mala copia de Bildu”), les ha acusado de ser “la muleta” de Sánchez y “una federación más del PSOE”.
Pero el principal calentón entre ambas partes viene del pasado mes de enero, cuando Tellado llamó “aprovechateguis” y “miserables” a los vascos. Aquello dinamitó todos los puentes posibles. “Lotsagabe bat zara”. [“Eres un sinvergüenza”], le respondió la diputada del PNV Idoia Sagastizabal.
El PP necesita un libro de cómo hacer amigos en Bilbao. Feijóo se tendrá que mojar mucho y silenciar a sus portavoces si quiere que el PNV le ayude a llegar ya a La Moncloa.
Pero todo parece indicar que, aunque agotada, la Legislatura aún puede llegar a 2027 sin que pase absolutamente nada que lleve de las palabras a los hechos.
