La izquierda abertzale goza hoy, en pleno 2026, de más poder que nunca en las Cortes Generales y sobre lo que, coloquialmente, se llama la dirección del Estado o el timón de la gobernabilidad.
No lo dice Crónica Vasca. Lo dijo, en febrero y con sorna, la propia portavoz de EH Bildu, Mertxe Aizpurua, en dichosa intervención desde la tribuna del Congreso: “Como bien ha dicho la señora Ayuso, en una inusual capacidad para hacer un análisis certero, hoy, un escaño de Bildu manda más que el principal partido del Congreso. Exacto. Ustedes, señorías del Partido Popular, no mandan nada; son irrelevantes y así seguirá siendo mientras eso dependa de nosotros”.
Y Bildu no tiene solo un escaño. Son 6 diputados, 6. Seis parlamentarios que son uno de los cementos más sólidos del edificio parlamentario y plurinacional que da continuidad a esta Legislatura hasta que Pedro Sánchez active el reloj electoral. Los seis de Bildu valen su peso en oro y el Gobierno de coalición los mima mientras ellos se dejan querer.
La portavoz de EH Bildu en el Congreso, Mertxe Aizpurua
En tiempos de turbulencias de alto voltaje, pocos aliados parlamentarios han demostrado tanta fidelidad a esta mayoría parlamentaria como el grupo abertzale.
Para Bildu, la salida a este callejón político solo será por la izquierda y no por la vía de un adelanto electoral. Lo dijo también Aizpurua en febrero, en esa misma intervención en la que se dirigía a Pedro Sánchez exigiendo un nuevo propósito para la Legislatura.
“O usted pone en marcha un nuevo programa político en clave ofensiva y sin complejos que suponga una nueva oleada de derechos y políticas sociales, económicas y laborales para las mayorías populares, junto con una hoja de ruta plurinacional y democrática valiente, o se dedicará a resistir; y esa resistencia condenará no solo a su Gobierno, sino a la ciudadanía, dejándola en manos de otro gobierno que aplicará el trumpismo para todos”.
Sánchez encuentra en los brazos de Bildu una lealtad muchos más inquebrantable que en las filas de Sumar o los diputados de Podemos
En marzo del año pasado, Aizpurua cruzó las puertas de La Moncloa como la primera dirigente de EH Bildu en llegar al centro del poder del Estado para reunirse con el presidente del Gobierno.
Los líderes de Bildu han recibido de Sánchez una legitimidad institucional impensable hace solo una década e imposible hace dos décadas, cuando el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero enarbolaba el diálogo con ETA y Patxi López estaba al frente del Gobierno vasco.
Sánchez encuentra en los brazos de Bildu una lealtad muchos más inquebrantable que en las filas de Sumar o los diputados de Podemos.
Arnaldo Otegi y Gabriel Rufián en un acto conjunto.
“Hay un objetivo, y es destruir a este PSOE -ha sentenciado Otegi, recientemente-, lo cual no quiere decir que en este PSOE no haya casos de corrupción o pueda haberlos. Pero no creo que el objetivo principal en términos políticos y estratégicos de todas estas operaciones sea que en el Estado español haya un estado sin corrupción, el objetivo es otro”.
Sin coste
Lo cierto es que apoyar a Pedro Sánchez en Madrid no tiene coste para Bildu. Ni penaliza a su electorado abertzale ni pasa factura en Euskadi. Y a lomos de esa estrategia, Bildu no necesite hacer grandes alharacas parlamentarias para seguir en dulce luna de miel con su electorado.
EH Bildu no tiene en Euskadi un adversario por la izquierda de la izquierda con el que se dispute los votos. Es lo que le pasa, en sentido contrario, a Miriam Nogueras y a Junts con Aliança Catalana.
Tampoco aspira a ser cabeza de cartel por el Estado, como coquetea Gabriel Rufián en la nueva e hipotética lista de izquierdas alternativas dispuestas a frenar a la ultraderecha de Vox.
“Nuestra estrategia se centra en Euskadi y sabemos cómo frenar a la ultraderecha”, responde Aizpurua. Los planes que agradan a Bildu, ya se sabe, van por otros derroteros e incluyen al PNV en una lista conjunta al Congreso. Una suerte de Lizarra II que Arnaldo Otegi viene repitiendo de forma constante en los últimos meses.
Instalados ya en Madrid, con escaños en el Congreso y el Senado, demuestran su capacidad para gobernar y gestionar a la espera de que un futuro gobierno de derechas les ponga de nuevo en bandeja una estrategia de confrontación radical
Desde esta posición de comodidad, nada tienen que perder en Bildu sosteniendo la Legislatura y poco que ganar adelantando los comicios. Instalados ya en Madrid, con escaños en el Congreso y el Senado, demuestran su capacidad para gobernar y gestionar a la espera de que un futuro gobierno de derechas les ponga de nuevo en bandeja una estrategia de confrontación radical.
Bildu se ha quedado en los últimos meses sin sus interlocutores de referencia. Primero cayó el navarro Santos Cerdán, de quien Otegi dijo que era uno de los principales interlocutores de los abertzales.
En las últimas semanas, ha caído también en presunta desgracia José Luis Rodríguez Zapatero, quien asumió las negociaciones de Sánchez con sus socios tras el ocaso de Cerdán y se ocupa ahora activamente de su defensa judicial antes de comparecer ante el juez José Luis Calama.
"Muro contra el fascismo"
“Euskal Herria Bildu seguirá trabajando por esto, para seguir defendiendo un muro contra el fascismo”, avisa Aizpurua. Y eso se hace también desde los despachos en los que Arnaldo Otegi sigue ejerciendo un importante liderazgo.
El pasado verano, Bildu tomó las riendas de la Legislatura y mantuvo reuniones de análisis con ERC, Más Madrid y Mes per Mallorca, socios todos imprescindibles en este contexto político en el que el Gobierno y el bloque de izquierdas necesitan aferrar cada voto.
Está por ver si Otegi retoma esos contactos de forma pública o despliega otra estrategia más invisible, tras las cortinas del poder, para alargar una Legislatura que todos dan por agotada. Sus seis diputados bien valen el esfuerzo para seguir avanzando en esa plurinacionalidad que amenaza otro insigne vasco: Santiago Abascal.
