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Por primera vez, el terrorismo y los años de plomo de ETA han entrado en el examen de Historia de la Selectividad vasca.

Aunque ha sido dentro del apartado con mayor opcionalidad, es un paso en la inclusión del terrorismo en los temarios y en la propia prueba de acceso a la universidad.

"Ha llegado tarde, pero ha llegado el momento de que esto esté en las aulas y se pregunte por ello", señalaba Ana Iríbar, la viuda de Gregorio Ordóñez, durante su participación en las Jornadas 'Memoria y Prevención del Terrorismo'.

Estas jornadas, organizadas por el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo y el Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado (INTEF), tenían como objetivo analizar la gestión de los recursos pedagógicos para llevar el terrorismo a las aulas.

El Memorial de Vitoria lleva tiempo insistiendo en la importancia de que los testimonios de las víctimas lleguen a los más jóvenes. Sin embargo, lamentablemente, están llegando a menos de un 5% del alumnado.

Con varios docentes de toda España entre los presentes, Ana Iríbar hacía hincapié en la necesidad de que los alumnos "sepan la historia para que no se vuelva a repetir".

"Los jóvenes tienen el derecho de saber lo que pasó y nosotros la obligación de contárselo. La violencia nunca puede ser el camino y nunca es la solución", advertía la viuda de Ordóñez, asesinado por el comando Donosti el 23 de enero de 1995.

E insistía en la obligación de "hablar del tema y reflexionar" porque "la sociedad vasca no puede cerrar esos 40 años de terrorismo de la noche a la mañana".

La justicia repara

Comprometida con contar su experiencia a los más jóvenes y mantener vivo el legado de Goyo —como así se refiere a Gregorio—, una vez más, Ana Iríbar narraba el antes, el durante y el después del asesinato de Ordóñez.

Iríbar se sintió preparada para hablar de la muerte de su marido "sin que doliese tanto" 17 años después de su asesinato, cuando se produjo el tercer juicio contra uno de los terroristas que componían el comando Donosti.

Se refería a Juan Ramón Carasatorre, que vio revocado, por decisión de la Audiencia Nacional, el régimen de semilibertad —que le permitía salir de la cárcel de lunes a viernes con la obligación de volver a dormir— que se le había concedido en enero.

"Siempre pienso en el porcentaje demasiado elevado de familias en España que no han tenido juicio. La cantidad de huérfanos que hay en este país que no saben quién mató a su padre, ni por qué", reflexionaba.

Gregorio Ordóñez Archivo

Ordóñez, la voz de muchos

Iríbar lleva muchos años tratando de mantener viva la voz que ETA apagó cuando mató al que fuera concejal del PP. "Gregorio puso voz a muchos vascos que callaban por miedo. Siento que estamos en deuda con él", manifestaba.

Iríbar recordaba la "falta de libertad" que existía en aquellos años en Euskadi y cómo ETA "seguía muy de cerca a los ciudadanos que se organizan contra ella, a los políticos no nacionalistas que se levantan contra el terrorismo, a los periodistas que llamaban a las cosas por su nombre, a jueces y fiscales…".

En este sentido, recalcaba que Ordóñez, pese a las amenazas previas a su asesinato como llamadas telefónicas a su domicilio o la llegada de una bala a su despacho, "decidió no renunciar a sus ideales". "Lo hizo por y para sus conciudadanos y las próximas generaciones".

Además, lamentaba que hay "un después" para las víctimas de ETA y recordaba la profanación de la tumba de Ordóñez —hasta en tres ocasiones— o la de Fernando Buesa. "Quieren matar no solo al ciudadano valiente, también su memoria", decía.

Y era contundente sobre lo que quiere ahora: justicia y no el arrepentimiento de quienes han asesinado. "No tengo interés en reunirme con los asesinos. Nunca perdonaré a los asesinos de Goyo porque él no podrá perdonar nunca", aseveraba.