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Si el acceso a la vivienda resulta sumamente complicado para buena parte de la población vasca, lo es más aún para los colectivos vulnerables.

El Gobierno vasco trata de revertir el problema de la vivienda con la puesta en marcha de medidas como la declaración de zonas tensionadas, pero además también pone el foco en este colectivo que incluye a personas sin redes familiares, víctimas de violencia machista o mayores, entre otros.

El departamento de Vivienda colabora, ya desde hace un año, con Sareen Sarea —las asociaciones que atienden a estos colectivos— para incorporar a las políticas residenciales, la experiencia y el conocimiento acumulados por estas organizaciones.

Gracias a este trabajo conjunto esperan tener, para el segundo semestre de 2026, elaborar un diagnóstico de las principales necesidades habitacionales y un mapa de experiencias y buenas prácticas impulsadas por las organizaciones sociales.

"El objetivo es identificar qué problemáticas se repiten, qué colectivos necesitan respuestas específicas y qué iniciativas pueden ampliarse, replicarse o integrarse en el sistema vasco de vivienda", ha señalado el departamento liderado por el consejero Denis Itxaso.

Según ha asegurado Itxaso, "disponer de una vivienda asequible aporta estabilidad, pero determinadas personas necesitan también acompañamiento social, mediación, apoyos para la convivencia o coordinación con otros servicios públicos". "La vivienda debe ser el punto de partida para recuperar autonomía y desarrollar un proyecto de vida", ha insistido.

El consejero de Vivienda y Agenda Urbana, Denis Itxaso, en uno de los encuentros con la red Sareen Sarea Irekia

Proceso de escucha

Las dificultades para acceder a una vivienda o mantenerla se agravan cuando coinciden con situaciones de exclusión, ausencia de redes familiares, problemas de salud, discriminación, violencia machista, sinhogarismo o necesidad de apoyos para desarrollar una vida autónoma, según han explicado.

El trabajo de colaboración conjunto ha cumplido un año y, en estos 365 días, han desarrollado un proceso de escucha y análisis dirigido a conocer las necesidades de vivienda para estos colectivos.

El trabajo ha combinado sesiones con las redes y entidades del Tercer Sector, encuentros con personas usuarias y cuestionarios dirigidos a las organizaciones sociales.

Esta metodología ha permitido contrastar la visión institucional con la experiencia de quienes afrontan estas dificultades y de quienes trabajan diariamente en su acompañamiento.