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San Sebastián es una de las ciudades más hermosas de Euskadi. Rodeado de belleza natural, una historia y una arquitectura que cautiva a todo turista, esta coqueta ciudad destaca, además, por guardar unos barrios con identidad propia, como el Antiguo

Este barrio costero ha sabido mantener la paz derivada de un ambiente tranquilo y cercano, acompañado de comercios de toda la vida y una vida vecinal que refuerza su carácter de pueblo dentro de la villa.

El Antiguo, un barrio con encanto

Tal y como señala la oficina de turismo de San Sebastián en su artículo, Antiguo es el barrio con más años de la ciudad capaz de fusionar la tradición y la autenticidad con la cotidianidad. 

Un paseo por sus calles permite disfrutar de los comercios de toda la vida, además de una gastronomía sorprendente mientras que la playa de Ondarreta y el Peine del Viento "aportan ese aire relajado y único que define su carácter".

Antiguo se encuentra delimitado por la famosa escultura de Chillida, pero también por el Pico del Loro. Cada uno de sus rincones merece una visita que no dejará a nadie indiferente, como el monte Igeldo, ubicado encima y capaz de ofrecer las mejores panorámicas de Donostia y diversión en uno de los parques de atracciones más viejos del Estado. 

El monte Igeldo permite disfrutar de las mejores vistas del Cantábrico y de una ciudad con encanto único. Su centenario funicular, que funciona desde 1912, eleva a las estrellas a los turistas, a un parque de atracciones que guarda la belleza de la Belle Époque.

"Allí te sumergirás en un mundo de fantasía, con alfombras mágicas, montañas suizas sobre el mar, casas encantadas, laberintos y sirenas navegando por el río misterioso. En el parque destaca el Torreón, un edificio histórico que añade un toque de magia, y el mirador, desde el que podrás capturar la mejor postal de la ciudad", añade la web.

Quien visite el Antiguo no se puede perder la icónica Avenida de Tolosa, Benta Berri o la calle Matia, repletas de vecinos que compran y disfrutan de los mejores pintxos. Así, estas se convierten en el lugar perfecto para degustar la gastronomía local. 

Otro de los edificios imprescindibles y más emblemáticos es el Palacio de Miramar, del año 1893 por encargo de la reina María Cristina. Ubicado entre las playas de La Concha y Ondarreta, este cautiva a todos por ser una residencia real que adquirió el consistorio en 1972 y que hoy cuenta con jardines impresionantes llenos de esculturas de Chillida. 

Estos son ideales para pasear y observar la bahía. "Al final, una colina rocosa separa las dos playas, y cuando la marea baja, puedes bajar a la arena y caminar de una a otra. Los donostiarras lo llaman el Pico del Loro", apunta.

El recorrido marítimo de San Sebastián culmina en el popular Peine del Viento, parada imprescindible. Las tres esculturas de chillida, fusionadas con las rocas, forman "un espectáculo visual único, especialmente cuando las olas rompen y los geiseres naturales sorprenden a los visitantes".