El pueblo vasco que enamoró a los Peaky Blinders. Solosophie
El pueblo vasco que enamoró a los Peaky Blinders: una catedral clasificada como Monumento Histórico y las mejores vistas al mar
Este archipiélago de apenas 6.000 vecinos se encuentra en frente a las costas canadienses y pertenece a Francia, pero mantiene una gran conexión con el País Vasco.
Más información: Este es el paraíso de los surfistas y el mirador perfecto de la costa con un castillo del siglo XIX.
Parece Euskadi con sus empedradas calles, casas de colores o tejados inclinados, olor a mar o ikurriñas ondeando, pero no lo es. Este coqueto pueblo se halla a más de 4.000 kilómetros del territorio vasco. Se trata de Saint-Pierre y Miquelón.
Este archipiélago de apenas 6.000 vecinos se encuentra en frente a las costas canadienses y pertenece a Francia, pero mantiene una gran conexión con el País Vasco, ya que a lo largo de la historia ha desarrollado una identidad singular en la que conviven influencias francesas, norteamericanas y vascas.
Un rincón vasco en el otro lado del mundo
Ubicado en plena América del Norte, Saint-Pierre y Miquelón es un territorio francés de ultramar donde conviven varias influencias. El euro es la moneda oficial y el francés la lengua predominante, pero el acento local y la presencia de productos canadienses y la diversidad cultural crean una identidad única.
La capital, Saint-Pierre, se erige como una pintoresca y coqueta villa que fusiona arquitectura tradicional francesa con influencias canadienses. Nadie que lo visite se puede perder su puerto y su faro, así como el centro histórico, puntos imprescindibles para los visitantes.
Entre ellos sobresalen Ile Aux Marins, L'Arche Museum and Archives o la catedral Saint-Pierre, clasificada como Monumento Histórico. La ciudad se encuentra salpicada de bares, de tiendas y panaderías donde se hallan productos franceses y vascos, como txapelas o sidra.
En cambio, Miquelón es la isla más grande, pero con menos habitantes, perfecta para aquellos enamorados de la naturaleza, pues en sus cosas lo habitual es visitar focas, aves migratorias y ballenas. Sus hermosos senderos permiten observar paisajes repletos de playas, acantilados y bosques enormes que cautivan a todos los turistas.
La cultura local se encuentra ligada a la pesca, sobre todo al bacalao, y a celebraciones religiosas y populares heredadas de las tradiciones francesa y vasca. De hecho, uno de los eventos del año más esperado por los vecinos es la Fête Basque, que cada año reúne danzas, juegos típicos, regatas y gastronomía durante la tercera semana de agosto.
Su historia está estrechamente ligada a la pesca del bacalao y a la llegada de numerosos vascos que, entre los siglos XVII y XIX, cruzaron el Atlántico en busca de nuevas oportunidades. Además, este pequeño territorio también ha aparecido en la cultura popular: la serie británica Peaky Blinders menciona estas islas como refugio de contrabandistas durante la Ley Seca.
Los marineros vascos zarpaban desde Pasaia, Getaria o Saint-Jean-de-Luz hacia el Atlántico Norte para pescar bacalao. Una actividad que los condujo hasta Terranova y hasta las islas de Saint-Pierre y Miquelón, donde crearon unas comunidades que se mantienen en la cultura local.
Buena parte de los apellidos vascos sobreviven entre los vecinos. El euskera lo hablaron durante generaciones y, de hecho, algunas palabras se incorporaron al lenguaje coloquial. La gastronomía también guarda los ecos de aquella influencia gracias a los platos de bacalao seco, las tortillas especiadas y el amor por el vino tintos.
Las ikurriñas destacan en las islas y ondea en las fiestas para homenajear a las raíces vascas de los vecinos. Asimismo, en el museo del Archipiélago se puede disfrutar de una sección que homenajea a los balleneros y pescadores vascos que estuvieron en la zona desde el siglo XVII.