Ane Elordi es la coordinadora de la Korrika y su principal portavoz. La carrera popular organizada por AEK terminó el pasado domingo con una gran fiesta en Bilbao pero también con fuertes polémicas en esta edición. Tres fuertes polémicas que, en el fondo, son tres errores de los organizadores. Y que han eclipsado en buena medida el motivo de la carrera.
Por un lado, como ya ha contado este diario con profusión, está el veto de AEK a Comisiones Obreras que provocó el abandono del PSE. Un error clamoroso que no tendría que haberse producido, porque el citado sindicato tiene derecho a interponer los recursos judiciales que quiera sin que por ello deba ser expulsado de esta fiesta por el euskera.
Xabier Atristain, Mikel San Argimiro y Balbino Sáenz, expresos de ETA, en la Korrika.
En segundo lugar, una cuestión tan antigua como repetida: una minoría de participantes en la Korrika mancha al resto al exhibir rostros de presos de ETA. Incluso, este año, tres condenados por terrorismo por su pertenencia a esa banda portaron el testigo de la carrera. Inadmisible todo ello. Las víctimas de ETA han pedido a las instituciones que retiren las subvenciones a la carrera.
Por último, este año el final de la Korrika estuvo protagonizado por un grupo de siete jóvenes. Y, tal y como ha denunciado el PNV, en la mayoría de los casos se trata de afines a EH Bildu.
Tres errores, tres, que evidencian la politización y la parcialidad de una carrera que, como no nos cansamos de repetir aquí, es una hermosa fiesta sobre el euskera.
Y en la que, por cierto, participan miles de personas, sí, incluso decenas de miles, pero parece bastante exagerado decir que hubo un millón de participantes, como dicen los organizadores.
