Ganar votos en Madrid pero a costa de Euskadi. Ese parece el manual de actuación de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, cada vez que habla sobre el País Vasco. Sus críticas a los partidos nacionalistas, por supuesto legítimas, siempre van cargadas con brocha gorda. Acabamos de vivir el penúltimo ejemplo.
En los últimos días, la presidenta de la Comunidad de Madrid volvió por sus fueros al arremeter con dureza contra la propuesta del Gobierno vasco de trasladar el 'Guernica' de Pablo Picasso al Museo Guggenheim de Bilbao. Y, de paso, volvió a tensionar la relación de su partido con el PNV cuando parecía que empezaba a suavizarse tímidamente.
Ayuso tiene todo el derecho del mundo a criticar esa propuesta del Ejecutivo de Imanol Pradales. Y, de hecho, los técnicos del Museo Reina Sofía y hasta el propio Gobierno de Pedro Sánchez han venido a darle la razón en el fondo del asunto. Salvo milagro, la obra de Picasso no pasará por la pinacoteca bilbaína.
Ocurre, sin embargo, que las formas son muy importantes en política. Hablar de "catetada" para referirse al hipotético traslado no es lo más elegante ni lo más respetuoso. Criticar la idea sin contextualizarla -era un traslado temporal, de 9 meses, no para siempre- tampoco es de recibo.
Habría que pedirle a la presidenta madrileña que aprenda de sus compañeros en Euskadi, que también se opusieron a la propuesta de Pradales pero con un tono y un discurso mucho más templados y respetuosos. Que es la mejor manera de confrontar ideas y propuestas.
