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El músico Fermín Muguruza se ha vuelto a equivocar. El célebre cantante acaba de lanzar críticas a las subvenciones concedidas por el Gobierno vasco a grupos como En Tol Sarmiento (ETS). En concreto, tildó de "truco de magia" la subvención directa de 300.000 euros a la banda alavesa que ha llevado el euskera a Barcelona y Madrid.

El cantante explicaba en un comunicado que "a través del programa AT! Musika muchos grupos han tenido la oportunidad de actuar a nivel internacional. ¡Atención! Las ayudas para giras musicales pueden ser de un máximo de 5.000, 10.000 o 15.000 euros, teniendo en cuenta la distancia de la gira y el número de actuaciones. Y el año pasado, con un presupuesto de 175.000 euros, 47 proyectos recibieron esta ayuda. Yo mismo fui uno de los beneficiarios, recibiendo 12.500 euros (…) 175.000 euros para 47 grupos versus 300.000 euros para un solo grupo. Esto no es magia, esto es privilegio, exclusividad. Creo sinceramente que esos recursos deberían repartirse con transparencia, con criterios profesionales y garantizando la igualdad de oportunidades a través del Instituto Etxepare".

Dicho así, sin tener en cuenta otras variables, parece que Muguruza tiene toda la razón del mundo. Pero se olvida de variables cualitativas. Porque ETS ha conseguido que un espectáculo en euskera, un auténtico tributo a la cultura vasca, lejos de cuestiones políticas, triunfe en Madrid y Barcelona de una forma impresionante, casi inimaginable. Al igual que está haciendo Zetak con sus espectáculos, también subvencionados.

Además, Iñigo Etxezarreta, cantante de ETS, ha explicado que pidieron la ayuda pública porque querían conseguir sueldos dignos para los 300 trabajadores que forman parte de su exitoso espectáculo así como lograr precios populares para los asistentes. Cuestiones ambas que parece no tener en cuenta el cantante que lideró Kortatu.

La relevancia de ETS o Zetak entronca, por otro lado, con que ambos grupos hacen una música hermosa que se basa en las raíces vascas y no hace política contra una parte de los vascos, como han hecho tantos músicos de rock en Euskadi. A Muguruza nunca le hemos visto quejarse de esas cosas, claro. Y sus críticas, en suma, parecen deberse a algo tan viejo como la envidia.