El castillo de Peñafiel es una fortaleza en forma de barco, en una región que no tiene mar pero si un rio proveedor de riqueza. Relativamente pequeño en sus orígenes que datan del siglo X, fue adquiriendo presencia a lo largo de los siglos al convertirse en un perfecto bastión defensivo del valle del Duero

El castillo de Peñafiel es una fortaleza en forma de barco, en una región que no tiene mar pero si un rio proveedor de riqueza. Relativamente pequeño en sus orígenes que datan del siglo X, fue adquiriendo presencia a lo largo de los siglos al convertirse en un perfecto bastión defensivo del valle del Duero Turismo Castilla y León

Cultura

Rutas para pasar un buen rato y un porrón de buenos sitios para visitar esta Semana Santa

En Ribera del Duero hay cientos de senderos que rodean ruinas históricas

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Han desaparecido de la mayor parte de los hogares pero, hubo un tiempo, en el que había una en cada casa y se usaba a diario. Con en ella en el morral, los pastores partían hacía las montañas donde les aguardaban los rebaños, que serían durante semanas su única compañía.

A una hora temprana se la cruzaban en el hombro los campesinos quienes adelantándose a las luces del alba iniciaban el ritual de relleno y preparación de la pañoleta en la que, a modo de hatillo, portaban algunas viandas con las que aminorar el hambre insaciable a la que engañaban con un trago de ese vino cargado en sus botas.

Sin necesidad de vasos, el vino circulaba de pasajero a pasajero en las largas travesías en tren cruzando España de punta a punta en aquellos olvidados viajes tan largos como el río Duero en los que, el entretenimiento se limitaba a mirar por la ventanilla, conversar, esperar el paso del interventor y poco más. Botas cuya aparición era sinónimo de fiesta en celebraciones populares y romerías.

Algunos artesanos del cuero continúan elaborando botas de vino, incluso personalizándolas. Hoy es un objeto prácticamente en desuso, como lo es también el porrón

Algunos artesanos del cuero continúan elaborando botas de vino, incluso personalizándolas. Hoy es un objeto prácticamente en desuso, como lo es también el porrón Rocío Domingo

Botas de vino que apuntaban a cierta distancia de las bocas a las que alternativamente se acercaban y alejaban con la precisión que solo da la práctica para no errar en el fresco disparo que proporcionaba tragos perfectos de un caldo fresco que, como ocurría en la Ribera del Duero, provenía de esos mismos campos.

No era difícil el manejo quizá porque a ello se habituaban hasta los niños en una época en la que a los menores se les daba vino quinado "para abrir el apetito" o se les invitaba a terminar el mendrugo de pan empapándolo en azúcar y vino.

Se cuidaba el proceso de fabricación untando el interior con pez hasta convertirla en impermeable y en casa lavándola minuciosamente con agua.

Por los caminos no había entonces restos de latas de refrescos, ni botellas de plástico o vidrio abandonadas o rotas que, en días de sol, actuasen como lupas causando incendios. No eran senderos que se transitaran con fines deportivos o lúdicos sino simples veredas que de un sitio a otro recorrían los pobladores que aún hoy guardan en su memoria cada recodo del camino, del lugar que ofrecía la mejor sombra y el prado en el que la parada podría servir para hacer acopio de hierbas aromáticas o medicinales.

Una época en la que la manzanilla era una flor y no un pequeño sobre para introducir en una taza de agua humeante.

En la denominada ruta de los árboles más singulares se pueden observar enormes robles, altas sabinas, frondosas encinas presumiendo de sus hojas perennes o morales de ricos frutos y hojas de las que disfrutan más los gusanos de seda

En la denominada ruta de los árboles más singulares se pueden observar enormes robles, altas sabinas, frondosas encinas presumiendo de sus hojas perennes o morales de ricos frutos y hojas de las que disfrutan más los gusanos de seda

Hay en Ribera del Duero y en su Ruta cientos de senderos que rodean ruinas históricas, por ejemplo, el magníficamente restaurado castillo de Peñafiel, ubicado en esa pequeña población a la que se considera uno de los pueblos más bonitos de la región o, cuanto menos, de Valladolid.

El castillo de Peñafiel es una fortaleza en forma de barco, en una región que no tiene mar pero si un rio proveedor de riqueza. Relativamente pequeño en sus orígenes que datan del siglo X, fue adquiriendo presencia a lo largo de los siglos al convertirse en un perfecto bastión defensivo del valle del Duero

El castillo de Peñafiel es una fortaleza en forma de barco, en una región que no tiene mar pero si un rio proveedor de riqueza. Relativamente pequeño en sus orígenes que datan del siglo X, fue adquiriendo presencia a lo largo de los siglos al convertirse en un perfecto bastión defensivo del valle del Duero

Otros caminos atraviesan lugares que desprenden olor a lechazo asado, capaces de calentar el estómago más frío y hambriento como ocurre en la localidad burgalesa de Aranda de Duero.

El lechazo asado, que tiene indicación geográfica protegida, es el plato típico de La Ribera del Duero. En junio se celebran en Aranda del Duero las jornadas del lechazo

El lechazo asado, que tiene indicación geográfica protegida, es el plato típico de La Ribera del Duero. En junio se celebran en Aranda del Duero las jornadas del lechazo

Es en Soria donde nace el río Duero que pasa caudaloso por Esteban de Gormaz donde, probablemente, se encuentren los viñedos de mayor altitud en la extensa Ruta de la Ribera del Duero, con más de cien kilómetros de longitud. Tan larga que pasa también por la provincia de Segovia de clima tan severo como en las anteriores e igualmente perfecta para practicar senderismo por el Parque Natural de las Hoces del río Riaza, muy próximo a municipios vinícolas.

No obstante, el tramo más largo de la ruta es el que atraviesa la provincia de Burgos y permite visitar desde castillos a yacimientos romanos o asentamientos prehistóricos. Rutas cortas como la Vía Ferrata Huerta del Rey que se complica a medida que avanzan los tramos, o extensas rutas como el Camino del Cid, que no es, ni de lejos, la más larga o exigente. En todo caso, será complicado sino imposible no ver a poca distancia los viñedos que ceden sus uvas a esta prestigiosa Denominación de Origen que da color a sus vinos, mayoritariamente tintos, a base de uva tempranillo.

Karra Elejalde es embajador de estos vinos. Cada botella acumula horas de dedicación detrás

Karra Elejalde es embajador de estos vinos. Cada botella acumula horas de dedicación detrás A. Viri

Decidir cuáles de los 118 municipios, cuántas de las trescientas bodegas o de las veintisiete mil hectáreas de viñedo que conforman la Ribera del Duero determinará los días de estancia, que siempre sabrán a poco, dejarán regusto en el paladar y olerán a vino.

De la misma manera que cada una de las barricas almacenadas guarda en su interior aromas, sabores y colores distintos, al traspasar las puertas de todas y cada una de las bodegas, y son muchas las que hay en la ruta, se descubren preciosas historias de amor a la tierra y a los antepasados que pese a acumular horas y horas de trabajo son capaces de transmitir a las nuevas generaciones.

Carmelo Rodero ha hecho coparticipes del testigo vitivinícola a sus hijas Beatriz y María, con quienes se complementa a la perfección, como en el campo lo hacen las cepas jóvenes con las más veteranas. No hay un recodo de las casi doscientas hectáreas por las que se distribuyen los viñedos de Rodero que ellos no hayan pateado cientos de veces sin importar la época del año o las incidencias climatológicas.

De cada momento han sabido extraer nuevos conocimientos a los que se ha añadido la experiencia y aportaciones de nuevas ideas. Esta bodega, en Pedrosa del Duero, pleno corazón de la Ribera del Duero, puede visitarse sumándose a alguno de los tres tours organizados o bien concertar una visita personalizada con catas privadas.

Una pasión familiar compartida por padres e hijas. Fueron Carmelo y Elena quienes se iniciaron en este mundo en el que han vivido desde su nacimiento sus hijas. Beatriz, la hija enóloga de Carmelo, ha tomado el relevo del padre y se encarga de moldear los vinos

Una pasión familiar compartida por padres e hijas. Fueron Carmelo y Elena quienes se iniciaron en este mundo en el que han vivido desde su nacimiento sus hijas. Beatriz, la hija enóloga de Carmelo, ha tomado el relevo del padre y se encarga de moldear los vinos

La bodega trabaja parcela a parcela trasladando la uva con el sistema OVI y tratando los granos con el mimo suficiente para evitar que sean estrujados. Un proceso que allá por los años noventa cuando Carmelo, que nació en esta misma tierra, comenzó a elaborar vino no podía ni imaginar.

Mucho menos lo imaginaban sus padres o abuelos quienes, al igual que el, habían dedicado más horas que tiene el día al cuidado del terruño. Sin restar horas de trabajo ni esfuerzo diario, Carmelo comenzó a desarrollar ideas propias que le sirvieron para poner en pie lo que hoy conocemos como Bodegas Rodero que pone en el mercado, cada año, más de medio millón de botellas de reconocida calidad.

El tinto de crianza de esta bodega fue considerado el mejor por la Guía gourmet del pasado año

El tinto de crianza de esta bodega fue considerado el mejor por la Guía gourmet del pasado año

La Ribera del Duero puede convertirse en una lección de historia visitando la bodega más antigua de la zona que está en Caleruega, uno de los pueblos más bonitos de España en el que nació Santo Domingo Guzmán.

Acercándose a descubrir la más icónica que quizá sea Protos con sus túneles bajo el mismísimo castillo de Peñafiel, catando Pingus 2014, uno de los vinos más caros-sino el más caro de esta denominación o paseando por la denominada "milla de oro" que transcurre en la provincia de Valladolid, donde también está Dominio de Pingus. Con vino se anda este camino.