Presentación de 'El ser querido' EFE
Llega a los cines la apoteósica 'El ser querido' de Rodrigo Sorogoyen que conmovió al público de Cannes
Javier Bardem y Victoria Luengo se adentran en las turbulencias emocionales de unos personajes devastadores y llenos de verdad
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Las películas sobre el cine dentro del cine son siempre atractivas. Tienen un halo romántico y metalingüístico que atrapa como una bolsa de aire en un avión en plenas turbulencias.
Y eso es lo hace exactamente El ser querido, la última película de Rodrigo Sorogoyen con la que Javier Bardem y Victoria Luengo se adentran en las turbulencias emocionales de unos personajes devastadores y llenos de verdad.
Bardem da vida a Esteban Martínez, un cineasta internacional y de éxito que ofrece a su hija Emilia, a la que hace años que no ve, un papel en su próxima película. Desde la primera escena, llena de tensión y de palabras no dichas, de miradas asustadas y miedos escondidos, vemos cómo el dolor va a ser el pilar fundamental sobre el que pilote toda la historia.
El dolor que va siempre de la mano de la culpa. Porque vemos a este padre deseoso de reconstruir aquello que él mismo destruyó sin querer ser consciente del daño, de la conmoción y del dolor que causan aquellos que deberían haber querido más. Y que ahora no saben cómo hacerlo.
Y es que todo está sugerido en el filme, es todo sucinto y al mismo tiempo carnal. Todo está en los silencios y, al mismo tiempo, cada palabra duele como ese aire del desierto, ensordecedor, turbador y que escuece.
Perfecto páramo el elegido por Sorogoyen y su habitual coguionista, Isabel Peña, para meter a estos dos personajes, un desierto del Sáhara donde sucede la película que están rodando.
Un lugar desolado, pero bello, sin vida, pero con supervivientes. Un desierto que repele y atrapa por igual, como ese padre que Emilia rechaza, pero desea tener, que de algún modo aborrece y que de algún modo quiere.
Nada de esto habría sido posible sin la espectacular fotografía de Alex de Pablo que es capaz a cada plano, a cada gota de sudor, de reflejar es revolución silenciosa de cada mirada, de cada primer plano devastador y que queda subrayada –¡y cómo!- por el magnífico montaje de Alberto del Campo.
Pero todo lo mencionado hasta ahora habría sido inútil sin unos inmensos Victoria Luengo y Javier Bardem abiertos en canal. Ella por ser capaz de mostrarse en cada escena al borde del abismo, en ese mismo instante en que una mujer está a punto de descomponerse.
Y él por ser capaz de condensar su volcánica forma de actuar, tan explosiva en algunas escenas, en silenciosos llenos de dolor y, por lo tanto, llenos de vida. En la era de la verborrea interpretativa y los efectos especiales, siempre es necesario subrayar las interpretaciones silenciosas, de primer plano, de miradas y de gestos, de alma, en definitiva.
Porque eso de lo que trata El ser querido, de dos almas que desean encontrarse, pero que no saben, que no pueden, que se equivocan cuando hablan, pero que lo intentan cuando se miran.
Sin la menor sombra de duda, Rodrigo Sorogoyen, el de As Bestas y El reino, ha rubricado su mejor película. Un vagar por el desierto de un hombre castigado por su pasado que busca, quizás, la redención.