No habrá recesión, pero sí un importante frenazo económico en 2023. Esa es la previsión que maneja la Cámara de Comercio de Bilbao en su nuevo informe de coyuntura económica, presentado este jueves. Un informe que apunta unas expectativas de una tenue mejora con respecto a lo que finalmente ha sido 2022 -que no lo que se preveía-, pero que se sigue viendo como un año de estabilidad. La tendencia decreciente de la inflación queda algo 'manchada' por la subida de los tipos de interés, los todavía altos precios de la energía y la debilidad del euro, que ha conducido a un encarecimiento de las importaciones.

Las perspectivas de los miembros encuestados por la Cámara bilbaína -ya con un mes de mandato de José Ignacio Zudaire como nuevo presidente-, reducen algo el pesimismo de cara a 2023 -pasan del 61% al 59% las empresas que ven un 2023 peor que 2022-, pero no lo hacen para ver un próximo año mejor que el actual, sino un año estable. De hecho, solo el 9,8% de las empresas vizcaínas enfocan el 2023 con perspectivas positivas, un 2% menos que hace un año.

De ahí que las previsiones que apunta la entidad vizcaína apunten a un crecimiento económico del 1,7%. Una cifra ya por debajo del 2% que, aunque se aleja de los tambores de recesión que se apuntaban a finales de verano de cara al otoño, quedan lejos todavía de ser crecimientos importantes. Ese es el escenario que constanta el motor económico de la economía: una industria que espera un 2023 estable pero que sigue señalando a la amenaza de los precios de la energía, que es el principal quebradero del 85% de las industrias de Bizkaia. En segundo lugar están los costes laborales. Durante la presentación del estudio, Zudaire ha sido claro: "Cualquier conflicto que se cierre, es algo que favorece a las empresas". Una frase que no tiene una lectura baladí con el conflicto en el metal de Bizkaia enquistado.

Sobre los costes de la energía, a pesar de ser un problema tan importante, el 46% de la empresas no han tomado ninguna medida para afrontarlo y solo el 25% han adoptado medidas dedicadas a mejorar la eficiencia energética. La medida estrella ha sido la subida de precios, pero el 50% de las empresas también han deducido de sus márgenes empresariales parte de esos aumentos de precios. De seguir así las cosas, dos de cada tres empresas subirán más los precios, un 31% asumirán más recortes en sus beneficios, un 26% recurrirá a la deuda y un 18% se verá abocada a reducir su plantilla.

El frenazo económico se nota, fundamentalmente, en las carteras de pedidos, con un ritmo que se ha ralentizado en más de 20 días y que solo garantizan carga de trabajo para unos 80 días. Es la acumulación de stocks y la infrautilización de las capacidades productivas lo que ha conducido a parones como los de Mercedes o Michelin.

El consejero de Economía y Hacienda, Pedro Azpiazu, junto al director de Política de Cohesión y Fondos Europeos, Iñaki Barredo / Luis Tejido (EFE)

'Bluf' de fondos europeos

A los problemas se ha sumado el paso de los meses sin que las cuantías procedentes de los Next Generation hayan sido relevantes fuera del PERTE de automoción y el Kit Digital. Algo que deja la estadística de que solo un 9% de las empresas han podido utilizar dinero del MRR para comprar nuevos equipos. En el caso de la digitalización, los fondos de Bruselas han permitido mejorar sus situaciones a un 16% de las compañías.

La falta de velocidad, unida a la subida de los tipos de interés también ha conducido a una ralentización de las inversiones, que, sin cancelarse, sí se han visto "pospuestas", ha señalado Zudaire, con un especial hincapié en los ligados a la siderurgia.