Carlos -así le llamaremos- tiene 42 años, está casado y tiene dos hijos. Lleva casi diez años trabajando en Tubacex y tiene miedo. Tanto, que prefiere ocultar su verdadero nombre.  "Mejor que no se sepa quién soy", lamenta, aunque su único 'delito' es que quiere trabajar. "En Tubacex se ha impuesto la ley del silencio porque hay miedo a que te señalen", dice.

Como el resto de sus compañeros cumple este lunes 166 largos días de huelga en un conflicto que parece no tener fin, si la reunión que este lunes celebrarán la dirección y el comité para negociar las reincorporaciones de los despedidos no lo remedia. Un paro que se ha convertido en "bandera de lucha sindical", capitaneada por ELA y también por LAB, que se resisten a desconvocarlo presentándola como ejemplo para evitar despidos en tiempos de Covid. "Somos bandera de lucha sí, pero ¿a costa de qué?", se pregunta Carlos.

Asegura que cada vez son más los que lo ven "todo muy negro". "Podemos perder nuestro trabajo. Si esto pasa ¿de qué seremos bandera?, porque si la empresa cierra nos vamos al garete todos".

Forma parte del grupo de trabajadores 'silenciado' a los que la mayoría del comité no quiere consultar, "no vaya a ser que salga lo contrario de lo que ellos defienden", dice,  y recuerda que no se ha preguntado a la asamblea general en ningún momento de este largo conflicto.

"Salimos a la huelga indefinida sin votarse por toda la plantilla, y ahora no se nos quiere consultar para decidir si queremos terminar con el paro. Que no se haga una votación general es algo que no se puede entender. Más democrático que eso no hay..."

Pero hace tiempo que Carlos dejó de creer en lo democrático de un proceso en el que "tienes que seguir por la presión" que "obliga a una mayoría a estar callada, que no dice nada por miedo, pero que quiere votar el final de la huelga. Por lo menos que se nos permita opinar de forma directa". Porque "mucha gente está queriendo entrar a trabajar, pero ninguno queremos ser el primero, porque ya quedamos marcados".

La huelga arrancó en contra del ERE y para exigir la readmisión de los 128 trabajadores, cuyos despidos el TSJPV ha considerado nulos. Pese a las reticencias iniciales de la dirección, la empresa ha accedido a una reincorporación gradual desde hoy lunes hasta el mes de noviembre. A la espera del resultado que arroje la reunión de esta mañana la huelga sigue sin desconvocarse en un claro pulso sindical a la dirección para forzarle a que retire el recurso ante un Supremo, algo que la dirección ya ha advertido de que no negociará esa cuestión. A la espera de si la reunión tiene algún efecto positivo, la plantilla espera en una calma tensa.

La prueba de que la situación es ya un polvorín fue la reunión del comité del pasado miércoles, reventada por un grupo de trabajadores despedidos para impedir que se votara consultar a la asamblea la posibilidad de seguir con la huelga. Una reunión del comité que tuvo que suspenderse en medio de descalificaciones y presiones a los sindicatos partidarios de consultar a la plantilla - CCOO y STAT-. 

"Si esto pasa en el seno del comité, como para que hablemos el resto de los trabajadores. Aquí -en la zona donde se ubican las plantas- nos conocemos todos. Tienes que ir al supermercado, al colegio de los niños, a los bares...Y ahora, a los que queremos terminar con la huelga se nos señalaría como los culpables de los despidos si finalmente los hubiera. Y ¡a ver quién quiere que le coloque ese cartel encima!".

 Además, recuerda que esta es una empresa en la que hay muchos lazos familiares. "Aquí hay matrimonios, padres e hijos, tíos y sobrinos, primos que trabajan juntos en la fábrica...todo es mucho más complicado. Si quieres acabar con la huelga, se te tacha de no estar defendiendo a los despedidos, de abandonarles, y no tiene nada que ver. No quiero que ellos pierdan su puesto de trabajo, pero yo tampoco quiero perderlo. Por lo menos que se nos deje votar", insiste.

Desde que arrancó el conflicto todas las decisiones se han tomado en el seno del comité, sin consultar al conjunto de la plantilla, y las únicas asambleas que se han realizado se han limitado a las de cada sindicato con sus afiliados.

La votación del comité en la que se acordó seguir con la huelga tras la sentencia del TSJPV dando la razón a los trabajadores se tomó con los votos a favor de los cuatro delegados de ELA y del que tiene LAB, el voto en contra de los tres delegados de CCOO y la abstención de los cuatro del STAT y uno independiente.

"Se cansan de repetir que la plantilla está unida, pero eso no es verdad. La gente está cansada, desilusionada, porque todos tenemos que mirar por nuestra familia", señala Carlos.

Mientras tanto, se da la paradoja de que los despedidos cobran y los huelguistas no lo hacen. "Algunos sobreviven de la caja de resistencia de sus sindicatos".  ELA tiene una muy potente que le permite alargar los conflictos en el tiempo.

"Otros como yo, sobrevivimos a duras penas gracias que nuestra pareja trabaja, pero son muchos los que ya tienen que tirar de las ayudas de familiares y amigos", señala.

Óscar -también nombre ficticio de un trabajador de Tubacex desde hace nueve años- es uno de los que ya tiene que recurrir a las ayudas de familiares. Su pareja trabaja pero su sueldo no llega al salario mínimo "y tenemos mucho que pagar. Sólo con la hipoteca..."

Aunque los despedidos han decidido donar sus salarios para la ya maltrecha caja común para los huelguistas cada vez cuesta más para una mayoría llegar a fin de mes, mientras temen que el pulso a la empresa lo acaben perdiendo.

Hoy quizá puede ser la última oportunidad de reconducir un conflicto enquistado.