Euskadi se enfrenta a un importante despliegue renovable con el fin de alcanzar los ya famosos objetivos energéticos en 2030, que incluyen la participación de las energías renovables en al menos un 32% del consumo final energético del territorio. Un propósito que, tal y como admitió el Gobierno vasco recientemente, “podría estar en riesgo”, debido principalmente a la ralentización de los proyectos renovables.
Lo cierto es que son muchos los promotores que han fijado sus ojos en Euskadi para llevar a cabo sus inversiones, motivados principalmente por la todavía disponibilidad de un gran número de ubicaciones para proyectar sus instalaciones; sin embargo, esto parece actuar como 'arma de doble filo'. Y es que esta alta disponibilidad de tierras estaría ligada con las duras restricciones de las instituciones a la hora de dar luz verde a un proyecto en Euskadi, amparadas por un PTS todavía sin aprobar definitivamente.
Uno de estos promotores, verdaderamente interesado en desarrollar en Euskadi sus proyectos renovables, es Fernando Valldeperes, CEO de Delta Power, que este domingo recibe a Crónica Vasca para hacer un repaso de su plan de despliegue eólico en la comunidad.
El foco ahora es convertir esta DIA parcial en un proyecto de referencia, reforzando la evidencia, la monitorización y los compromisos verificables en la operación
- Recientemente, el Ejecutivo vasco emitía DIA parcialmente favorable para Ferosca I, permitiendo al proyecto ubicado en el Valle de Ayala- avanzar únicamente con tres de los seis aerogeneradores inicialmente planteados, ¿qué valoración hace de esta resolución?
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Nuestra tesis era -y sigue siendo- que la compatibilidad ambiental es posible mediante un enfoque preventivo verificable y basado en una gestión adaptativa. Este enfoque combina sistemas de detección y parada automática, curtailment inteligente en ventanas de riesgo y un esquema de seguimiento continuo con capacidad de ajuste operativo.
- Reflexión que forma parte de una ‘tesis’ todavía más general que ha compartido en alguna ocasión, el bajo impacto que la eólica puede dejar en la avifauna vasca, ¿no?
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SÍ. Este planteamiento debe enmarcarse en un contexto objetivo: en Euskadi operan actualmente 153 aerogeneradores con una experiencia acumulada cercana a los 18 años, lo que supone más de 2.700 aerogenerador-año de experiencia operativa o de operación efectiva (equivalente a 2.700 años de funcionamiento de un aerogenerador). Tomando como referencia ese histórico, la tasa media resultante es muy baja, del orden de 0,0004 ejemplares por aerogenerador y año (aproximadamente 1 ejemplar cada 2.500 aerogenerador-año). Estos datos no pretenden minimizar el objetivo de protección ambiental; al contrario, refuerzan la evidencia de que, con medidas adecuadas, el riesgo puede mantenerse en niveles muy reducidos, y nosotros proponemos ir un paso más allá.
Conviene además situar este impacto en el marco más amplio de la mortalidad no natural de la avifauna que casi su totalidad se explica por causas como el envenenamiento ilegal, las colisiones/electrocuciones en tendidos eléctricos y los atropellos. Si frente a esta realidad la respuesta pública fuera “de la noche a la mañana” prohibir la caza, soterrar todas las líneas de Iberdrola y Red Eléctrica, o prohibir los coches por el riesgo de atropello, resultaría evidente que no se trata de un enfoque razonable ni proporcionado. Lo que defendemos es precisamente lo contrario: medidas proporcionadas, preventivas y verificables. La adopción de prohibiciones o bloqueos absolutos sin ponderación puede derivar en consecuencias más graves e irreversibles para la sostenibilidad en su conjunto, entendida como la integración equilibrada de biodiversidad, economía y salud pública.
Fernando Valldeperes, CEO de Delta Power
- Por este motivo, para reducir este impacto, Ferosca I incluía ciertas ‘mejoras’...
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En coherencia con este enfoque, el diseño del proyecto ha incorporado decisiones específicas allí donde se identifican más estructurales. En particular, la evacuación eléctrica se ha diseñado completamente soterrada, eliminando de raíz los impactos asociados a líneas aéreas. En conjunto, creemos que el expediente debería incorporar una valoración más detallada del paquete completo de medidas preventivas propuestas, evaluadas como un sistema integrado y no de forma aislada
Nuestra postura es constructiva. Compartimos plenamente el objetivo de protección de la biodiversidad y queremos hacerlo compatible con una transición energética real y efectiva, apoyada en medidas cuantificables, auditables y comprometidas operativamente. El foco ahora es convertir esta DIA parcial en un proyecto de referencia, reforzando la evidencia, la monitorización y los compromisos verificables en la operación.
- ¿Cómo ha acogido el Ayuntamiento de Llodio la confirmación de la DIA parcial favorable de Ferosca I?
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Nuestra comunicación con el Ayuntamiento de Llodio ha sido proactiva desde el primer momento. Hemos solicitado reuniones, hemos compartido documentación técnica, hemos intentado explicar decisiones de diseño y medidas preventivas, siempre con un enfoque constructivo. Nos han atendido y eso lo valoro, pero lo cierto es que por el momento no hemos conseguido avanzar de la manera que esperábamos. Además, el Ayuntamiento ha presentado alegaciones en contra.
Yo respeto todas las posiciones institucionales; un ayuntamiento tiene la obligación de velar por su ciudadanía. Pero siendo totalmente honesto, a día de hoy no hemos encontrado todavía una explicación técnica clara y concreta que justifique esa oposición en estos términos. Por eso seguimos tendiendo la mano: queremos sentarnos, punto por punto, y convertir preocupaciones en condiciones medibles y verificables.
- ¿Entiende esa posición? ¿Qué le diría al Ayuntamiento y a los vecinos?
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Entiendo la prudencia ante lo nuevo, y entiendo que haya sensibilidad paisajística o social. Pero también creo que el debate tiene que sostenerse en realidades medibles, porque aquí hay una oportunidad enorme de mejorar el balance ambiental del territorio.
Hay un dato objetivo que a mí me hace pensar: si miramos consumo eléctrico per cápita, Llodio -sumando consumo industrial y no industrial- está en torno a 10,6 MWh por habitante y año en 2023. En Madrid, el indicador de electricidad facturada per cápita está en torno a 3,13 MWh por habitante y año. Es decir, hablamos de que Llodio consume alrededor de 3,4 veces más electricidad por habitante que Madrid, en términos de electricidad total per cápita.
Y si traducimos ese consumo a huella de carbono asociada a la electricidad, usando un factor medio 2023 estamos hablando aproximadamente de 2,76 toneladas de CO₂e por habitante y año en Laudio frente a 0,81 tCO₂e por habitante y año en Madrid, solo por electricidad. Esa diferencia es enorme.
Sé que el CO₂ no es “humo local” dentro del término municipal —la electricidad se genera en el sistema—, pero la lógica es clara: a más consumo, más huella asociada, y por tanto cada MWh renovable adicional tiene aquí un impacto multiplicador. Por eso nos cuesta entender que, teniendo Laudio incluso sus propios planes de sostenibilidad, no se vea que un proyecto eólico bien diseñado puede ser una oportunidad real para recortar huella y mejorar el balance ambiental del municipio.
- ¿Estarían dispuestos a dar entrada en el capital a los ciudadanos de la comarca para que se lo sintieran suyo?
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Sí, estaríamos dispuestos, y de hecho lo vemos como una fórmula muy interesante para alinear al territorio con el proyecto. Nos gustaría que el beneficio no fuera solo ambiental, sino también social y económico. Dicho esto, lo haríamos de forma responsable: reservar una parte para participación local con tickets accesibles y transparencia, y abrirlo en un momento en el que el proyecto ya esté lo bastante maduro para que la gente pueda entrar con un riesgo razonable. La idea es que la comarca no solo “lo tolere”, sino que pueda sentirlo suyo también en términos de retorno y participación.
Nuestro objetivo ahora es reconducir la inadmisión de Feroskana por las vías que correspondan, buscando una solución que permita compatibilizar biodiversidad y despliegue renovable, con un marco predecible, técnicamente fundamentado y jurídicamente sólido
- Además de Ferosca I, todavía tienen un proyecto pendiente de resolución, Feroskana, con 6 aerogeneradores de
4.5 MW de potencia unitaria planteados en los términos municipales de Arakaldo, Arrankudiaga, Arrigorriaga, Bedia, Llodio, Orozko, Usansolo, Zaratamo y Zeberio, ¿cuál ha sido su evolución? -
Feroskana es, efectivamente, un capítulo aparte o representa un caso distinto. En este caso no estamos ante una DIA parcial, sino ante una inadmisión de la misma, lo que cambia mucho el enfoque: porque se pasa de debatir condiciones y medidas a una cuestión más de seguridad jurídica y criterios de aplicación.
Lo que nos preocupa especialmente es la inconsistencia institucional: distintas Diputaciones están interpretando de forma diferente el Plan de Aves Necrófagas, y su encaje con los criterios del Gobierno vasco no es homogéneo. Para un promotor, esta falta de convergencia es un problema, genera incertidumbre y dificulta diseñar proyectos bajo un marco previsible y estable.
- Entonces, ¿ha sido este Plan de Aves Necrófagas el que ha ‘tumbado’ este proyecto?
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En nuestra opinión, la inadmisión se apoya en un instrumento -el Plan de Aves Necrófagas- cuyo rango y forma de aprobación son discutibles desde el punto de vista jurídico. Y, aun en el supuesto de que se considere válido, el propio plan no establece una prohibición expresa de parques eólicos; plantea criterios y recomendaciones que, a nuestro entender, deben aplicarse con proporcionalidad, caso por caso, y valorando medidas correctoras y preventivas concretas.
Además, en este caso concreto la inadmisión se ha vinculado al alimoche. Y aquí creemos que es importante aportar contexto empírico: durante nuestra campaña anual de avifauna, la presencia de alimoche representó aproximadamente el 0,25% del tiempo total observado. No lo decimos para restarle importancia a la especie -que la tiene-, sino para subrayar que el análisis debería ser más fino y basado en intensidad de uso del espacio, patrones de vuelo y medidas de mitigación, en lugar de llevar a una decisión automática sin ponderación suficiente.
Nuestro objetivo ahora es reconducir el asunto por las vías que correspondan, buscando una solución que permita compatibilizar biodiversidad y despliegue renovable, con un marco predecible, técnicamente fundamentado y jurídicamente sólido.
- Un plan que, por otra parte, y como comentaba, tiene diferentes formas de interpretarse entre diputaciones… ¿Cómo está siendo la relación con estos órganos?
- Mi sensación es que falta un canal más abierto y estructurado de contraste: sentarnos con Gobierno Vasco y Diputaciones, poner sobre la mesa alternativas de diseño, paquetes de medidas preventivas y esquemas de seguimiento, y que haya una evaluación verdaderamente proporcional. Y también necesitamos más trazabilidad en las decisiones: cuando se aporta documentación muy extensa y medidas concretas, es importante que la respuesta administrativa —aunque sea sintética— conteste a los puntos clave y explique con claridad por qué unas medidas se consideran suficientes o insuficientes y cómo se pondera el riesgo.
- En resumen: hay voluntad declarada, pero todavía falta convertirla en un marco operativo con más diálogo temprano, más coherencia interadministrativa y decisiones mejor motivadas, proporcionadas caso a caso.
Nuestra estrategia no es entrar en confrontación, sino hacer lo contrario: más transparencia, más presencia en el territorio, explicar medidas, escuchar a la comunidad, ajustar lo ajustable y demostrar con hechos que los proyectos aportan valor y están diseñados para minimizar impactos
- El Gobierno vasco ha marcado unos objetivos ambiciosos en cuanto a desarrollo renovable se refiere, objetivos que ya ha admitido que están en riesgo… ¿Los ve realistas teniendo en cuenta este contexto?
- No diría que los objetivos sean “poco realistas” por ambición; la ambición es necesaria. Lo que sí me parece crítico es que los planes estratégicos se construyan con un enfoque de viabilidad real: no solo objetivos en un documento, sino una hoja de ruta que baje a tierra qué proyectos son posibles, dónde, con qué condicionantes y con qué plazos.
- Euskadi es lo que es: un territorio con una orografía compleja, alta sensibilidad ambiental y social y menos disponibilidad de grandes superficies continuas. Eso obliga a planificar de otra manera: menos “plan en PowerPoint” y más trabajo de campo, más priorización, más medidas de integración y, sobre todo, criterios claros que permitan a los promotores diseñar bien desde el principio. En resumen: el reto no es poner objetivos; el reto es acompañarlos de un marco operativo que los haga alcanzables en un territorio exigente como Euskadi.
- Ambos proyectos se han enfrentado a cierta ‘reticencia social’... Un rechazo que está presente en todos los territorios y contra todo tipo de proyectos renovables
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No diría que exista un rechazo social “generalizado”. Lo que hemos observado, al menos en nuestro caso, es una oposición movilizada y organizada que concentra mucha visibilidad.
Por ejemplo, en Feroskana recibimos en torno a 1.000 alegaciones, lo que representa menos del 0,08% de la población de Bizkaia. Todas ellas con el mismo formato y un número relevante de escritos incompletos o difíciles de verificar. Dicho esto, para nosotros todas cuentan como señal de preocupación y las analizamos con respeto: forman parte del proceso.
Mi lectura es que la mayoría social suele estar entre la indiferencia y el “si se hace bien, adelante”. El desafío es que una minoría muy activa puede marcar el relato público porque genera más ruido y, a veces, más titulares. Por eso nuestra estrategia no es entrar en confrontación, sino hacer lo contrario: más transparencia, más presencia en el territorio, explicar medidas, escuchar a la comunidad, ajustar lo ajustable y demostrar con hechos que los proyectos aportan valor y están diseñados para minimizar impactos.
