"La situación del estrecho de Ormuz no está mejorando. Este shock energético ya nos ha pasado una factura de 200 millones de euros en Euskadi. Es decir, ya nos ha costado el equivalente a dos hospitales de Tolosa". Son palabras del consejero de Industria del Gobierno vasco, Mikel Jauregi.
O, dicho de otra forma, el Ejecutivo de Imanol Pradales cifra en los citados 200 millones las pérdidas derivadas de la crisis energética en Ormuz.
Además, al decir del consejero, que valoró este lunes el primer año de su plan industrial (Plan Industria-Euskadi 2030), la industria es el sector que más está sufriendo las consecuencias del shock energético, "y nosotros seguimos tomando medidas para defender y transformar nuestra industria".
Al valorar con detalle el plan industrial, que se lanzó hace un año, Jauregi destacó las operaciones de arraigo (Ayesa, Talgo, Uvesco), la inversión movilizada de más de 500 millones de euros por la Alianza Financiera y los cinco "proyectos transformadores" puestos en marcha.
Y entre la multitud de datos aportados por el consejero -los había para casi todo, justo es decirlo-, afirmó que para hacer frente a la situación actual "no hay varita mágica". "Nuestro camino es más industria, mejor industria y menos emisiones".
¿Menos emisiones?
Si se parte de la literalidad de ese lema -"más industria, mejor industria y menos emisiones"-, puede decirse que el discurso de Jauregi choca en gran medida con la realidad. Sobre todo en lo referente al descenso en las emisiones en Euskadi.
'Nihil novum sub sole'. Nada mejor que la energía renovable para frenar emisiones y mejorar la calidad de la red eléctrica vasca. Y hasta podría decirse que nada mejor que la energía verde para tener menor dependencia energética y no sufrir estos 'shocks'. Pero, como siempre, continúa el mal endémico de la industria vasca.
Continúan viento en popa los problemas burocráticos y las trabas administrativas, sea por cuestiones ambientales, orográficas, sociales o hasta de pelea entre instituciones, para todos aquellos promotores de parques eólicos o fotovoltaicos que generan energías limpias.
Los datos hablan por sí solos. Y, como publicamos la pasada semana en Crónica Vasca, el Departamento que dirige Jauregi acaba de rebajar los objetivos de generación eléctrica renovable para 2030. O, dicho de otra manera, el triunfalismo de los discursos a veces es desmentido por los hechos.
