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Tras una artroscopia de rodilla, el cuerpo necesita tiempo para recuperarse y adaptarse de nuevo al movimiento. Por eso, durante los primeros días, los especialistas recomiendan mantener un reposo relativo, evitando esfuerzos innecesarios y limitando la carga sobre la pierna operada. Aunque el paciente puede caminar, lo habitual es hacerlo con ayuda de dos muletas, ya que permiten descargar peso y reducir la tensión sobre la articulación mientras baja la inflamación.

Durante las primeras 48 horas la rodilla suele permanecer vendada para proteger la zona intervenida y favorecer la estabilidad. Pasados esos primeros días, el vendaje normalmente se sustituye por una media de compresión suave que ayuda a controlar la hinchazón y mejora la sensación de sujeción durante la recuperación. “Es importante escuchar a la rodilla y no intentar acelerar los tiempos antes de lo debido”, señala José Salcedo, especialista del servicio de Traumatología del Hospital Quirónsalud Bizkaia.

Las dudas más frecuentes tras la cirugía

Una de las preguntas más habituales entre los pacientes tiene que ver con la ducha y el cuidado de la herida. Los traumatólogos recuerdan que mojar la zona no supone un problema siempre que, después, se seque correctamente la piel y se aplique un antiséptico para evitar infecciones. “Tras limpiar la herida, conviene cubrirla de nuevo con un apósito o una tirita limpia, especialmente durante los primeros días, cuando la piel todavía está cicatrizando”, aclara el médico.

También es frecuente la duda sobre si conviene aplicar frío o calor en la rodilla. En este tipo de recuperación, el frío suele ser el mejor aliado porque ayuda a aliviar las molestias y a reducir la inflamación, especialmente después de realizar ejercicios o tras caminar durante un rato. “Recomendamos aplicar frío después de los ejercicios de recuperación porque ayuda a controlar la inflamación y mejora la sensación de alivio”, apunta el doctor Salcedo.

Además del descanso, los especialistas insisten en que el movimiento controlado es importante para recuperar la movilidad cuanto antes. Los ejercicios recomendados son sencillos y pueden hacerse en casa varias veces al día. Entre ellos se encuentran elevar la pierna estirada unos centímetros del suelo y mantenerla en el aire durante unos segundos, doblar la rodilla hasta donde permitan las molestias o presionar la parte posterior de la articulación contra el suelo mientras se flexiona el tobillo. Son movimientos suaves, aunque muy eficaces para evitar la rigidez y recuperar fuerza muscular poco a poco.

Volver a la actividad, paso a paso

En la mayoría de los casos, la recuperación avanza correctamente sin necesidad de un tratamiento de rehabilitación específico. Aun así, cuando la evolución es más lenta de lo esperado o la movilidad tarda en recuperarse, los especialistas pueden recomendar sesiones de fisioterapia para acelerar la mejoría y trabajar la fuerza de la articulación. “Normalmente no hace falta rehabilitación, pero cuando el paciente no recupera movilidad con la rapidez esperada puede ser de gran ayuda”, explica Salcedo.

En cuanto al deporte, el regreso debe hacerse de forma progresiva. Durante el primer mes, lo aconsejable es limitarse a actividades suaves y de bajo impacto, como caminar, montar en bicicleta estática o nadar, ya que permiten mover la articulación sin someterla a demasiada presión. A medida que pasan las semanas y la rodilla responde bien, el paciente puede incrementar la intensidad del ejercicio y empezar a trotar suavemente.

Sin embargo, los traumatólogos recuerdan que los deportes que implican contacto físico, cambios bruscos de dirección o giros sobre la pierna operada deben esperar algo más. “Actividades como el fútbol, el baloncesto, el tenis o el trail running suelen desaconsejarse hasta que hayan pasado aproximadamente tres meses desde la cirugía, momento en el que la rodilla ya ha recuperado mayor estabilidad y resistencia”, explica el especialista.

La paciencia también forma parte de la recuperación

Aunque la artroscopia de rodilla es una intervención muy segura y con buenos resultados en la mayoría de los pacientes, existen algunas molestias o complicaciones que pueden aparecer durante el proceso de recuperación. Entre las más frecuentes se encuentran la acumulación de líquido en la articulación, conocida como derrame, o ciertos dolores residuales relacionados con lesiones previas del menisco o del cartílago.

El doctor José Salcedo concluye que muchas veces el paciente deja las muletas demasiado pronto porque el dolor disminuye antes de que la articulación haya recuperado completamente la estabilidad. “La sensación de mejoría llega rápido, pero eso no significa que la rodilla esté preparada para volver a la actividad normal”, advierte.

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