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El próximo 29 de septiembre, Día Mundial del Corazón, la atención volverá a centrarse en la prevención y el cuidado de la salud cardiovascular. La fecha constituye también una oportunidad para recordar que cuidar el corazón no consiste únicamente en controlar la tensión arterial, el colesterol o el peso. Reconocer una alteración del ritmo y consultar cuando aparecen determinadas señales puede resultar igualmente importante.

El corazón tiene un ritmo propio que se adapta a cada situación. Se acelera al correr, al subir escaleras o al practicar deporte y se ralentiza durante el descanso. Cuando ese ritmo deja de ser normal aparecen las arritmias, alteraciones que pueden hacer que el corazón lata demasiado rápido, demasiado despacio o de forma irregular.

No toda aceleración es una señal de enfermedad. La alerta llega cuando el corazón se acelera sin motivo aparente o aparecen síntomas como mareos. Las arritmias son, de hecho, una causa frecuente de consulta en urgencias.

Síntomas de la fibrilación auricular

Entre las diferentes arritmias, la fibrilación auricular es una de las que más preocupa por su frecuencia y por el riesgo de ictus que lleva asociado. El doctor Ramiro Trillo, jefe del servicio de Cardiología Intervencionista de Policlínica Gipuzkoa, destaca que aproximadamente un tercio de los pacientes no presenta síntomas. Eso hace que muchas fibrilaciones auriculares se descubran por casualidad durante un reconocimiento médico, un electrocardiograma previo a una operación o una revisión rutinaria.

La ausencia de síntomas no significa ausencia de riesgo. “De todos los ictus, de todas las embolias, de todos los accidentes cerebrovasculares, casi el 30% son producidos por la fibrilación auricular”, señala Trillo.

La edad es el principal factor predisponente. En los mayores de 80 años, la prevalencia puede situarse aproximadamente entre el 10% y el 15%. También influyen otros factores como la obesidad, la apnea del sueño, la hipertensión y el consumo de alcohol.

Diagnóstico de las arritmias

El primer paso para identificar una arritmia suele ser un electrocardiograma. La prueba permite analizar la actividad eléctrica del corazón, pero no siempre basta: si el episodio es intermitente, puede no coincidir con el momento de la consulta.

En estos casos puede recurrirse a una monitorización más prolongada mediante un Holter, que registra el ritmo cardíaco durante uno o varios días. También puede ser necesaria una ecografía cardíaca para conocer la estructura y la función del corazón.

El objetivo es relacionar los síntomas con el ritmo cardíaco y, al mismo tiempo, realizar una valoración global del paciente. “Tenemos que ver la valoración integral de ese paciente y la valoración de ese corazón”, explica el doctor Trillo.

Registro de un electrocardiograma (ECG) que la actividad eléctrica del corazón / EP EUROPA PRESS

Tratamientos de la fibrilación auricular

El diagnóstico de una arritmia no significa que el paciente tenga que resignarse a convivir con ella. “La inmensa mayoría de las arritmias se tratan y se pueden curar”, afirma el especialista.

En la fibrilación auricular, una de las prioridades es prevenir el ictus. Para ello, determinados pacientes necesitan anticoagulantes, que reducen la posibilidad de formación de trombos. Pero estos fármacos no son adecuados para todos. Cuando existe un riesgo elevado de sangrado o antecedentes hemorrágicos, puede recurrirse al cierre de la orejuela izquierda.

Esta pequeña estructura de la aurícula izquierda tiene una forma que favorece la acumulación de coágulos. Mediante un procedimiento percutáneo, los especialistas introducen un dispositivo que la cierra y reduce así el riesgo de que se formen trombos en su interior.

La intervención se realiza mediante catéteres que se introducen habitualmente por la vena femoral y llegan hasta el corazón. En determinados pacientes, además, es posible combinar el cierre de la orejuela con la ablación de las venas pulmonares para tratar la propia fibrilación auricular.

“Hoy día podemos hacer las dos cosas a la vez”, señala el Dr. Jesús Martínez Alday, cardiólogo intervencionista y electrofisiólogo de Policlínica Gipuzkoa. La tendencia hacia procedimientos combinados y mínimamente invasivos es uno de los ejemplos del avance de la cardiología intervencionista.

La ablación ha ganado también protagonismo frente a una estrategia basada exclusivamente en fármacos. Aunque la medicación continúa siendo útil, su eficacia para prevenir las recurrencias no siempre es suficiente y, en pacientes seleccionados, puede plantearse una ablación precoz.

Cuando el corazón va demasiado lento

Las arritmias también pueden hacer que el corazón lata demasiado despacio. Son las denominadas bradicardias, que pueden manifestarse como pausas transitorias o como alteraciones más importantes del sistema eléctrico cardíaco.

Cuando existe una indicación clínica, especialmente si aparecen síntomas o existe riesgo, el tratamiento habitual es el implante de un marcapasos. Y también aquí la tecnología está cambiando las posibilidades.

Los marcapasos sin cables permiten, en determinados pacientes, evitar los sistemas tradicionales que utilizan cables para conectar el generador con el corazón. Pueden ser especialmente interesantes en personas con un riesgo elevado de infección o con antecedentes de infecciones relacionadas con estos dispositivos.

“Esto es una novedad importante y es una novedad que nos va a llevar en el futuro a resolver muchos problemas con el riesgo de infección de marcapasos”, apunta el especialista.

Ejercicio, ni demasiado poco ni demasiado

La actividad física sigue siendo una pieza fundamental de la salud cardiovascular. Incluso en pacientes con cardiopatías graves, debe buscarse siempre un nivel de ejercicio adaptado a sus posibilidades.

En la fibrilación auricular, sin embargo, la relación entre ejercicio y arritmia tiene matices. El especialista habla de una “curva en U”: tanto el sedentarismo y la obesidad como el ejercicio excesivamente intenso pueden favorecer la aparición de la arritmia.

Eso no significa que las personas con fibrilación auricular deban abandonar el deporte. «Es perfectamente compatible con hacer ejercicio. Depende de la intensidad», señala el especialista.

El futuro de las arritmias

La evolución tecnológica está modificando la forma de diagnosticar y tratar las arritmias y también ha cambiado la forma de valorar a los pacientes. La edad del DNI ya no es el único criterio. Los especialistas tienen en cuenta la edad biológica, la fragilidad, las enfermedades asociadas y la calidad de vida.

Así, una persona de 80 años en buenas condiciones puede ser candidata a tratamientos avanzados si la arritmia constituye su principal problema de salud. “Hay gente de 80 años que tiene una calidad de vida excelente y la arritmia es su problema principal, y los tratamos igual que si tuvieran 40”, resume el especialista.

En este escenario, el trabajo de equipos altamente especializados resulta fundamental. La colaboración entre cardiólogos clínicos, electrofisiólogos y especialistas en cardiología intervencionista, permite abordar las arritmias desde una perspectiva integral y ofrecer procedimientos cada vez más precisos y personalizados.

El futuro apunta, en definitiva, hacia una medicina capaz de detectar antes las arritmias, identificar mejor a los pacientes con riesgo y elegir para cada uno la estrategia más adecuada. Porque tratar una arritmia ya no consiste solo en devolver al corazón su ritmo: también significa prevenir el ictus, reducir complicaciones y, sobre todo, preservar la calidad de vida.

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