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Opinión

40 años de Europa

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El 1 de enero de 2026 se han cumplido 40 años de uno de los acontecimientos más importantes de nuestra historia reciente y, sin duda alguna, el que más nos ha influido en nuestra vida diaria en estas 4 últimas décadas: la entrada de España en la UE. A pesar de que es algo que incide directamente en nuestro día a día, la mayoría de la ciudadanía sigue sin ser consciente de hasta qué punto pertenecer a la Unión Europea ha transformado nuestra sociedad y ha incrementado exponencialmente nuestra calidad de vida.

En estos momentos convulsos del escenario internacional y local en el que hay algunos que se empeñan en cuestionar nuestra pertenencia a la Comunidad Europea y los beneficios que ello supone, quiero reivindicar la enorme importancia que tiene para nuestro país ser un miembro activo de este acuerdo que comenzó con el Tratado de Roma.

Para visualizar el motor económico que supone la UE para la economía española solo hay que mostrar algunas cifras de estos 40 años que ha compartido la propia comisión en un kit comunicativo que debería ser de obligada lectura para todos. 185.000 millones de euros, esta es la cantidad de fondos que ha recibido nuestro país desde Europa en este período de tiempo. Financiación que ha llegado a todos los sectores de una sociedad que, en buena parte, gracias a esta ayuda ha incrementado notablemente su nivel y calidad de vida.

Los fondos europeos han permitido modernizar infraestructuras, incrementar la investigación e innovación y mejorar la competitividad de las empresas, entre otras

Por poner el ejemplo de Euskadi, en 1986 nuestro PIB era de algo más de 13.409 millones de euros, ahora asciende a más de 87.857 euros. Los fondos europeos han permitido modernizar infraestructuras, incrementar la investigación e innovación, mejorar la competitividad de las empresas, impulsar una mayor inclusión social, acelerar la salida de crisis como la de la última pandemia o fomentar la transformación ecológica de nuestra sociedad. Según los datos de la propia UE, desde 1986 más de 150.000 empresas españolas se han beneficiado, de una u otra manera, de estos fondos europeos.

Pero la Unión Europea no es solo un espacio económico, es un espacio social y de convivencia que ha permitido acercar las diferentes sociedades del viejo continente a través de programas referentes como el Erasmus, por el que han pasado más de 1,6 millones de universitarios. Iniciativas como estas han abierto un mercado único y nos han acercado al resto de Europa. En Euskadi, viven en la actualidad un 40% más de ciudadanos europeos de los que lo hacían en 1986. Un intercambio de talento que nos favorece y enriquece a todos.

Seguramente en estos 40 años no todo han sido luces y beneficios, pero si lo ponemos en una balanza, el peso de lo favorable supera con creces a los inconvenientes, por mucho que los agoreros quieran minimizar este impacto y denigrar los logros conseguidos.

Por poner algunas cifras a este impacto económico de la UE en Euskadi, solo en el último año se han repartido más de 42 millones de euros en ayudas a los beneficiarios de la PAC en nuestro territorio, se han dedicado más de 48,5 millones de euros de los fondos Next Generation a la construcción de viviendas de alquiler social, o más de 10 millones de euros a la adaptación de nuestras costas y zonas urbanas al cambio climático. Estos son solo 3 ejemplos del soporte que recibimos directamente desde la UE para impulsar nuestro territorio, pero a lo largo de estas 4 décadas han sido muchos los proyectos que se han impulsado con ayuda directa de la UE e incluso acogemos en Bilbao una de sus instituciones, la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo.

La UE permite vivir y trabajar en un espacio común con unos valores democráticos y de progreso

A pesar de la importancia de todas estas ayudas y subvenciones, la UE aporta mucho más que eso. Nos permite vivir y trabajar en un espacio común con unos valores democráticos y de progreso que, en mi opinión, son más necesarios que nunca en un contexto internacional que se deriva hacia modelos que poco tienen que ver con estas cualidades.

Ahora, más que nunca, necesitamos una Europa fuerte, ágil, innovadora, con mayor peso internacional y menos complejos y dependencias. Lo necesitamos nosotros y lo necesita también el resto del mundo, para poner contrapeso al poder desestabilizador de las grandes potencias. Para conseguir esta nueva UE hacen falta liderazgos de peso, políticos y políticas comprometidos y valientes que ayuden a impulsar estos valores europeos en los más de 450 millones de ciudadanos del viejo continente.

Europa tiene bastante bien definidas sus prioridades para el futuro: impulso a una prosperidad y competitividad sostenible, con planes como el Pacto por la industria limpia, incrementar su defensa y seguridad, reforzar su modelo social, preservar nuestra calidad de vida y protección de nuestra democracia y de nuestros valores. Estaría bien que todas estas prioridades sean compartidas por la mayor parte de esos 450 millones de europeos y para lograrlo, el primer paso es conocerlo y difundirlo. Una asignatura pendiente de la UE y también de todas las instituciones del continente (nacionales, autonómicas y locales) es acercar a la ciudadanía el valor de este mercado común. Espero que esto se logre y sigamos celebrando muchos más años de una UE fuerte y cercana a las personas. ¡A por los próximos 40!