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El cantante Julio Iglesias tras descubrir su estrella del Paseo de la Fama de Puerto Rico

El cantante Julio Iglesias tras descubrir su estrella del Paseo de la Fama de Puerto Rico Thais Llorca Efe

Opinión

La caída de los mitos y la erótica del poder

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“Hey no vayas presumiendo por ahí…”. Si no la han cantado, tal vez la hayan tarareado y casi con total certeza en algún momento, habrán escuchado esta que es una de las canciones icónicas del, hasta hace nada, icónico Julio Iglesias.

Meses, años de investigación periodística a la que debemos agradecer el esfuerzo por esclarecer los temas, han sacado a la luz los presuntos abusos del cantante a trabajadoras que realizaban diferentes tareas en sus mansiones.

Lo cierto es que los testimonios son espeluznantes, y creo que todas y todos estamos deseando que la justicia se pronuncie cuanto antes, sobre la veracidad de los mismos. Este tipo de asquerosas historias empiezan a ser recurrentes entre personajes a los que el éxito ha encumbrado en algún momento de su carrera profesional, y que al parecer creen que con ese ingrediente tienen patente de corso para hacer lo que les dé la real gana.

Ojalá el proceso no sea un cenagal en el que se les vaya revictimizando una y otra vez

Sin olvidar ni por un segundo la necesaria presunción de inocencia, hasta que se dicte sentencia firme y desgraciadamente eso tardará, hay que agradecer los testimonios de las valientes que han dado un paso adelante y han hecho público lo que al parecer vivieron y cómo se sintieron, además de interponer la correspondiente denuncia. Ojalá el proceso no sea un cenagal en el que se les vaya revictimizando una y otra vez.

El escabroso caso que nos ocupa y su salida a la luz, nos ha permitido en todo caso, en las últimas horas, recuperar comportamientos públicos del cantante de hace unas cuantas décadas, que hoy son absolutamente intolerables y que en su momento fueron aplaudidos.

Hoy es impensable, que pase sin pena ni gloria, y mucho menos que se aplauda y jalee el hecho de que un entrevistado por muy encumbrado que esté o crea estar, bese en la boca a una presentadora. Esto ha sido un comportamiento reiterado por parte de Julio Iglesias y ahí están las imágenes que lo corroboran.

Por eso es interesante comprobar que al menos como sociedad hemos evolucionado, no todo lo rápido que nos gustaría, pero sí como para que lo que en otro momento no se criticaba, ahora nos abra las carnes.

Estas situaciones se convierten en armas arrojadizas entre políticos de diferente signo

A todo lo que supone y está suponiendo está investigación, hay que añadirle el componente político. Estas situaciones, cuando además hablamos de quienes como Iglesias han sido referentes sociales, se convierten en armas arrojadizas entre políticos de diferente signo.

Solo habían pasado minutos, y ya disponíamos de la opinión al respecto de un buen número de políticos. Por supuesto las tenemos de todos los colores y con todos los matices posibles, pero con el mismo resultado final que no es otro que el de subir los decibelios de la polarización como si no tuviéramos suficiente.

Y existe otro debate en torno a estos casos tan mediáticos cuando afectan a personas tan significadas y tan elogiadas que es complicado de resolver, y para el que no hay muchos argumentos que sean realmente concluyentes. Me refiero a hasta dónde debe afectar el comportamiento personal por muy indigno que sea a la trayectoria profesional en este caso tan exitosa de alguien.

No es fácil a mi juicio, tomar posición a este respecto. ¿Dejan de gustarte sus canciones?, o las películas de Woody Allen tras saber de su trayectoria personal o la forma de interpretar la música de Plácido Domingo… difícil cuestión.

 No sé hasta qué punto eso debe afectar al reconocimiento profesional

Es cierto que no se hace fácil mirarlos con los mismos ojos cuando su comportamiento personal indigna y asquea, pero no sé hasta qué punto eso debe afectar al reconocimiento profesional. Ahí lo dejo.

¿Será el caso de Julio Iglesias el último? Independientemente de cómo se resuelva, seguro que no.

Ojalá la valentía de algunas mujeres dispuestas a pagar el elevadísimo coste que supone todo esto, tenga el eco necesario para que la lacra de los abusos sexuales acabe extinguiéndose.

Ojalá eso de la erótica del poder acabe teniendo menos valor del que todavía se le concede. Ojalá la caída de un mito sirva para que nos cuestionemos cuáles son nuestros referentes. Y sobre todo, ojalá esto sirva a las nuevas generaciones para no incurrir en los mismos errores.