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La tragedia ferroviaria de la loclaidad cordobesa de Adamuz tras el accidente, a 28 de enero de 2026

La tragedia ferroviaria de la loclaidad cordobesa de Adamuz tras el accidente, a 28 de enero de 2026 Guardia Civil

Opinión

Tragedias que separan (más)

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Tragedias como la de Córdoba siguen causándome una enorme congoja a pesar de tener más conchas que un galápago. Más que Gaza, más que Ucrania, más que Irán. Posiblemente, porque son en ellas en las que uno se puede ver atrapado algún día. Un viaje en autobús o en tren, un trayecto en metro, un incendio en un centro comercial, una inundación en tu pueblo... Un instante, un error, un fallo que casi nunca depende de ti y tu vida se va al carajo.

Gaza, Irán, Ucrania u otras barbaridades similares me preocupan, me apenan, me entristecen, pero no me producen la misma reflexión. Posiblemente, porque están más lejos, no me veo implicado, más allá de lo intelectual, no me alcanza en el plano personal. O eso quiero creer.

Las tragedias siempre siguen parecidos patrones en los momentos posteriores. Descubren héroes inesperados, el interventor que mantiene la calma y aporta sensatez, el paisano que pasa la noche sacando heridos con su quad, los ciudadanos del pueblo próximo, con su alcalde a la cabeza, que se vuelcan el alimentar y dar calor —de todo tipo— a las personas afectadas, el taxista que pone su vehículo a disposición de las víctimas y sus familiares...

Autoridades, nacionales, autonómicas y locales, en sus puestos, trabajando y sin molestar a los profesionales que fueron desplegados rápidamente y, parece, de forma eficaz

...Y miden la capacidad de respuesta de los organismos implicados, que en el caso del accidente de los trenes que nos ocupa a la hora que se escribe esto y sin conocer el definitivo balance de fallecidos—, ha funcionado objetivamente bien. Autoridades, nacionales, autonómicas y locales, en sus puestos, trabajando y sin molestar a los profesionales —servicios médicos, policiales, protección civil— que fueron desplegados rápidamente y, parece, de forma eficaz y en número suficiente.

Queda, mientras los allegados enfrentan el duelo y el horror por la muerte de sus seres queridos, los heridos se reponen de sus lesiones físicas, y todos los implicados lidian con las consecuencias psicológicas del terrible suceso, conocer las causas del accidente. Lo sabremos y será el momento de exigir responsabilidades.

Desgraciadamente, este tipo de acontecimientos retrata a una velocidad de vértigo —signo de los tiempos de redes sociales que vivimos— a los miserables, a los mezquinos y a las malas personas. Aquellas que apenas unos minutos después de conocerse la tragedia comienzan a construir el relato basado en culpar al adversario político.

Si tienen estómago, dense una vuelta por el estercolero que es la red social de Elon Musk, con su algoritmo de parte, y observen. No se acerquen mucho, que huele y es contagioso. O mejor, yo lo abro por ustedes, les cuento un par de cosas.

El jefe de Opinión de El Confidencial, a las diez menos cuarto del lunes, sin que aún sepamos nada de lo que ha ocurrido, espeta que “qué credibilidad tiene Óscar Puente en un momento como este. Cómo va la ciudadanía a confiar en un ministro y un Gobierno que ha mentido reiteradamente para protegerse...”.

Rebeca Argudo, opinatriz de ABC, escribe a eso de las diez de la mañana que “prudencia a la hora de apuntar la causa inmediata, pero que detrás hay un exministro de transportes en la cárcel, una exsecretaria de Estado de Transportes imputada por malversación y prevaricación y ADIF devenido en "te pongo una mercería" son indiscutibles causas concurrentes”.

Si esta es la responsabilidad que ejercen dos profesionales del periodismo en sus publicaciones, todo opinión y causalidad remota no contrastada, ni sostenida en dato alguno, imagínense ustedes lo sueltos que van los troles antisistemas, trumpianos, iliberales, anarcocapitalistas

Y aquí paro. Si esta es la responsabilidad que ejercen dos profesionales del periodismo en sus publicaciones, todo opinión y causalidad remota no contrastada, ni sostenida en dato alguno, solo en sus deseos, imagínense ustedes lo sueltos que van los troles antisistemas, trumpianos, iliberales, anarcocapitalistas… Llámenles como quieran, yo les digo de extrema derecha. Desbocados. Lo buscan si quieren.

Aunque lo más fuerte que he leído, y que da idea de como está el país, no tiene que ver con la tragedia de Córdoba, sino con el presidente de Catalunya, Salvador Illa, y su percance de salud. El honorable comunica en sus redes que está bien y con ánimos, que tocan pruebas y recuperación y que muchas gracias al hospital, a sus profesionales y a las personas que se han interesado por su estado. Lo correcto y educado.

Pero, como no debía tener nada que hacer, llega Silvia Orriols, alcaldesa de Ripoll y líder del partido catalán racista, nacionalista y de extrema derecha, y le contesta “¿Tú también has tenido que esperar turno en una camilla en los pasillos como el resto de los mortales o has tenido habitación al instante? Es para un amigo...”.

Con esta peña hay que convivir y seguir construyendo un país democrático y civilizado.