La presidenta del Parlamento europeo, Ursula von der Leyen, y el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Dilva, en el marco de la firma del acuerdo a 16 de enero de 2026 Europa Press
En poco más de 20 días, 2026 nos está llenando de titulares importantes, también en lo relacionado con la economía. Sin duda alguna, lo es que, después de más de 26 años de negociaciones, la Unión Europea haya firmado por fin esta pasada semana su acuerdo con Mercosur. Esta firma, que aún está pendiente de la aprobación final del Parlamento Europeo, supone la creación de una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, con más de 700 millones de consumidores que representan, nada más y nada menos, que un tercio del comercio mundial.
Este acuerdo llega en un momento muy especial para Europa, con un contexto geopolítico y comercial mundial que ha dado un vuelco a las tradicionales relaciones entre los diferentes continentes. La sensación general es que los europeos estamos perdiendo capacidad de influencia en los dos campos frente a la polarización entre las grandes potencias: EE.UU., China y Rusia. Por este motivo, es urgente y crucial para la UE buscar alternativas que permitan recuperar iniciativa e influencia en un contexto internacional claramente desfavorable para los intereses del viejo continente.
El Acuerdo UE-Mercosur supone un “golpe sobre la mesa” de Europa en el mapa del comercio mundial, quizás más importante en el posicionamiento que en los beneficios económicos tangibles, al menos en un primer momento. Con esta firma, Europa está mandando un claro mensaje a Trump de su apuesta por el comercio libre frente a los aranceles y está generando una relación más estrecha con una buena parte de América Latina y con países con mercados tan importantes como Brasil o Argentina.
Se calcula que, gracias a este acuerdo, Europa podría incrementar en más de 84.000 millones de euros su volumen de exportaciones
Es un paso adelante de la política europea para no seguir dependiendo de los vaivenes de su socio habitual que, tras la llegada de Trump al poder, se ha convertido en una caja de sorpresas y casi todas negativas para los intereses de los 27. Se calcula que, gracias a este acuerdo, Europa podría incrementar en más de 84.000 millones de euros su volumen de exportaciones.
A pesar de sus indudables ventajas, el acuerdo nace con un importante rechazo de una buena parte del sector primario europeo y de países como Francia o Polonia, donde ese sector tiene un importante peso e influencia sobre sus respectivos gobiernos.
La principal queja del sector habla de posible competencia desleal con los productos que vengan de Mercosur, sobre todo por el temor a que no cumplan con la estricta normativa sanitaria y medioambiental que se exige a los productos europeos. Ni la adopción de medidas de salvaguarda para esos productos que puedan estar más afectados han convencido a los agricultores y ganaderos de un buen número de países europeos que se han manifestado por todo el continente.
Europa necesita urgentemente tener un relato único y coherente que explique a su ciudadanía acuerdos e iniciativas de tanto calado como este acuerdo
Esta situación me hace reflexionar una vez más sobre la importancia del relato a la hora de generar un estado de opinión en sociedades tan diferentes como las de los 27 países que forman la UE. Europa necesita urgentemente tener un relato único y coherente que explique a su ciudadanía acuerdos e iniciativas de tanto calado como este acuerdo.
No puede ser que, después de 26 años “cocinando” un acuerdo tan trascendental como este, no seamos capaces de explicar con claridad los indudables beneficios del mismo, de solucionar las reticencias de los sectores más afectados y, sobre todo, de hacer una política de comunicación proactiva no reactiva, que gestione este relato adelantándose a las posibles crisis.
Me niego a creer que cualquier producto que se venda en la UE, venga de donde venga, no tenga que cumplir los mismos requisitos que los producidos aquí y si eso ocurriera deberían adoptarse medidas urgentes para que no fuera así. En cualquier caso, creo que visto el panorama actual generar un nuevo espacio de comercio libre que traspase las barreras atlánticas es una magnífica noticia para una Europa que necesita imperiosamente ganar peso en la actual geopolítica mundial y, sobre todo, dejar de estar a la sombra de EE.UU. en todo.
Dicho esto, creo que Europa y todos nosotros tenemos una deuda con el sector primario. Necesitamos apoyarlo y poner en valor su peso estratégico para cualquier país, fomentando medidas para su impulso y desarrollo. Abrir nuevos mercados puede y debe ser compatible con potenciar una estrategia agroalimentaria local, que es absolutamente fundamental para no depender de terceros.
Abrir nuevos mercados puede y debe ser compatible con potenciar una estrategia agroalimentaria local
La reciente pandemia del COVID creo que dejó bastante claro este aspecto. Necesitamos a nuestros agricultores y ganaderos, es más necesitamos que se formen y comiencen a trabajar nuevos agricultores y ganaderos y eso pasa por apoyarles desde todas las administraciones, también la europea, pero pasa además por que nosotros, los consumidores, pongamos en valor los productos de nuestro entorno por encima del precio. Para lograrlo, entre otras cosas, hay que conocerlos mejor, entender su proceso y cambiar unos sistemas de distribución y comercialización que no siempre son los más justos.
Siempre nos resulta más fácil buscar el enemigo fuera, pero creo que el Acuerdo UE-Mercosur es ahora más necesario que nunca. Igual de necesario que abordar los problemas que acucian al sector primario y que van mucho más allá de una posible competencia desleal con unos países del sur de América.
Europa haría bien en visualizar ante los diferentes públicos objetivos, especialmente a la ciudadanía, todos los beneficios tangibles e intangibles que traerá esta firma y también debería analizar porque el sector primario siempre es el eslabón más débil, para encontrar una solución viable y duradera.
Hablamos mucho de independencia energética del continente, pero deberíamos hablar también de independencia alimentaria. ¿Qué tal si empezamos por romper las barreras internas que todavía hay dentro de la UE?