Votos por correo para elecciones vascas 2024 / EFE
El Parlamento Europeo ha exigido a España que ratifique la ley electoral europea, norma que obliga a establecer un umbral entre el 2% y el 5% de voto a las candidaturas para acceder a la eurocámara. De aplicarse, y con resultados parecidos en unos próximos comicios, ello dejaría fuera al PNV, que apenas obtuvo en su coalición un 1,6%. Mejor expectativa tendría EHBildu, que en su más amplia coalición obtuvo un 4,9%.
Como ocurre en la reforma de todas las leyes electorales, cada partido se guía por su interés particular. En este caso, el informe que insta al Gobierno de Sánchez a cumplir la norma lo impulsa el Partido Popular Europeo (con el protagonismo, nada inocente, del PP español) pero lo apoyan también liberales y socialistas.
Entre estos últimos destaca la importante excepción de los socialistas españoles, atados, según es tradición, a las exigencias que sus socios establecen para el mantenimiento de Pedro Sánchez en el poder. Otros grupos minoritarios han votado en contra. También, claro, la escuálida representación del PNV en la eurocámara.
La natalidad no es una de las grandes preocupaciones de los partidos socialistas (y el PNV no es en esto una excepción) pero hay que recordar que entre los vascos alcanza ya niveles subterráneos. Quizás si ahora comprueban que ello también afecta a sus intereses de partido, puedan apreciar el problema desde otra perspectiva.
Sin embargo, esta mella en su representación no sería la primera si ampliamos el foco a otras elecciones. La Constitución de 1978 establece para el Congreso de los Diputados una composición variable: “un mínimo de 300 y un máximo de 400 diputados”. Su reparto provincial se hará “atendiendo a criterios de representación proporcional”. La ley orgánica concreta que serán 350 diputados y que el reparto variará en función de la población.
La moribunda demografía vasca es el reflejo de una decadencia (en términos relativos, muy acusada) de carácter económico y social. Ahora, la posible reforma de la legislación para las elecciones europeas puede dejar al PNV fuera de la cámara y a EHBildu sometida, en todo caso, a una alianza con cada vez más fuerzas estatales
Lo cierto es que, si en España la natalidad desciende, en Euskadi se derrumba. Eso ya ha tenido consecuencias en el debilitamiento de la representación vasca en el Congreso. En el inicio de la democracia, Bizkaia elegía 10 diputados. Luego pasó a elegir 9. Ahora sólo elige 8. Gipuzkoa empezó eligiendo 7 diputados. Ahora elige 6.
Sé que los vascos somos alérgicos a las curas de humildad pero, por ponerlo en perspectiva, los tres territorios de nuestra comunidad han pasado de elegir 21 diputados a elegir 18. Sólo la provincia de Valencia elige 16.
Disminuir la población supone, en nuestro régimen electoral, disminuir los puestos a repartir. Los equilibrios en el alambre que practica Pedro Sánchez permiten que los votos nacionalistas aún sean decisivos. Pero la pérdida progresiva de peso poblacional tiene su proyección en pérdida de escaños. El juego de mayorías y minorías podría hacer que en el futuro los diputados nacionalistas, al menos los vascos, llegaran a ser irrelevantes.
En los últimos 20 años, Euskadi ha logrado mantener su población gracias a la inmigración, con un raquítico incremento real de 100.000 personas. En el mismo período, la comunidad de Madrid ha aumentado su población en 1.200.000 personas.
Por supuesto, la población de un territorio sólo es un indicador, pero de los más significativos. La moribunda demografía vasca es el reflejo de una decadencia (en términos relativos, muy acusada) de carácter económico y social. Ahora, la posible reforma de la legislación para las elecciones europeas puede dejar al PNV fuera de la cámara y a EHBildu sometida, en todo caso, a una alianza con cada vez más fuerzas estatales.
Volviendo al principio: la incomprensible indiferencia de algunos partidos a la pérdida de población podría revertir si apreciaran la pérdida de peso político que eso supone, más allá de los intereses de país, para sus propios intereses.
No es una noble motivación, desde luego, pero acaso sirva para afrontar al fin uno de los problemas más graves que tiene la sociedad vasca hoy, y el más catastrófico, sin duda, a medio plazo.