Una votación en el Parlamento Europeo en Estrasburgo, Francia Efe
“No dejes que los árboles te impidan ver el bosque”. Esta frase resume muchos años de sabiduría popular mostrando la proverbial torpeza que tenemos los seres humanos de no ver con claridad lo que hay detrás de un problema puntual y, sobre todo, en qué contexto se produce. Nos obcecamos con lo urgente y nos olvidamos de lo importante, con lo que perdemos perspectiva y aportamos soluciones a nuestros problemas y retos que se convierten en “parches” que no tienen recorrido.
Este mundo en el que todos estamos como el conejo de 'Alicia en el País de las Maravillas', llegando tarde a todos los sitios, atender las supuestas urgencias, nos está impidiendo plantear una estrategia de futuro seria y lógica. Esto es lo que está pasando en todos los niveles de la gobernanza mundial, desde el más global al más local. Nunca antes hemos visto cómo estrategias y políticas planteadas para el futuro cambian de un día para otro por no haber tenido en cuenta el contexto en el que se desarrollan.
La transición ecológica es un claro ejemplo de esto de lo que estamos hablando. Aunque la Unión Europea supo ver en su día la importancia de convertirse en el territorio que liderara este cambio de paradigma para, entre otras cosas, ayudar a mitigar el cambio climático, ha sido incapaz de mantener una línea coherente y fiable en ese camino hacia la sostenibilidad y lo que, en mi opinión, es aún peor, ha sido incapaz de construir un relato claro que permitiera explicar a la ciudadanía las ventajas y sacrificios de un camino en el que los principales beneficiarios van a ser las futuras generaciones.
El término 'Greenlash' hace referencia al rechazo que se está produciendo desde Europa a planes ambientales y de transición ecológica
'The Economist' señalaba en una de sus portadas un nuevo término para entender lo que está pasando con las políticas ambientales europeas: Greenlash. Con esta denominación pretenden explicar el rechazo que se está produciendo en algunos sectores de la sociedad a estos planes que, con demasiada frecuencia, se hacen con la mejor de las intenciones y la visión más puntera de los equipos técnicos, pero sin tener en cuenta las implicaciones que tiene su implantación en un contexto socioeconómico tan cambiante y tan vulnerable como el actual.
El resultado: se está frenando el avance de proyectos como el Pacto Verde y ralentizando o incluso paralizando medidas imprescindibles para que en un futuro cercano los problemas y retos a enfrentar no sean mayores. Es evidente que este rechazo es más general cuando estas políticas verdes afectan al bolsillo de los ciudadanos. Precisamente, uno de los mayores riesgos es que la agenda verde de la UE se perciba como una agenda para ricos, cuestión que está pasando con el coche eléctrico y las restricciones de movilidad en las zonas de bajas emisiones.
Este Greenlash se puede observar claramente también en el último informe de riesgos del World Economic Forum, donde, como decía José María Fernández Alcalá, Director de Economía Circular de Ihobe, “se muestra una importante despriorización de la agenda ambiental a corto plazo”.
Muchas urgencias geopolíticas y económicas son consecuencias de una mala estrategia medioambiental previa y que se agravarán aún más por no abordarlas con urgencia
Aunque los riesgos ambientales siguen siendo considerados las amenazas más graves a largo plazo (10 años), pierden importancia relativa a corto plazo, superados por urgencias geopolíticas o económicas, sin tener en cuenta que muchas de estas urgencias son consecuencias de una mala estrategia medioambiental previa y que se agravarán aún más por no abordarlas con urgencia.
Quizás hace 50 y 60 años era más urgente construir viviendas en las ciudades para acoger a las personas que acudían en masa desde el campo que planificar antes su urbanización para no hacerlas en terrenos inundables. Sin embargo, cuando se acelera el cambio climático y los periodos de avenidas son cada vez más cortos, se muestra la ineficiencia de esas decisiones con costes muy importantes que van más allá de los económicos, llevándose por delante cientos de vidas humanas, como en el caso de la Dana en Valencia. Lo mismo pasa cuando seguimos apostando por retrasar la movilidad 0 emisiones mientras miles de personas mueren cada año por problemas relacionados con la contaminación en las ciudades.
Las mismas medidas aplicadas de una u otra manera pueden ser más o menos efectivas y esas medidas explicadas, consensuadas y compartidas son mucho más fáciles de llegar a buen puerto
Hay que dejar de priorizar lo urgente para atender y planificar lo importante, porque es la única manera de solucionar las urgencias a medio y a largo plazo. Además, hay que tener en cuenta que gestionar lo importante, y creo que no hay nada más importante ahora que una transición ecológica justa, pasa por no solo fijarse en el qué, sino también en el cómo. Las mismas medidas aplicadas de una u otra manera pueden ser más o menos efectivas y esas medidas explicadas, consensuadas y compartidas son mucho más fáciles de llegar a buen puerto.
Si algo puede dar de nuevo a Europa un liderazgo y competitividad mundial, es su estrategia verde, pero si no es compartida, no va a ser efectiva y, si no se disemina y se socializa, nunca va a ser compartida. Que los árboles de la geopolítica, la polarización o la economía no nos impidan ver el bosque de cómo conseguir que nuestro territorio, planeta, ciudad o pueblo siga siendo un buen lugar para vivir.