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Una mujer con niqab

Una mujer con niqab Paul Zinken Europa Press

Opinión

Disfraz de feminista

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En estos días de celebración del carnaval, la ciudadanía se disfraza de lo que no es en un intento de parecer otra cosa. Lo hacemos por diversión, por cambiar de vida, por asemejarnos a lo que no somos y, si cuela, conseguir cosas que no lograríamos dando la cara y mostrándonos como somos.

Algo así es lo que ha sucedido en el Congreso esta semana. Ha sido rechazada la propuesta de VOX de establecer una ley orgánica para establecer la prohibición del uso del burka y el niqab, dos atuendos que las mujeres de Afganistán y el golfo Pérsico son obligadas a vestir. El primero oculta todo el cuerpo de la mujer y el segundo solo deja al descubierto los ojos.

En la propuesta, apoyada únicamente por el PP, se pedía su prohibición “en lugares públicos y en los privados con proyección a un espacio o uso público”. Nada decía del velo islámico que solo cubre el pelo y el cuello. Parece que esa obligación les molesta menos. Tanto el burka como el niqab y el velo tienen su presunto origen en motivos religiosos, pero, según VOX, el velo es menos restrictivo. Es una norma de obligado cumplimiento, pero no lo ven igual.

No seré yo quien defienda la obligación que tienen estas mujeres de utilizar esas prendas. Ni una ni las otras. Todo lo que sea forzar a las mujeres a vestir de una u otra manera en defensa, presuntamente, de la guarda de la moral y la virtud, me espanta. Poco tiene que ver con la religión y mucho con el deseo de establecer una política sexual que anule a las mujeres.

No les preocupa la libertad de las mujeres, ni si usan velos o burkas, lo que les obsesiona es la inmigración

 A la propuesta de la ultraderecha ha respondido la derecha del PP sumándose bajo la justificación del respeto a la dignidad de las personas. Pero no nos engañemos. La propuesta señala que “la llegada masiva de inmigrantes de países con fuerte influencia islamista” ha de ser combatida porque pretenden “imponer las costumbres islamistas en el espacio público”.

A más a más, señalan que tolerar “estas costumbres” podría conducir a permitir la progresiva normalización de hábitos como la circulación masiva de personas con el rostro cubierto, algo incompatible con el modo de vida de nuestra civilización. Ahí está la madre del cordero; lo que se pretende no es liberar a esas mujeres del yugo de su vestimenta obligatoria, sino de profundizar en el miedo que quieren extender a ese mentiroso y conspiranoico gran reemplazo del que tanto les gusta hablar. No les preocupa la libertad de las mujeres, ni si usan velos o burkas, lo que les obsesiona es la inmigración.

Mientras, el PP apuesta porque ninguna tradición ni creencia justifique la invisibilidad de la mujer y asegura que esas prendas son una negación simbólica y práctica de su libertad. Hasta ahí, de acuerdo, salvo porque en las Comunidades Autónomas donde VOX ha incluso doblado resultados y los populares se ven obligados a pactar con ellos para gobernar, ya comienzan a proclamarse como practicantes del “feminismo de VOX”, es decir, el no feminismo.

Es un concepto recién acuñado por María Guardiola, presidenta en funciones de Extremadura, quien hasta hace muy poco hablaba de los señoros de VOX y que ahora ve en ellos la esencia de la igualdad. Criticaba su negación de la violencia machista, su rechazo a la bandera LGTBIQ+ y sus políticas contrarias a la igualdad. Sin embargo, unas negociaciones de gobierno más tarde, se suma a su manera de practicar el feminismo.

Se han disfrazado de feministas en una clara estrategia de dinamitar el movimiento utilizando nuestros propios postulados

Gran parte de la acción política de VOX se ha basado en propuestas profundamente antifeministas como la derogación de la Ley de Violencia de Género, su sustitución por una ley de violencia intrafamiliar, la eliminación de la legislación de género y el Ministerio de Igualdad, su oposición al aborto y a las políticas de reproducción, la eliminación de la educación sexual en las escuelas, la negación de la violencia machista, el uso del término feminazis para nombrar a las feministas, el bloqueo de declaraciones institucionales contra el maltrato tanto en ayuntamientos como en parlamentos y la restricción de fondos a asociaciones feministas a las que considera radicales y dueñas de chiringuitos. Ese es el feminismo de VOX.

Lo malo es que ese discurso les funciona electoralmente. Una gran parte de su electorado, formado mayoritariamente por hombres, cree que el feminismo ha ido demasiado lejos. ¿Qué significa esto? Que ven amenazados sus privilegios. No solo los adultos, también los más jóvenes asumen que lo de la igualdad es ya demasiado y abogan por volver a los valores tradicionales. Un discurso rancio que cala ante una situación política polarizada pero que se escora peligrosamente hacia los postulados ultras.

Así que es momento de vivir con todos los sentidos bien alerta para evitar que el disfraz de liberación de la mujer de los yugos de la vestimenta, nos lleve hacia otro lado. No buscan nuestra libertad ni nuestra dignidad. Se han disfrazado de feministas en una clara estrategia de dinamitar el movimiento utilizando nuestros propios postulados. Los tiempos siempre han sido difíciles para las mujeres pero ahora, vienen curvas.