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El equipo Artemis II en la misión a la Luna

El equipo Artemis II en la misión a la Luna Nasa Europa Press

Opinión

'Moonshots' verdes

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“Un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para la humanidad”, esta frase pronunciada por Neil Amstrong en 1969, justo después de ser el primer ser humano que pisaba la Luna, vuelve  a estar de plena actualidad gracias al éxito de la expedición espacial Artemis II.

47 años después de este paso del astronauta americano, una nave tripulada ha conseguido llegar a la cara oculta del satélite de la Tierra y convertirse en el viaje tripulado que más lejos ha llegado hasta el momento.

Llama poderosamente la atención que nos haya costado casi medio siglo volver a acercar a un ser humano a la Luna, pero dejando de lado este aspecto, tanto el Apolo XI como la Artemis II tienen una base en común: son problemas complejos que se han resuelto gracias al denominado pensamiento 'Moonshot', una forma de dar soluciones a retos complejos ayudándose de ideas innovadoras, por muy extravagantes que parezcan en un principio.

De hecho, este término surgió en ese proyecto Apolo que, en menos de una década, consiguió que una nave tripulada alunizara en el único satélite de nuestro planeta.

Quizás este pensamiento 'Moonshot' podría ayudarnos a impulsar el que para mí es uno de los principales retos de Europa, descarbonizar su economía y, por lo tanto, también su industria.

Se trata también de construir una nueva competitividad que ayude al viejo continente a recuperar un liderazgo perdido

Y no se trata solo de reducir las emisiones y conseguir adaptarnos al cambio climático, sino de construir una nueva competitividad que ayude al viejo continente a recuperar un liderazgo perdido y a conectarlo con una idea poderosa de mejorar nuestra calidad de vida respetando los límites del planeta e impulsando una sociedad más justa.

Existen varios "moonshots verdes” en los que Europa debería redoblar sus esfuerzos para impulsar ese cambio imprescindible hacia una economía baja en carbono. Retos como el almacenamiento de energía a gran escala, esencial para incrementar el uso y eficiencia de las fuentes renovables, la movilidad 0 emisiones, la circularidad de los productos que consume para tender hacia una sociedad residuo 0 o la ya aludida descarbonización de su tejido productivo.

Para solucionar estos y otros retos centrales, se necesita un ecosistema de innovación potente, una adecuada financiación y apoyo por parte de todas las instituciones y una puesta en valor y reconocimiento de todo el proceso a través de un adecuado relato comunicativo.

Este último aspecto no es menor. El propio viaje de la expedición Artemis II a la Luna es un claro ejemplo de cómo un buen relato ayuda a poner en valor los resultados de un proyecto que, en el fondo, busca volver a conseguir lo que el Apolo XI consiguió ya en 1969.

Una adecuada comunicación ha permitido focalizar el relato en los aspectos más innovadores de la misión

A pesar de que en esta reciente expedición la nave ni siquiera ha llegado a tocar la superficie lunar, una adecuada comunicación ha permitido focalizar el relato en los aspectos más innovadores de la misión como la distancia recorrida, la primera mujer y el primer hombre negro que viajan a la Luna o la primera vez que unos seres humanos ven con sus propios ojos la cara oculta del satélite.

Sin duda alguna, las nuevas tecnologías que han permitido una retransmisión en directo de todo el viaje y la continua interacción de los astronautas han sido fundamentales para construir este relato que continúa después de su llegada a la Tierra y que permite acercar una expedición muy científica a toda la ciudadanía.

La descarbonización, la economía circular y la sostenibilidad en general necesitan también un relato comunicativo audaz que las permita posicionarse como un requisito esencial y necesario para impulsar la competitividad de nuestras empresas, de nuestra economía y, en definitiva, de toda nuestra sociedad.

La sostenibilidad emerge más que nunca como una prioridad en todas las organizaciones

Ante la actual incertidumbre geopolítica mundial, los conflictos internacionales y a pesar de cierto desinfle de la regulación ambiental europea, la sostenibilidad emerge más que nunca como una prioridad en todas las organizaciones, una prioridad que va más allá del cumplimiento regulatorio porque influye directamente en la mejora de su competitividad y por lo tanto, de sus resultados.

También porque es una demanda creciente de inversores, clientes, personas empleadas y de la propia sociedad. Una buena prueba de ello es que el año pasado el volumen de fondos invertidos con criterios ESG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza) aumentó un 17%.

Puede que en Euskadi tengamos muchos 'moonshots' pendientes, pero, sin duda alguna, uno de los más importantes es incluir la sostenibilidad en la estrategia central de nuestras empresas y organizaciones y orientarla hacia la competitividad y la creación de valor.

Proyectos como el de la cementera Heidelberg Materials de Arrigorriaga, que pretende construir una planta de captura de CO2 para convertirlo en combustible, son un claro ejemplo del camino a seguir. 

Contamos con un excelente ecosistema en el sector ambiental vasco que nos puede ayudar a acelerar este proceso y a marcar la diferencia frente a otros territorios. El reto está en cómo llegar a un tejido empresarial compuesto en su gran mayoría por pymes y quizás nuestra Artemis II particular sea cómo alcanzar este universo de pequeñas y medianas empresas de manera efectiva.

Houston, ¡tenemos un reto!