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Instalaciones de Tubacex / TUBACEX

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Opinión

Con el conflicto laboral perdemos todos

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Guardian ya es historia; Tubos Reunidos atraviesa su peor momento con resultado incierto; Maderas de Llodio salva los muebles en el último suspiro; Tubacex anuncia un ERTE que de momento se aplicará durante 8 meses… está claro que el alavés valle de Aiala, emblemático por la calidad y cantidad de sus industrias, se desangra poco a poco, sin que nadie haya encontrado de momento, una solución que frene el permanente derrame.

La situación evidentemente crítica se traduce en pérdida de empleos cualificados y bien remunerados, y sobre todo en el cuestionamiento de un modelo que hasta ahora ha funcionado, y que se pone en entredicho en estos momentos.

En medio de todo este proceso, nos encontramos con una conflictividad laboral que ha cobrado en las empresas afectadas en el valle de Aiala, un especial protagonismo que poco o nada ha ayudado o está ayudando a mejorar los problemas. Bien al contrario, allá donde finalmente se ha cerrado al menos temporalmente la crisis, no parece que las reclamaciones sindicales hayan tenido éxito.

Es curioso que mientras las reglas del juego han cambiado para todos; los costes, la perdida significativa de competitividad, la situación geopolítica y en definitiva la incertidumbre permanente, hay quienes se empecinen en mantener posiciones de máximos que son difícilmente asumibles en este momento. Me refiero por supuesto a la insistencia de los sindicatos ELA y LAB, particularmente el primero en no cerrar ningún conflicto, mientras no se garantice el empleo para todos los trabajadores.

La situación evidentemente crítica se traduce en pérdida de empleos cualificados y bien remunerados, y sobre todo en el cuestionamiento de un modelo que hasta ahora ha funcionado

Esa condición hoy por hoy es tan leonina como inasumible. Nadie puede garantizar el empleo casi nunca, pero en la actual coyuntura, todavía menos. A todos nos encantaría poder hacerlo, pero nadie tiene asegurado cuando monta un negocio que este va a pervivir en el tiempo sine die, o que el contexto no le va a obligar a afrontar cambios, que en algunas ocasiones son positivos, y en otras negativos.

Las primeras interesadas no sólo en mantener el empleo, también en la medida de lo posible en incrementarlo, son las propias esas empresas. Eso es indudable. El empleo está relacionado con la buena salud de la empresa, con el crecimiento, y por supuesto con la contribución al bienestar de la sociedad en general.

Sin embargo no todos los momentos en la vida de una compañía son expansivos. Hay ocasiones en las que la situación es de contracción y es esas situaciones en las que deben realizarse los ajustes necesarios. El objetivo no es otro que garantizar el futuro de la empresa.

Esa debe ser la clave, y en ella deberíamos estar todos alineados. Mantener la empresa es lo fundamental. Sí, incluso si eso pasa por reducciones salariales o de plantilla. Si no hay otra opción deben ponerse en marcha esas medidas por traumáticas que puedan resultar, porque el objetivo es que la empresa siga viva. Si no es así, ya no habrá trabajo para nadie, esa compañía ya no tendrá futuro. No nos engañemos, cuando una empresa cierra, ya no vuelve a abrir. Pueden venir otras pero nunca serán la misma.

El empleo está relacionado con la buena salud de la empresa, con el crecimiento, y por supuesto con la contribución al bienestar de la sociedad en general

Por todo ello y viendo con tristeza lo que está ocurriendo en el corazón industrial de Álava, es lógico preguntarse porqué los sindicatos, particularmente algunos, se encelan en largos conflictos laborales que lo único que consiguen es agravar aún más el difícil momento por el que atraviesan las empresas. La verdad es que ese es su único logro: hacer el aguajero aún más grande y más oscuro.

Así lo demuestran los ejemplos concretos en las empresas que atraviesan problemas o directamente ya han desaparecido en el valle de Aiala.

Por mucho que se hayan alargado los conflictos, los éxitos que los sindicatos pueden exhibir son pírricos, por no decir inexistentes. Y si a eso le añadimos que lo que si se ha conseguido en algunos casos es el enfrentamiento entre los propios trabajadores, tal y como se ha vivido por ejemplo en Tubos Reunidos, el dibujo final que queda es cuando menos desalentador.

Es posible que algunas compañías tengan el mismo final no teniendo conflictividad laboral, puede ser, pero en cualquier caso, lo que si es evidente es que el conflicto laboral no ayuda ni siquiera a quienes lo promueven, o lo que es lo mismo: perdemos todos.