Elixabete Etxanobe, diputada general de Bizkaia en la toma de posesión en las Juntas de Gernika
Históricamente la política fiscal de Bizkaia (y de las demás haciendas vascas) ha consistido en establecer impuestos empresariales y personales sustancialmente más bajos que los del resto de España.
Estas rebajas se han financiado, y se siguen financiando, con un Concierto Económico que, por cómo se hacen los cálculos y lo poco que aporta a la solidaridad, permite a la CAPV tener muchos más recursos que las comunidades autónomas de régimen común.
La reducción de los impuestos empresariales se ha justificado por sus supuestos beneficios sobre el empleo y el PIB.
Sin embargo, nunca se ha aportado ninguna evidencia ni estudio que corrobore que estos efectos han sido significativos.
De momento, está claro que los empresarios se han beneficiado de estas rebajas, pero que la sociedad lo haya hecho, dista mucho de estar tan claro.
Reducciones selectivas
Los beneficios en el IRPF, por su parte, han sido una forma de trasladar a los ciudadanos una parte de los beneficios del Concierto.
La estrategia fiscal ha cambiado poco en el tiempo y las últimas modificaciones, aunque con argumentos distintos, han vuelto a realizar reducciones selectivas en Sociedades e IRPF.
Los nuevos argumentos para justificar estas reducciones tienen que ver con lo que la Diputación denomina atracción y retención de talento, el avance de la economía verde y determinados objetivos progresistas (que no progresivos) en el IRPF.
Estos objetivos van desde la lucha contra la discriminación de género hasta la vivienda, pasando por la conciliación y el apoyo a la juventud.
Medidas regresivas
En base a estos argumentos, en los últimos años se han adoptado muchas medidas regresivas y con dudosos beneficios sociales, tales como aumentar los beneficios fiscales a las empresas (deducciones, flexibilización de límites, etc), reforzar la competencia fiscal para atraer empresas (empresas audiovisuales y otras), reducir impuestos a algunas rentas altas (gestores de algunos fondos de inversión e inversores en ciertas nuevas empresas) y medias/altas (trabajadores que compren acciones de su empresa).
También se ha permitido desgravar parcialmente los coches eléctricos (algo que, además de ser una rareza en el ámbito internacional, es regresivo) y se ha aumentado la bonificación a los rendimientos del alquiler de viviendas (lo que, además de ser regresivo, no es probable que ponga muchas viviendas adicionales en el mercado). Además, se han dado bonificaciones de escasa cuantía y efectos limitados para la conciliación, la igualdad y la vivienda.
En muchas medidas se prima a los menores de 36 años. Parece que, por alguna razón que convendría aclarar, la Diputación considera que al pasar de los 36 años decaen los derechos de la gente a comprar vivienda, a comprar planes de pensiones, etc. La mayoría de las veces lo razonable sería dejar la edad aparte y tomar como referencia, en su caso, la renta.
Las reformas han incentivado también los planes de pensiones de empleo (en el IRPF y en Sociedades), y que los planes existentes se cobren en forma de renta.
Por alguna razón que convendría aclarar, la Diputación de Bizkaia considera que al pasar de los 36 años decaen los derechos de la gente a comprar vivienda
Esto último no beneficia al trabajador porque inmoviliza su ahorro, pero sí a quienes quieren que el ahorro de los trabajadores se use según sus objetivos.
En el ámbito de la originalidad entran las bonificaciones que se han dado a los viudos, la deducción empresarial por proveer bicicletas a sus trabajadores para acudir al trabajo o que se incentive más el cuidado de hijos por las mujeres que por los hombres.
Además de lo anterior, para dar una apariencia de progresividad a las medidas tomadas, en el impuesto de sociedades se ha establecido un recargo tan absurdo como fácilmente evitable sobre los beneficios extraordinarios de las empresas y se han subido marginalmente (ciertamente menos de lo que sería justo y con un tipo máximo inferior al del Estado) los tipos sobre la base del ahorro.
Poco impacto económico
Tomando todo en cuenta, se puede afirmar que los beneficios dados a empresas y algunas rentas altas, van a tener poco impacto económico y social más allá del ahorro fiscal de los beneficiarios.
Por otro lado, se han asignado al IRPF objetivos que ni le corresponden ni puede lograr y solo sirven para reducir su equidad y legitimidad.
Ciertamente, poner ciertas deducciones puede dar una imagen de progresismo, pero no lograr los objetivos prometidos. Si realmente se quieren resolver los problemas que se plantean (igualdad, conciliación, vivienda) se deben tomar medidas efectivas en el ámbito regulatorio y del gasto, y dejar de deteriorar el IRPF como instrumento recaudatorio equitativo.
En Bizkaia no hay nuevas medidas progresistas significativas, pero se añade un toque de esperpento (la deducción por gimnasios)
En este contexto, la Diputación de Bizkaia ha presentado un anteproyecto de medidas tributarias para 2026 que continúa en la misma dirección. En este caso, las medidas se centran fundamentalmente en la denominada atracción y retención de talento, y en la protección del tejido productivo.
No hay nuevas medidas progresistas significativas, pero se añade un toque de esperpento (la deducción por gimnasios). Como siempre, la Hacienda no cuantifica el impacto recaudatorio, económico y distributivo de estas medidas y fía su justificación a la retórica.
Para atraer talento del exterior, se propone aumentar la reducción de impuestos a no residentes en España cualificados que vengan a trabajar a Bizkaia. De paso, se rebaja el grado de cualificación necesario para beneficiarse de la reducción y se da una deducción por costes de establecimiento.
Los beneficios se aumentan aún más para los menores de 36 años. No está clara tanta insistencia en bonificar a los menores de 36 años. Salvo que se crea que, al pasar de 36 a 37 años, hay alguna mutación súbita que reduce su productividad (e interés para Bizkaia) o que hace bajar su demanda de salario para venir a Bizkaia.
Lo que está claro es que, sin beneficio aparente para el resto, un grupo de contribuyentes de renta alta va a pagar menos impuestos
En todo caso, el problema es que no está clara la efectividad de estas rebajas para atraer personas con cualificaciones que no existen en Bizkaia y que, sin rebaja fiscal, no hubieran venido. Tampoco es obvio ni, mucho menos, que la llegada de estas personas suponga una ganancia en términos de empleo y renta para los ciudadanos de Bizkaia. Lo que sí está claro es que, sin beneficio aparente para el resto, un grupo de contribuyentes de renta alta va a pagar menos impuestos.
Por otro lado, si realmente fuera cierto que para atraer ciertos profesionales cualificados es necesario que cobren más en términos netos, lo que deberían hacer los empresarios es pagarles más en bruto y no pretender que la sociedad les pague, vía menos impuestos, lo que ellos se ahorran en sueldos brutos.
Para retener talento, se propone una reducción sustancial de la tributación de los complementos salariales de permanencia y productividad, que pasarían de la base general del IRPF a la del ahorro.
Esto supone pasar de tributar hasta al 49% a tributar, como máximo, al 28%. Nuevamente, por razones como poco dudosas, los beneficios se incrementan para los menores de 36 años.
Esta medida es, en realidad, poco más que otra vía para que determinadas rentas altas vean reducida su factura fiscal. La efectividad para evitar que alguien que se quiere ir se vaya es cuestionable y la ganancia para la sociedad de esta medida, probablemente, inexistente.
Continuando con las reducciones, el anteproyecto amplía el margen para que las rentas altas cobren parte de sus salarios en especie y no tributen por esta parte. Según la propuesta, esto ocurrirá cuando la empresa le pague al empleado los seguros médicos (suyo y de su familia), el gimnasio, hasta 12.000 euros en acciones de la empresa, le preste dinero sin intereses para adquirir participaciones en la empresa o le pague los viajes al trabajo en taxi (eso sí, cualificando que solo en los casos en los que no haya transporte público). Esto a abre nuevas vías de elusión, y por tanto de inequidad, que benefician a los mejor situados.
Su efectividad es dudosa (porque solo afecta a una parte del sueldo) pero, de nuevo, si fuera cierto que una empresa tiene que pagar más para que un empleado no se vaya, debe sacar el dinero de su bolsillo, no del bolsillo del contribuyente.
Para compensar (muy) parcialmente al resto de los contribuyentes, se crean deducciones para todos los contribuyentes del 20% del gasto en seguros médicos y gimnasios.
Lo de los seguros médicos es regresivo y es más que dudoso que vaya a reducir significativamente la presión sobre el sistema sanitario público. Lo más probable es que las rentas (medias altas y altas) que ya tenían seguros médicos se ahorren un 20% de lo que pagaban y que (para alegría de las aseguradoras) algunos ciudadanos más, no suficientes como para afectar significativamente a la demanda de sanidad pública, compren estos seguros.
Lo de los gimnasios parece una broma. Solo estaría justificada si se creyera que esta deducción mejorará (además del bolsillo de algunos) la salud de una parte amplia de la población y que es una deducción prioritaria frente a otras trivialidades como los gastos en salud bucodental, psicólogos, desplazamientos al trabajo, etc.
Para futuras reformas fiscales me permito sugerir deducciones por ser socio del Athletic, ir a yoga o acudir al astrólogo
Para futuras reformas fiscales, me permito sugerir deducciones por ser socio del Athletic (por favorecer y premiar el espíritu de ser de Bizkaia), ir a clases de yoga (salud mental) o acudir al astrólogo (preocupación por el futuro).
El anteproyecto también propone mejoras que permitirán a algunas sociedades inmobiliarias abandonar la forma de sociedad patrimonial. Esto se traducirá en una mayor rentabilidad y, más importante, en que el valor de estos inmuebles dejará de tributar en el impuesto de patrimonio de sus propietarios.
Es dudoso que esto ponga una sola vivienda más en el mercado, pero seguro que ahorrará muchos impuestos a unas cuantas rentas altas.
También se incluyen mejoras para la exención de dividendos de las sociedades holding en la esperanza, se supone, de atraer contribuyentes que no quieren pagar impuestos en sus lugares de origen.
En qué beneficia esto a los ciudadanos de Bizkaia está menos claro. Por otro lado, de forma razonable, el anteproyecto prevé aumentar el ámbito de las deducciones empresariales por formación profesional.
Empresa familiar
Finalmente, se amplían las exenciones en el IRPF de las plusvalías en la transmisión de la empresa familiar. Dado que estas exenciones favorecen al vendedor de la empresa, salvo que se crea que, por las exenciones, va a vender su empresa más barato, esto no favorece en lo más mínimo la continuidad de la empresa familiar. Es simplemente un premio extra al vendedor.
En conclusión, el anteproyecto de medidas promete rebajas fiscales para las rentas más altas que serán un motor de crecimiento de Bizkaia. De momento, parece más probable que sean simplemente una vía de reducción de los impuestos de las rentas más altas. Estas rebajas, no obstante, no saldrán tan caras a la Hacienda de Bizkaia por una doble razón.
Primero, porque son reducciones que no afectan a la mayoría de los contribuyentes. Segundo, porque, debido a la ley de aportaciones, cada euros menos que recaude Bizkaia reduce los ingresos netos de la Diputación en solo 39,3 céntimos. El resto lo pagan (vía transferencias más bajas) el Gobierno vasco (35,3 céntimos) y los ayuntamientos de Bizkaia (25,4).
El reducido coste de bajar impuestos para las diputaciones (y los moderados beneficios de subirlos) es solo uno de los muchos desincentivos e ineficiencias que tiene la Ley de Aportaciones.