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Hay que desterrar el machismo de nuestras fiestas.

Hay que desterrar el machismo de nuestras fiestas. Andrea Piacquadio (Pexels)

Opinión

Fuera el machismo de nuestras fiestas

No se puede literalmente mirar hacia otro lado. Ese tiempo, el de las miradas cómodas y huidizas, ya pasó. Es hora de actuar

Publicada

El pasado viernes Iñaki Kerejazu, que encarna el personaje de Celedón, pedía unas fiestas de la Blanca en Vitoria libres de agresiones machistas. Una petición tristemente necesaria.

Porque todos sabemos que el machismo campa por sus anchas en las fiestas. Bueno, campan los hombres machistas, para ser más exactos. Me refiero a esos seres que, aprovechando el momento de jolgorio colectivo y alegría desbordante, guarecidos en ocasiones tras el consumo de alcohol o droga, se sobrepasan con las mujeres de casi todas las formas imaginables.

Los casos son múltiples y variopintos. De los comentarios que pueden parecer inocentes (aunque no lo son) hasta los tocamientos sin consentimiento y, en último extremo, las agresiones sexuales que destrozan a las mujeres.

Hay que desterrar el machismo de nuestras fiestas. Es así de sencillo decirlo. Lo que no parece fácil es conseguirlo. Esos comportamientos machistas se siguen repitiendo pese a las labores de prevención, concienciación y ayuda que se realizan para evitarlos.

No se puede literalmente mirar hacia otro lado. Ese tiempo, el de las miradas cómodas y huidizas, ya pasó. Es hora de actuar. Es un deber cívico

Es obvio pero conviene repetirlo: nadie tiene derecho a decir o hacer muchas de las cosas que algunos hacen y dicen cada año a las mujeres en las fiestas populares de Vitoria o de cualquier otra localidad de Euskadi. No se puede tolerar. No se puede permitir. Es repugnante.

Pero todo eso ya lo sabemos. Y saberlo no es suficiente. Porque las agresiones machistas, la última este fin de semana en Algorta, siguen ocurriendo.

Donde creo que tenemos que poner el foco es en otra parte. Me refiero a la actitud de vigilancia que como ciudadanos todos debemos ejercer, de manera que si asistimos a un comportamiento machista debemos actuar para combatirlo. No se puede literalmente mirar hacia otro lado. Ese tiempo, el de las miradas cómodas y huidizas, ya pasó. Es hora de actuar. Es un deber cívico.

Las instituciones, como se ha dicho, ya actúan desde hace tiempo, pero no pueden impedirlo todo. Y en muchas ocasiones tienen que atender a las que ya han sido agredidas. Por ello, toda colaboración es poca para acabar con el machismo en nuestras fiestas.

¿Quién no ha escuchado al típico baboso que suelta comentarios machistas a mujeres con las que se cruza? ¿Quién no ha visto al grupo de tíos que genera situaciones incómodas a chicas que pasan a su lado? ¿Quién no ha asistido a discusiones públicas en que el hombre maltrata verbalmente a su pareja?

¿Quién no ha escuchado al típico baboso que suelta comentarios machistas a mujeres con las que se cruza? ¿Quién no ha visto al grupo de tíos que genera situaciones incómodas a chicas que pasan a su lado? ¿Quién no ha asistido a discusiones públicas en que el hombre maltrata verbalmente a su pareja?

Todos hemos asistido a momentos así en la calle. Y seguramente no hemos sabido actuar ni reaccionar. No hablo sólo de reprender a quienes así se comportan. No se trata de hacer de justicieros o de héroes. Ahí están los puntos morados, los agentes del orden o el teléfono de emergencias para demandar ayuda cuando sea necesario.

La lucha contra el machismo, centrada estos días en las fiestas pero también ineludible el resto del año, es una tarea de todos.

Fuera el machismo de nuestras fiestas.

Fuera el machismo de nuestras fiestas. Michelle Hart (Pexels)