Protesta de Sare por los presos de ETA en once playas vascas.
Presos sin apellidos ni culpas
Hablamos de los reclusos de ETA. Sus principales defensores, en plataformas varias o medios de comunicación, les hurtan su identidad
Estos días, con más ahínco que de costumbre, se habla de los presos de ETA. Sea por una protesta en las playas para pedir excarcelaciones o sea por la tradicional reivindicación en las fiestas de verano, los reclusos condenados por perpetrar crímenes dentro de una organización terrorista vuelven a nuestras vidas.
Aunque, en realidad, sus principales defensores, en plataformas varias o medios de comunicación, les hurtan su identidad. Me refiero a que quienes defienden sus derechos hablan de "presos vascos" a secas. Sin apellidos, sin contexto, sin crímenes y, por todo ello, sin responsabilidades.
La argucia intelectual es burda, pero permanece y se repite como el amanecer de cada día.
Todo el mundo sabe que el elefante está en la habitación pero algunos, esclavos de su ceguera ideológica, no quieren verlo. O no pueden. Es superior a sus fuerzas. O a sus prejuicios, claro.
Porque Sare, Etxerat, Bildu y otras organizaciones cercanas a la izquierda abertzale hablan a menudo de "presos vascos". Sus periódicos, pseudomedios o webs afines también se refieren a ellos en idénticos términos.
Ya apenas dicen "presos políticos", como antaño. Porque "presos vascos" suena mejor. Es la misma manipulación, pero es más sutil. Ahora, acabado el terrorismo, según esta particular visión, estos reos están en la cárcel por su origen y no por su actividad "política" (así tildaban indirectamente a actividades como el secuestro, la extorsión, la amenaza, el coche bomba y el tiro en la nuca)
Ya apenas dicen "presos políticos", como antaño. Porque "presos vascos" suena mejor. Es la misma manipulación, pero es más sutil. Ahora, acabado el terrorismo, según esta particular visión, estos reos están en la cárcel por su origen y no por su actividad "política" (así tildaban indirectamente a actividades como el secuestro, la extorsión, la amenaza, el coche bomba y el tiro en la nuca).
No hablan de "terrorismo", por supuesto. No recuerdan ni mencionan cuáles fueron sus delitos. No hay asomo de crítica a sus comportamientos. No hicieron nada. Son presos porque sí, casi por casualidad. Bueno, no, están encarcelados por vascos. Son seres de luz de la patria perdida a los que hay que liberar por el bien común, la paz y la convivencia. Olé.
Todos los mencionados, al referirse a cualquiera de estos reclusos en concreto, sea porque sale en libertad o porque fallece o porque se honra su pasado, recuerdan cuántos años ha estado en prisión el susodicho pero nunca mencionan por qué. No recogen los motivos de sus condenas. No mencionan los nombres de sus víctimas. Sin memoria. Sin pudor. Sin verdad.
A los que no pertenecemos a esa corriente no nos cuesta trabajo llamar a las cosas por su nombre. Decimos, porque así lo dicen los datos, que los GAL o el Batallón Vasco Español fueron terrorismo de Estado. Y lo condenamos, como no podía ser de otra manera. O decimos que el franquismo fue una dictadura terrible. Y la condenamos sin ambages. Lo mismo con las torturas a detenidos o cualquier otra vulneración de derechos.
Los citados, en cambio, tienen más problemas con las palabras. Hablan de derechos humanos y de libertad con grandilocuencia. Nos dan lecciones de democracia. Pero desnaturalizan la realidad y tergiversan la historia al hablar de "presos vascos" así, en abstracto, despojándolos de su pasado.
Tienen toda la razón las víctimas cuando denuncian este "trato acrítico" a los miembros de ETA por parte de Sare y compañía. De hecho, la Fundación Buesa o Covite se quedan cortas, porque hablamos de un trato mucho más peligroso. Ese lenguaje mentiroso siembra las bases de la legitimación del terrorismo.