Pedro Sánchez
Todos en Euskadi miran a mayo y a Sánchez
Por lógica y por naturaleza, las elecciones son lo que más importa a los políticos
Los políticos son previsibles. Por lógica y por naturaleza, las elecciones son lo que más les importa. En el curso que ahora comienza todos, también en Euskadi, piensan en las elecciones de mayo y, por ello, no dejan de mirar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
El jefe del Ejecutivo, que este lunes reaparecía con críticas veladas a Felipe VI por la crisis de Ceuta, tiene junto a su mano el botón que más preocupa entre los gestores de la cosa pública. Me refiero, por supuesto, a la convocatoria de elecciones generales, que es una prerrogativa exclusiva de los residentes en el Palacio de la Moncloa.
Por mucho que aquí nos desgañitemos pidiendo medidas en materia de Vivienda, durante meses tan electorales como las que se avecinan, los movimientos de los unos y los otros van a estar marcados por las citas con las urnas
El calendario electoral depende de esa decisión de Sánchez. Y es obvio que la celebración de las elecciones generales puede condicionar sobremanera los comicios municipales y forales (también autonómicos en otras comunidades) previstos para finales de mayo.
A priori, las claves del nuevo curso político en Euskadi deben estar centradas en las transferencias prometidas por el Gobierno central, las soluciones para Osakidetza o algunas leyes pendientes, como explica hoy mismo la compañera Andrea Lobera.
Seamos realistas. Por mucho que aquí nos desgañitemos pidiendo medidas en materia de Vivienda o cambios en la política industrial, durante meses tan electorales como las que se avecinan los movimientos de los unos y los otros van a estar marcados por las citas con las urnas. El electoralismo es uno de nuestros males endémicos. En Euskadi y en el resto de España.
Es el momento para ofrecer y confrontar las propuestas que mejoren la vida de la gente. Es hora de debatir sobre autogobierno, soberanía, inmigración, seguridad o vivienda
Entramos, por tanto, en terrenos aún más pantanosos de lo habitual. Empieza el juego de los movimientos estratégicos taimados. Más aún que de costumbre, lo que se dice y lo que se hace está más pensado para lo que parece. Para seducir, convencer o no dejar escapar al votante.
Se sucederán también las promesas que después nadie o casi nadie fiscalizará. Buenas palabras y mejores intenciones.
Claro que, bien mirado, es en estos meses previos a las elecciones cuando más podemos y debemos exigir a nuestros políticos. Es el momento para ofrecer y confrontar las propuestas que mejoren la vida de la gente.
Es la mejor hora para preguntar y debatir sobre economía, autogobierno, soberanía, inmigración, seguridad, industria o vivienda. Es un período perfecto para poner las cartas sobre la mesa, aunque a veces estén marcadas.