Cordón policial entre ambas concentraciones colindantes por El Día de Ceuta en Vitoria
El miércoles pasado se volvieron a vivir (y a sufrir) en Euskadi imágenes de otros tiempos, aquella época, que duró años, durante la cual las huestes más ufanas de Batasuna rodeaban las manifestaciones convocadas por los demócratas vascos que protestaban por el penúltimo asesinato de ETA o pedían la liberación de un secuestrado para reventarlas, coartar la libertad de los ciudadanos, apoyar los asesinatos, avisar a navegantes y amenazar a los congregados: "ETA, mátalos", llegaron a gritarnos (o, mejor dicho, llegaron a pedir a su organización terrorista).
Muchos cumplimos ahora aquello a lo que nos comprometimos entonces, época en la que ETA mataba y sus servicios auxiliares y representantes políticos justificaban públicamente sus crímenes: "No olvidaremos".
Y, efectivamente, no olvidamos; y, dicho ahora, no es tanto una promesa cumplida de lo que nos dijimos entonces como una consecuencia lógica de nuestro rechazo a las injusticias más flagrantes, nuestro amor por la libertad y nuestro compromiso democrático.
Por eso, ante la invasión marroquí sufrida por Ceuta a finales de julio, las condiciones en las que están viviendo los ceutíes desde entonces y la ineptitud supina demostrada por el Gobierno de España en todo este tiempo, nos sumamos a las concentraciones convocadas a lo largo y ancho de España y en las principales plazas de Euskadi.
Allá que fueron a insultarnos y a llamarnos fascistas, racistas y terroristas, precisamente ellos
Es al fin y al cabo una muestra de dignidad democrática y de solidaridad con nuestros conciudadanos más que necesaria, por mucho que supiéramos que, en concreto en el País Vasco, sufriríamos el acoso de las juventudes más extremas, fascistoides y violentas, esos niñatos de la "Euskal Herria una, grande y libre", intolerantes y liberticidas, que pululan por nuestras calles con cara de odio y de pocos amigos y muchas menos luces, dispuestos a terminar de alcanzar los objetivos que sus primos hermanos no lograron con la fuerza de las armas.
Y allá que fueron a insultarnos y a llamarnos racistas, fascistas y terroristas, precisamente ellos, que acumulan los peores adjetivos calificativos que imaginemos.
Los veías y pensabas: "Pobres diablos". Pero si no hubiera sido por la Ertzaintza, nos habrían apaleado.
Nueva 'marcha verde'
Porque lo ocurrido en Ceuta no es consecuencia de una crisis migratoria sobrevenida protagonizada por personas vulnerables que huyen de una guerra, una hambruna o graves amenazas a las que debiéramos dar asilo y atender debidamente y como dice la legalidad vigente sino una especie de nueva 'marcha verde' animada, permitida u organizada por las autoridades marroquíes para ponernos a prueba, tomar posiciones, amenazar nuestras fronteras y comprobar cuáles son nuestras fuerzas; y según cómo se responda aquí y en el conjunto de Europa, ver si más adelante vuelven pero esta vez para quedarse, asentarse e incorporar definitivamente a Marruecos las islas Canarias, Ceuta y Melilla.
Desde luego quieren y parece que pueden, porque el sátrapa Mohamed VI y su servicio de inteligencia no tienen reparos en utilizar a su gente y lanzarla al mar como despojos humanos, y porque además tienen a sus pies a Pedro Sánchez, por razones desconocidas que, sin embargo, todos imaginamos.
Y por si eso no fuera poca cosa, cuentan con el apoyo de Donald Trump, enemistado con España y preocupado por el estrecho de Gibraltar por razones geoestratégicas y comerciales; de hecho, ya hace unos meses lo señaló como posible "foco de tensión internacional, como el de Malaca o el de Ormuz".
Así que poca broma.
Un mes después del asalto, la crisis en Ceuta es ya una crisis de Estado y es posible que termine de dar la puntilla a este gobierno desnortado y parece que moribundo que insiste en hablar de crisis migratoria para confundir al personal y beneficiarse.
Sánchez ya estaba solo antes pero parece que ahora va a estar asediado por unos y otros
La crisis migratoria y humanitaria se produce a continuación de la invasión orquestada por Marruecos; o sea, no es causa sino consecuencia culposa: por estar subordinados al sátrapa Mohamed VI, por no haber actuado para defender nuestras fronteras y por haberse quedado el Gobierno de España de brazos cruzados por razones inconfesables.
De momento, sus socios y exsocios vapulearon a Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados esta misma semana.
Ya estaba solo antes, desde luego, pero parece que ahora, además de solo, va a estar asediado por unos y por otros; es lo que tiene que las elecciones estén tan cerca: que sus adversarios quieren ser más adversarios que nunca y sus socios, más o menos cercanos, distanciarse cuanto puedan para marcar posiciones, al menos estéticamente, por mucho que sea demasiado tarde y no vaya a tener consecuencias prácticas.
Un paso al frente
Volviendo a Euskadi, y puesto que a los mayores que manejan el cotarro (y quizás hasta nos gobiernen) podemos darlos por perdidos, me preocupan los jóvenes envueltos en el fanatismo y la xenofobia que odia a España y a los españoles, no tanto porque sean muchos sino por el daño que pudieran hacer a las nuevas generaciones, a las que, bien organizados y con la complicidad de un gobierno silente y hasta cómplice, tratan de comer la cabeza con mentiras y viejos eslóganes.
Euskadi necesita no solo un rearme moral frente a los más fanáticos sino un fortalecimiento en positivo del constitucionalismo en torno a tres o cuatro ideas fuerza: defensa del Estado de Derecho, defensa de la libertad, defensa de la igualdad y defensa de la unidad de España frente a quienes quieren acabar con ella.
O sea, lo de siempre pero actualizado a los nuevos tiempos. Y con la incorporación de miles de jóvenes dispuestos a dar un paso al frente.