Alternativa por Alemania no deja de crecer.
Hay fechas que deberían funcionar como una alarma en la memoria democrática de Europa y 1933 es una de ellas. No porque la historia esté condenada a repetirse exactamente, ni porque la Europa de 2026 sea la Alemania de entreguerras, no lo es.
Las instituciones democráticas actuales son mucho más sólidas, tenemos sociedades civiles organizadas y una memoria histórica que debería de actuar como cortafuegos. Sin embargo, resulta preocupante observar cómo algunas dinámicas que precedieron al derrumbe de la República de Weimar vuelven a aparecer. Hay un fantasma que recorre la Europa del siglo XXI y se llama neoultraderecha.
La reciente victoria de Alternativa para Alemania (AFD) en Sajonia Anhlt debería leerse en este contexto. El partido ultraderechista ha arrasado obteniendo el 44% de los votos, un resultado sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial para una formación ultra en un estado alemán.
En poco más de una década ha pasado de ser una fuerza marginal a la dominante, seduciendo a los nuevos votantes, cosechando el voto obrero y rentabilizando la fuga de casi la mitad de los electores que anteriormente apostaban por la CDU, la derecha tradicional y partido del actual canciller Mertz o Ángela Merkel.
La insatisfacción de las sociedades occidentales democráticas ha derivado en la falsa creencia que desde fuera del sistema o siendo la alternativa al sistema, como se identifica a estos partidos, va a resolver los problemas como los socioeconómicos señalando al que viene de fuera. Evocando un sentimiento de pérdida de identidad, contra el multiculturalismo y especialmente el rechazo a los musulmanes.
Se aboga por el renacer del orgullo alemán con la inestimable ayuda de la propaganda en las redes sociales. Y todo esto, sí que nos recuerde al germen del auge del partido nazi, que por cierto, en el primer lander donde obtuvo la victoria fue en este mismo, Sajonia- Alhant.
La disolución de la memoria es otro factor que contribuye a amalgamar todos estos ingredientes en la coctelera de la inconformidad.
¿Qué hacer? ¿cómo combatir a la extrema derecha? Hasta ahora Alemania había abogado por establecer un cordón sanitario para aislar a la AFD. El precinto se desmorona, y con estos resultados no parece que vaya a ser suficiente de cara al resto de citas electorales. Mertz vive sus momentos más bajos y ha improvisado medidas antiinmigración a la desesperada.
La otra vía por la que ha optado una parte de la derecha europea ha sido la creencia, durante los últimos años, en que la mejor manera de contener a su extremo derecho era competir con ellos adoptando algunas de sus posiciones. Si los partidos conservadores endurecían su discurso sobre inmigración, seguridad, identidad nacional o soberanía, podrían recuperar votantes que se habían desplazado hacia las formaciones ultras. No ha funcionado.
El problema es que esta estrategia tiene un efecto rebote, ya que termina legitimando aquello que pretendían contener. Y volvemos así a 1933 donde la democracia no se esfumó de un día para otro
El problema es que esta estrategia tiene un efecto rebote, ya que termina legitimando aquello que pretendían contener. Y volvemos así a 1933 donde la democracia no se esfumó de un día para otro. La lección es precisamente la contraria, las democracias entran en declive gradualmente cuando suficientes actores políticos empiezan a considerar aceptable transgredir los principios del Estado de derecho.
En este punto no puedo más que pensar en todo lo que está ocurriendo en Ceuta. La llegada de miles de inmigrantes, la gestión política partidista de una gravísima crisis humanitaria y de convivencia que está poniendo en jaque al sistema.
Mecanismos como el miedo, la desconfianza en las instituciones, la reducción de debates complejos a simplificaciones maniqueas, la polarización y la legitimación de todo ello son el esquema que se repite entonces y ahora en un inquietante paralelismo. La historia no nos advierte de lo que ocurrirá mañana, pero es muy útil a la hora de reconocer patrones de riesgo democrático.