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El lehendakari junto a los consejeros en el Palacio Miramar

El lehendakari junto a los consejeros en el Palacio Miramar Javier Etxezarreta EFE

Opinión

El ruido político vasco

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Comienza el curso o es, al menos, lo que manda la tradición de las extendidas liturgias políticas en Euskadi. Una de esas liturgias, consustancial a las democracias y a la propia política, nos dice que los cursos políticos inician con el primer consejo de gobierno del pasado jueves 27 de agosto en Miramar.

Y, lógicamente, esto tiene su trascendencia en materia de agenda política y posicionamiento de mensajes. Los veranos en Euskadi ya no son los de antaño. Antes, como lo era el propio país, eran más agresivos. Lo que pasaba en Euskadi solía tener trascendencia estatal y los temas vascos se colaban en una agenda cerrada por vacaciones.

Eso ya no se vive en Euskadi. Supongo que el conflicto va quedándose en un cajón de las agendas de los partidos y medios de comunicación frente a otros problemas que atraviesan las agendas y que son, permítanme la expresión, más trascendentes.

La actualidad geopolítica ya ha alcanzado directamente al Estado Español y lo hace con crisis que afectan a uno de los asuntos más polémicos de la nueva agenda española, la inmigración.

Mucho que decir de este tema, pero vamos a dejarlo para otra ocasión, porque el victimismo propio de los blanquitos europeos que se sienten víctimas de unos supuestos “invasores” que lo único que buscan es seguir respirando un verano más, me enfada sobremanera.

Otro tema que eclipsa la agenda estival vasca y que será recurrente es el calor. Cada verano más intenso, cada verano con más derivadas (riesgos de incendios, carabelas portuguesas y aires acondicionados).

Aún existen tontos inútiles que niegan la existencia del cambio climático y la contribución de la acción capitalista -me niego a utilizar el término de “acción humana”- en este fenómeno.

La verdad es que el cambio climático ha llegado antes de lo que esperábamos y nos va a atravesar en nuestras formas de vida de una manera más transversal de lo estimado en un principio.

Este verano hemos tenido hasta un eclipse como tema de agenda al que han acudido los difusores de bulos para extender su desconfianza autoritaria y poner en riesgo la salud del personal. Menos mal que en esta ocasión el Estado ha funcionado y ha cumplido su labor comunicativa y pedagógica.

En este curso 2026-2027 hay elecciones forales y municipales, más unas generales que no se sabe si serán antes o después de la cita local. Los partidos están empezando a preparar sus maquinarias confrontativas para presentar alternativas al electorado

La agenda vasca otra vez reducida al mínimo hasta que el 27 de agosto, Pradales hace un ejercicio de implantar mensajes en la mente de los y las ciudadanas y nos empieza a hablar del ruido vasco.

¿Qué ruido? Pues resulta que como en este curso 2026-2027 hay elecciones forales y municipales, más unas generales que no se sabe si serán antes o después de la cita local, los partidos están empezando a preparar sus maquinarias confrontativas para presentar alternativas al electorado.

Es cierto que la cercanía de las citas electorales dificulta los acuerdos, pero esto no es consecuencia del ciclo electoral sino de cómo está configurado nuestro sistema de partidos y su relación con la administración pública.

En este sentido, desligar el cargo público, más si este tiene responsabilidades de gobierno, de los partidos políticos que los sostienen mejoraría las capacidades de gobernar al margen de los endiablados ciclos electorales.

Cada vez más países lo hacen, pero es cierto que desvincular partido y gobierno en sistemas parlamentarios es bastante complicado. En cualquier caso, siempre queda el voluntarismo político del que habitualmente hacen gala el PNV y el propio lehendakari.

Le propongo un plan al máximo mandatario vasco: durante la campaña electoral de las forales y municipales que Pradales no acuda a los mítines y actos de sus candidatos y de su partido. Que se abstenga de cualquier tipo de proselitismo electoral.

Es más, ¿qué tal si al entrar al ejercicio del cargo del Lehendakari, Pradales u otros que accedan a este puesto, ¿abandonan los cargos orgánicos al interior del partido?

Pero dejémonos de ruido y hablemos de lo que importa: la agenda vasca.

La agenda estatal ya está determinada. La falta de capacidad comunicativa y de estrategia de la izquierda ha relegado a un tema tan importante y prioritario como la vivienda a un segundo plano.

La izquierda alternativa española habla mucho de cómo hablar y poco de qué hacer. La ultraderecha ha impuesto su marco de discusión en la inmigración y los intentos de Pedro Sánchez de centrar la mirada de la ciudadanía en la agenda internacional –buena vía de escape- se han truncado con la crisis de Ceuta.

La inmigración se colará en la agenda vasca, no me cabe duda. Las elecciones municipales son terreno abonado para este debate. Además, la maquinaría de bulos de la ultraderecha hará su trabajo en Euskadi también.

La presencia de EH Bildu y su base social –que a veces nos olvidamos que los partidos funcionan con bases sociales- marcará una serie de temas a nivel municipal y foral que se colarán en el debate. La vivienda en agenda.

Si el debate del nuevo estatus se cierra ya no hay un porqué que mantenga al PNV como socio prioritario de Sánchez

El tema al que afectará el ruido estatal por excelencia serán las transferencias pendientes y el nuevo estatus o reforma del estatuto. No centra la atención de la ciudadanía, pero es importante y no va a escapar al ruido.

Todo pasaba por darle continuidad al Gobierno de Sánchez y aplacar así los recelos de los socialistas vascos. Estos dejaban dar tímidos pasos para no perder una de las bazas que mantenía unido al PNV a los socialistas. Si el debate del nuevo estatus se cierra ya no hay un porqué que mantenga al PNV como socio prioritario de Sánchez.

Sin embargo, el previsible fin del ciclo progresista en España pondrá dificultades desde Madrid a la hora de conseguir una reforma del Estatuto en el legislativo español. El PP ya ha marcado distancias con el PNV y la ruptura parece definitiva por parte de los populares y con una mayoría absoluta de PP y VOX, el PNV es más prescindible –aunque no del todo-.

En cualquier caso, parece que el nuevo estatus se va a encallar en la última parte de la legislatura y Euskadi seguirá siendo la única comunidad autónoma que convivirá con una ley fundamental autonómica sin renovar y eso lastra de una manera importante las capacidades autonómicas para hacer frente a los retos del futuro que ya no son tan lejanos como la reindustrialización, el cambio climático o la caída de la natalidad.