Imagen de un mitin de AfD.
El mazazo ha resonado en toda la Unión Europea: más de un 40% de votantes en el estado de Sajonia-Anhalt prefiere un gobierno regional de un partido de extrema derecha.
La AfD no es un partido cualquiera en cualquier parte de un Europa: es lo más parecido a un partido nazi y en Alemania. Aún así ha dejado enanos a todos los demás partidos que probablemente, ni juntos, va a impedir que el próximo ministro-presidente de Sajonia-Anhalt sea de la AfD.
Es una pésima noticia para la democracia alemana, pero también para la europea. Lo normal habría sido que una elección regional en cualquier país de la Unión pasara casi desapercibida.
Si estas elecciones son noticia es por la aplastante victoria de un partido profundamente autoritario, xenófobo y anti-europeo. También por algo que se veía en las manifestaciones que se produjeron casi de seguido: Nie wieder 1933, nunca más 1933.
No anda descaminado ese cartel, pues el camino a la Alemania de 1933 se había pavimentado también mediante elecciones locales y estatales. Entonces, como ahora, la extrema derecha captó la rabia social derivada del hundimiento de la economía alemana con un señuelo que resultó fatídicamente efectivo: los judíos.
Hoy lo hace con los inmigrantes. En 1933 los judíos no llegaban la 1% de la población alemana; hoy los inmigrantes no europeos en Sajonia-Anhalt no llegan al 4%.
Por supuesto, ni los judíos en 1933 ni los inmigrantes no europeos en 2026 son realmente un problema social. Pueden asimilarse perfectamente en la población local, como de hecho ha ocurrido en la mayor parte de Europa. Como en 1933, estamos ante la fabricación de una realidad con la finalidad de centrar en ella la rabia social.
Imagen de un mitin de AfD.
Si tienes un salario con el que no puedes alcanzar ni lo más básico, un lugar donde vivir; si no parece que eso vaya a mejorar, sino al contrario; si tu futuro es cada vez más incierto… no vayas a culpar de ello a los fondos buitres que acaparan vivienda, mucha de ella de origen público, la encarecen y luego te la alquilan a un precio que no puedes pagar; mucho menos a los dueños de las compañías que tienen más beneficios que nunca mientras tú sigues perdiendo poder adquisitivo; de ninguna manera a los dueños del sector financiero que siempre juegan a ganar porque si quiebran, como quebraron, pagas tú, como pagaste.
No, olvídate de todo eso porque el problema es que tenemos inmigrantes. Esa es la razón de que tú no tengas un buen trabajo, de que escaseen los recursos públicos, de que suban los precios. La extrema derecha promete limpieza étnica, quitar de en medio a esos inmigrantes.
La llamada “remigración” u otras ideas xenófobas por el estilo son la solución final de nuestro tiempo. Entre tanto, mientras no puedan legislar para echarlos a patadas, la propuesta es que no supongan gasto público. Eso aquí el Partido Popular y Vox lo han llamado “prioridad nacional”.
No es el futuro, es el presente tanto en Sajonia-Anhalt como en varias comunidades españolas. Se dice que en Alemania no ha funcionado el cordón sanitario que excluía pactar con esos xenófobos autoritarios. Al contrario, lo que no ha funcionado es la normalización de la ultraderecha que ha promovido el presidente del Partido Popular Europeo Manfred Weber, con apoyo entusiasta de Núñez Feijoo.
La derecha europea debería ir tomando nota de la efectividad de esa política: la idea era que la ultraderecha sirviera como muleta para gobiernos de los partidos de la derecha y para ello nada mejor que asimilar parte de su discurso xenófobo y de odio al inmigrante.
El resultado es el de Sajonia-Anhalt, con una CDU hecha unos zorros y la AfD al frente del gobierno. A ver quién es ahora la muleta.
Algunos dirigentes populares ya están advirtiendo que algo así les puede pasar por el uso que el partido está haciendo del discurso de odio en Ceuta. Es muy posible, pero ante todo es una mayúscula irresponsabilidad. Nie wieder 1933.