La consejera de Educación, Begoña Pedrosa EFE
Casi siento añoranza de aquellos tiempos en que las desgracias se explicaban porque habían fallado los protocolos. Nos recorría una reparadora marea de alivio cuando comprobábamos, después de la desgracia, que habían fallado los protocolos o incluso (todavía más fácil) que los protocolos no existían.
Por supuesto, ello no anulaba los gravosos efectos de la desgracia (cualquiera que esta fuera), pero sí nos permitía realizar una declaración: la causa de la desgracia es evidente, así que mejoraremos los protocolos o crearemos los protocolos. Y la desgracia, claro, no volverá a ocurrir.
Oigo hablar menos sobre protocolos. Aunque quizás influya que ya no trabajo en la administración pública y que por eso han desaparecido de mi vida. Cuando trabajaba en "lo público" nos pasábamos la vida haciendo protocolos.
No estoy seguro de que los aplicáramos, pero puedo jurar que los elaborábamos. Los protocolos desplegaban sobre nosotros un manto de misericordia tan vasto que para sí lo quisiera la Virgen María (¿se acuerdan?), madre de Dios y abogada de toda clase de desfavorecidos.
Mejoraremos los protocolos o crearemos los protocolos y la desgracia, claro, no volverá a ocurrir
Sí, los protocolos nos eximían de culpa, y nos proporcionaban ánimo y consuelo. Ahora no se habla tanto de ellos: se habla más bien de "reflexión", de la necesidad de hacer alguna "reflexión".
Vivas, alcalde-presidente de Ceuta, ha dicho que la invasión masiva de su ciudad "supone para Ceuta y para España una profunda reflexión"; diversas plataformas ciudadanas también han pedido una "reflexión colectiva"; y el PSOE ha declarado, tras esos terribles acontecimientos, que "se requiere una honda reflexión".
También los avances electorales de Alternativa para Alemania "exigen una profunda reflexión", en palabras del grupo socialista del Parlamento europeo.
Y, ante los resultados catastróficos del sistema educativo vasco en el informe PISA, la consejera del ramo, Begoña Pedrosa, declaró que iba a iniciar un "proceso de reflexión". En ello coincide el grupo de Sumar en el Parlamento vasco, que ha presentado una proposición no de ley para "impulsar un proceso de reflexión".
Ahora no se habla tanto de protocolos, más bien de la necesidad de hacer alguna "reflexión"
Estas declaraciones, por supuesto, son sólo pinceladas. En cualquiera de los asuntos mencionados, todo quisque ha propuesto impulsar, iniciar, realizar y culminar alguna "reflexión".
Dos características diferencian a los problemas que necesitan protocolos de los problemas que necesitan reflexión: que los segundos son casi irresolubles (si no lo son ya del todo) y que sonrojan a los gestores públicos que podrían y deberían haberlos conjurado.
Ceuta es invivible y la amenaza de Marruecos aumentará sin duda en el futuro. La izquierda woke seguirá retrocediendo en Francia y Alemania ante la derecha antiinmigración.
Y la educación vasca aún no ha tocado suelo porque los chicos, que parecen alfabetizados, pronto desconocerán la diferencia entre vocal y consonante. Son las causas de este tipo, irrecuperables, vergonzosas, sonrojantes, las que merecen reflexión.
Dos características diferencian a los problemas que necesitan protocolos de los problemas que necesitan reflexión: que los segundos son casi irresolubles
Allá donde la clase política supone que aún puede hacerse algo deben elaborarse protocolos, o mejorar su redacción, o mejorar su aplicación. En cambio, donde nos abruma la gigantesca dimensión de la catástrofe, mejor hacer una reflexión. La reflexión, además, comporta dos ventajas.
Por una parte, indica nuestro compromiso para resolver un problema pero, paradójicamente, nos exime de hacerlo: en tanto en cuanto estemos reflexionando, no tenemos tiempo de actuar. Y si reflexionamos en compañía de expertos tanto mejor: no actuamos, pero gracias a los expertos actuaremos algún día con acierto.
Claro que eso no ocurrirá porque, cuando termine la reflexión, habrá terminado también el periodo del mandato y serán otros políticos los que (quizás con los mismos expertos) abrirán un nuevo y ambicioso periodo de reflexión.
Todo asunto grave merece una reflexión: la invasión de inmigrantes en Ceuta merece una reflexión; la victoria de la derecha en Alemania merece una reflexión; la catástrofe educativa de Euskadi merece una reflexión. Un día moriremos, e incluso eso merecerá una reflexión.