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El presidente del PNV, Aitor Esteban, y el coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi

El presidente del PNV, Aitor Esteban, y el coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi Iñaki Berasaluce Europa Press

Opinión

Generales primero, municipales después: lo que cambia en Euskadi

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Euskadi volverá a vivir el próximo 29 de noviembre unas elecciones generales de esas que parecen no tocarle de lleno, pero que tienen más peso de lo que aparentan en la vida de vascos y vascas, por no decir que para los partidos de Euskadi son una cita muy relevante.

En 2023, las municipales y forales en Euskadi fueron una especie de primera vuelta de las generales. De hecho, sin saberlo, ya que la convocatoria de las generales fue un adelanto, esa sensación de primera vuelta fue una tónica general en todo el Estado.

Ese desarrollo temporal hizo que el debate estatal ganase terreno en las campañas locales y autonómicas, y que los temas que los partidos manejaban para la política estatal desplazasen a los asuntos municipales y autonómicos (forales en Euskadi). Explicar por qué esto perjudica a la rendición de cuentas, uno de los elementos esenciales de las elecciones en nuestro sistema democrático, es importante.

La acción de gobierno de alcaldes y alcaldesas dejaba de estar bajo la lupa ciudadana y la atención de los votantes se centraba en los asuntos que afectaban a la política estatal. La decisión de continuar con los gobiernos municipales o cambiar a otros no dependía entonces de la buena gestión de los mandatarios locales, sino de cuestiones que se escapaban de las lógicas del ayuntamiento.

En Euskadi, las municipales y forales eran importantes porque marcaban el inicio del ciclo electoral autonómico

La primera consecuencia del adelanto al 29 de noviembre será que las generales se celebrarán antes que las municipales, y estas podrán desarrollarse con campañas más centradas en los asuntos locales y forales. Alcaldes y alcaldesas tendrán que esforzarse más para explicar a vecinos y vecinas sus cuatro años de mandato, en una campaña más apegada a la realidad del municipio. Por el contrario, la cercanía de ambas convocatorias puede producir el temido efecto del agotamiento, lo que podría restar participación.

En Euskadi, las municipales y forales eran importantes porque marcaban el inicio del ciclo electoral autonómico: un arranque con el que medir qué pasaría con el voto, qué implicaciones tendría en el sistema de partidos, qué pactos se desarrollarían y qué fuerzas contarían para gobernar y cuáles no.

Esto también cambia. El ciclo vasco arrancará con las generales de noviembre y, por eso, esta cita cobra una importancia nueva para Euskadi.

Desgraciadamente, no tenemos demasiados datos como para anticipar resultados en Euskadi. No obstante, poniendo todas las conclusiones en cuarentena, la experiencia cercana y los pocos datos disponibles permiten avanzar algunas hipótesis sobre lo que podría ocurrir en las generales y su incidencia en las municipales y forales (para las autonómicas aún queda mucho tiempo).

¿Cuántos votos del PNV es capaz de atrapar el PSOE? ¿Mantendrá EH Bildu su base? ¿Cómo se comportará el 10% que obtuvo la izquierda alternativa en 2023?

Las generales de 2023 se desarrollaron de una forma especial. El adelanto tras las municipales convirtió la campaña en una especie de plebiscito sobre los gobiernos de Sánchez y de la izquierda, y puso al votante ante la disyuntiva que marcó el PSOE: gobierno progresista o ultraderecha. Esto tuvo implicaciones en las tendencias de voto en Euskadi. La primera, un descalabro del PNV.

Con respecto a 2019, los jeltzales perdieron entre 6 y 9 puntos en cada uno de los tres territorios históricos, lo que certificaba una crisis que ya se había anticipado en las forales y municipales de ese mismo año. El beneficiado de ese descenso fue el PSOE, que ganó en Araba y quedó como segunda fuerza en Bizkaia y Gipuzkoa. El segundo gran beneficiado fue EH Bildu, que ganaba peso en la aritmética de la gobernabilidad en Madrid y fijaba un buen punto de partida para las autonómicas de 2024, lo que mejoraba su percepción de victoria entre los votantes.

Las incógnitas para estas elecciones son similares. ¿Cuántos votos del PNV es capaz de atrapar el PSOE? ¿Mantendrá EH Bildu su base? ¿Cómo se comportará el 10% que obtuvo la izquierda alternativa en 2023? ¿Cuántos votos le restará VOX al PP?

Empecemos por la última. El PP obtuvo en 2023 dos escaños en Euskadi, uno por Araba y otro por Bizkaia, pero el empuje de VOX aún no se dejaba notar. Si bien esos escaños no parecen peligrar, ya que no fueron los últimos en repartirse, un descenso en porcentaje de los populares en un contexto de victoria estatal sentaría un mal precedente para los de Javier de Andrés de cara a las municipales.

En cuanto a la izquierda alternativa, es a día de hoy la tarta que más quieren repartirse las grandes fuerzas vascas. Un 10% del voto goloso que podría terminar en el PSOE, por efecto del voto útil, o en EH Bildu. La pelea y el culebrón de los liderazgos a la izquierda del PSOE no ayudan a fijar ese voto ni a movilizarlo. Las perspectivas para este espacio no son buenas y los números lo confirman de cara a las municipales y forales.

Parece que EH Bildu mantendrá su base. Es, de lejos, el partido con mayor movilización y fidelidad. Durante los últimos años ha sabido hacer lo que otros no: asentar una base estable. El problema de los de Otegi es que sigue alejado de los votantes de otras formaciones y su capacidad de atracción sigue siendo, tal vez, demasiado reducida. No obstante, un mal resultado de la coalición en las generales sería una auténtica sorpresa.

El voto útil puede castigar a los jeltzales, con la consiguiente pérdida de capacidad de influencia en Madrid

Por último, nos queda la gran cuestión de estos comicios en Euskadi. Y, con todas las reservas del mundo, la respuesta no es agradable para el PNV. Los datos disponibles apuntan a un nuevo trasvase de votos del PNV al PSOE, que podría afectar al reparto de escaños en Euskadi. Es muy difícil cuantificar cuántos peneuvistas estarían dispuestos hoy a votar a los socialistas, y todo depende de cómo se desarrolle la campaña y de si el PSOE logra transmitir que puede evitar un gobierno del PP y VOX.

El voto útil puede castigar a los jeltzales, con la consiguiente pérdida de capacidad de influencia en Madrid. No obstante, si la campaña termina por convencer al electorado vasco de que un gobierno de PP y VOX es inevitable, el flujo podría invertirse o, al menos, congelarse, lo que mejoraría las perspectivas de los de Esteban.

El resto dependerá del propio PNV: comunicar bien y presentarse ante la sociedad como un grupo unido, de liderazgos fuertes y sin peleas internas que se trasladen al público y a su base. La principal tarea del PNV es entender que lo que pase en la campaña de las generales tiene repercusiones en la municipal-foral, y viceversa, y que esta última ya ha comenzado con la designación de los y las candidatas a alcaldesas y diputadas generales.