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Aitor Esteban y Mertxe Aizpurua en el Congreso de los Diputados.

Aitor Esteban y Mertxe Aizpurua en el Congreso de los Diputados. Efe

Opinión

Los intereses de Euskadi

EH Bildu y PNV se convierten, a efectos de elecciones generales, en dos marcas blancas del sanchismo

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Las elecciones a las Cortes Generales siempre generan incomodidad en los partidos de (la expresión es de Arzalluz) obediencia vasca, porque en ellas prevalecen, en términos mediáticos y polémicos, los debates que involucran a partidos de obediencia española. Eso supone que un contingente real de ciudadanos vascos decide su voto en función de parámetros nacionales (de la nación de allá) en vez de otros parámetros no menos nacionales (de la nación de acá).

Si esto siempre es así, en los comicios que se avecinan lo será en grado sumo. La política española se ha convertido en un ring de boxeo a puño limpio, la campaña tiene un sesgo más áspero que nunca y el núcleo decisivo, más allá de la adscripción de escaños, anida en un dilema: o Sánchez o Feijóo.

No solo la radical polarización del escenario ahonda en la incomodidad de nuestros partidos nacionalistas, también la curiosa situación en que se encuentran a la vista de las alianzas establecidas en los últimos años: inevitablemente, EH Bildu y PNV se convierten, a efectos de elecciones generales, en dos marcas blancas del sanchismo. Sean los que sean los asientos que uno y otro alcancen a ocupar, y sean las que sean sus presuntas diferencias programáticas, los dos partidos nacionalistas ya han dejado claro, de forma explícita o implícita, que sus votos pasarán a manos de Sánchez en la subsiguiente refriega cortesana.

En un sorpresivo giro de guion, el PNV subraya con firmeza la diferencia más notable que hoy mantiene con EH Bildu: un pasado digno y democrático, el primero, frente a un pasado violento y siniestro, el segundo

En otras elecciones generales, la extrema izquierda y la socialdemocracia vascas sabían de su desventaja escenográfica frente a los partidos de Madrid (para seguir con la terminología de Arzalluz) pero aireaban sus diferencias, competían entre sí y podían compensar en parte el debate político español mediante un debate paralelo entre partidos nacionalistas.

En esta ocasión, sin embargo, el antídoto difícilmente va a funcionar: ambos partidos forman parte del bloque sanchista y nadie ignora la utilidad final de todos y cada uno de los votos que reciban.

Esto supone para el PNV un escenario inquietante, porque la izquierda abertzale cuenta con una excelente expectativa electoral, hace profesión de socialdemocracia y se revela como un eficaz negociador en el mercado de alfombras que es hoy el Gobierno de España.

Lanzando contramedidas, el PNV utiliza dos herramientas. La primera, el recordatorio del pasado de la izquierda radical. En un sorpresivo giro de guion, el PNV subraya con firmeza la diferencia más notable que hoy mantiene con EH Bildu: un pasado digno y democrático, el primero, frente a un pasado violento y siniestro, el segundo. Centradísimo hace tiempo en la memoria de Franco (desaparecido hace 51 años), el PNV recurre ahora, tras una extraña amnesia, el recuerdo de ETA (desaparecida hace 8).

La segunda contramedida incide en el meollo del problema: enfatizar que, en vez de sumarse a la facción sanchista (de la que, por cierto, jamás se separó) el PNV irá a las Cortes a defender, más allá de unos y de otros, los intereses de Euskadi.

Uno escucha el mantra con insistencia pero no alcanza a desentrañar su fondo inmaterial, porque los intereses de Euskadi no son algo etéreo, no son un ente abstracto anclado a competencias estatutarias incumplidas

Los intereses de Euskadi. Uno escucha el mantra con insistencia pero no alcanza a desentrañar su fondo inmaterial, porque los intereses de Euskadi no son algo etéreo, no son un ente abstracto anclado a competencias estatutarias incumplidas. Los intereses de Euskadi no son distintos a los intereses de los ciudadanos de Euskadi, de las familias de Euskadi, de las empresas de Euskadi.

Hay espacios legislativos de enorme relevancia que se resuelven en el Congreso de los Diputados. La vivienda, verbigracia, con la Ley del Suelo, la Ley de Arrendamientos Urbanos o decretos pintorescos aprobados con trucos de trilero. En ese sentido, los intereses de los ciudadanos, las familias y las empresas de Euskadi coinciden con los intereses de los ciudadanos, las familias y las empresas de cualquier otro lugar.

Si se negara esa identidad casi esencial entre los intereses de un arrendatario vasco o murciano, un arrendador vasco o madrileño, un empresario vasco o valenciano, un autónomo vasco o gallego, hablar de Euskadi y de sus intereses nos llevaría, en periodo electoral, a algo mucho más triste y vulgar: el interés de un partido político.