El secretario general y el portavoz de ESAN, Roberto Palma y Unai Garabieta, respectivamente
Roberto Palma (ESAN): “Buscamos volver a poner a la Ertzaintza donde un día estuvo y tiene que estar”
Las elecciones sindicales de la Ertzaintza se celebrarán el 26 de marzo partiendo con ErNE como primera fuerza sindical con 22 delegados, seguido de ESAN, con 20
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Con las elecciones sindicales a la vuelta de la esquina, que se celebrarán el próximo 26 de marzo, ESAN se posiciona como la segunda fuerza sindical con 20 delegados, solo por detrás de ErNE, que cuenta con 22. Con representación en los tres territorios históricos y habiendo estado presente en todos los acuerdos alcanzados desde su fundación en 2006, ESAN pone el foco en la necesidad de cumplir con el último acuerdo regulador, firmado el año pasado y con vigencia hasta 2028.
En este contexto, su secretario general, Roberto Palma, y el portavoz del sindicato, Unai Garabieta, repasan las estrategias y prioridades del sindicato: desde el refuerzo de la plantilla hasta la mejora de las condiciones laborales y materiales, en un momento en el que la pérdida de autoridad y el aumento de la conflictividad hacia los cuerpos policiales se hacen cada vez más evidentes
En 2022 ESAN obtuvo 20 delegados frente a los 22 de ERNE. ¿Con qué objetivos afrontan las elecciones del 26 de marzo?
Nuestro objetivo es claro: seguir creciendo y convertirnos en la primera fuerza sindical de la Ertzaintza. En 2022 nos quedamos a muy poca distancia y, desde entonces, hemos demostrado algo importante: somos un sindicato que trabaja, negocia y consigue avances reales para los ertzainas, como los avances en las condiciones laborales y económicas. Pero todavía quedan retos fundamentales por afrontar como reforzar la plantilla, mejorar los medios materiales y seguir dignificando la profesión.
En definitiva, nuestro objetivo es fortalecer la Ertzaintza y mejorar las condiciones de quienes la sostienen cada día. Queremos seguir con la estrategia que hemos planteado para colocar a la Ertzaintza en el lugar que creemos que tiene que estar: con una estructura suficiente y los recursos necesarios para seguir haciendo el trabajo. Un lugar donde estuvo un día y que todavía no ha recuperado.
ESAN es el único sindicato con representación en las tres capitales. ¿Cómo les posiciona esto?
Nos posiciona como el sindicato con mayor implantación territorial dentro de la Euskal Polizia. Además, no solo tenemos representación en las tres capitales, sino también en casi todos los pueblos vascos, en las policías municipales. Esto nos proporciona una visión global y nos permite estar presentes en unidades muy diferentes, escuchando problemas distintos y trabajando sobre realidades muy variadas, pero siempre muy ajustadas a la realidad del día a día.
Además, estamos presentes día a día en todas las comisarías. Siempre hay un delegado que visita cada comisaría al menos una vez a la semana y que mantiene contacto directo con los trabajadores, lo que nos hace tener una visión global de los cuerpos y defender soluciones que no responden únicamente a los intereses de una unidad concreta, sino al conjunto de la Ertzaintza y del resto de policías.
¿En qué se diferencia el modelo sindical de ESAN?
En pocas palabras: creemos en un sindicalismo que consigue avances reales. Somos un sindicato propositivo. Entendemos el sindicalismo como la capacidad de lograr acuerdos, mientras que hay sindicatos que se mantienen en la crítica o en la confrontación.
Para nosotros, la presión es necesaria para abrir la negociación, pero sin negociación no hay avances. En este sentido, nuestro modelo combina negociación seria, presión cuando es imprescindible y propuestas concretas. Nuestro objetivo es sentarnos en la mesa de negociación y conseguir acuerdos.
¿Puede influir el auge de plataformas como “Ertzainas en lucha” o el nuevo sindicato EKOS en las elecciones?
Si actualmente somos 6.900 ertzainas, es bueno que también haya 6.900 formas de ver las cosas. Además, en momentos de debate interno es normal que surjan nuevas plataformas e iniciativas. Así lo hemos entendido siempre, por lo que respeto absoluto hacia estas diferentes visiones. Por nuestra parte, tenemos nuestra propia perspectiva y contamos con un respaldo muy importante dentro de la base social de la Ertzaintza, siendo el único sindicato que ha estado presente en todos los acuerdos y ahora nos volvemos a someter al examen.
En cualquier caso, la Ertzaintza es un colectivo muy vivo y con mucha implicación profesional, y consideramos que las elecciones sindicales son el momento para que cada organización demuestre su trayectoria, su trabajo y su capacidad real de negociación.
Nosotros afrontamos estas elecciones con tranquilidad, porque creemos que los ertzainas saben distinguir entre quienes trabajan día a día y quienes solo aparecen en momentos puntuales.
Roberto Palma, secretario general de ESAN
Desde hace más de una década, se ha firmado un acuerdo regulador que mejora las condiciones de la plantilla de la Ertzaintza. ¿Puede este acuerdo beneficiar a los sindicatos firmantes —ErNE, ESAN y SiPE—?
Tras un periodo de confrontación, se ha iniciado un proceso de negociación que ha terminado en un acuerdo regulador que, a nuestro juicio y tras 32 años en la Ertzaintza, establece las mejores condiciones laborales que hemos logrado hasta la fecha. Nunca se había alcanzado un acuerdo tan bueno. Esto ha sido ingeniería.
Además, como sindicato, este año hacemos 20 años y hemos estado en todos los acuerdos que ha habido, lo que demuestra nuestra capacidad de negociación.
Los acuerdos que mejoran las condiciones de los ertzainas benefician a todo el cuerpo, no a un solo sindicato. Lo importante es que se han conseguido mejoras económicas y avances importantes en las condiciones laborales.
¿Por qué es imprescindible llegar a 8.000 agentes?
Ya no es solo una cuestión del acuerdo regulador, sino una necesidad urgente, porque no ha habido un relevo sostenido en la plantilla. El acuerdo se firmó en 2020 con la Junta de Seguridad y el Estado, pero en unas condiciones sociales muy diferentes a las actuales, por ejemplo, en lo que respecta a la población. Por ello, exigimos que se pongan en marcha las tasas de reposición y que se abra el debate con Madrid para una futura ampliación de la plantilla hasta los 9.000 agentes.
La realidad operativa demuestra que la plantilla actual es insuficiente para cubrir todas las necesidades del servicio. Hay unidades que trabajan constantemente al límite, con refuerzos continuos y con una carga de trabajo muy elevada.
Además, la población ha aumentado y también los hechos delictivos, que son diferentes con el auge de internet y que requieren de una investigación y especialización mayor. Todo eso exige más presencia policial y mejor planificación de recursos, y en cambio está habiendo más jubilaciones que incorporaciones en la academia. A día de hoy somos 6.900 agentes.
A nuestro entender, es necesario revisar estos números y no solo alcanzar de manera urgente los 8.000 agentes, sino superarlos, tal y como planteamos en el Congreso de los Diputados tras la pandemia.
¿Qué implica que sean menos agentes?
Por ejemplo, que muchos agentes tengan que trabajar en jornadas de libranza, con todo lo que conlleva. La gente está saturada y desgastada, y por eso reivindicamos no solo alcanzar los 8.000 agentes, sino superarlos. Un ertzaina realiza 1.592 horas al año, y no puede ser que acumule más de 1.000 horas extra. Y aunque este es un caso extremo, no es raro encontrar agentes con 400 horas acumuladas, porque trabajan cuando deberían estar descansando. Si tenemos que hacer tantas horas extra, es porque faltan funcionarios.
Esta situación afecta tanto al servicio como a su calidad. Menos personal significa menos descansos y menor conciliación laboral. Y aquí hay dos cuestiones que van de la mano: por un lado, las condiciones laborales de los trabajadores; y por otro, la seguridad ciudadana, que también puede verse comprometida.
¿Cómo es la relación con el Departamento de Seguridad? ¿Se está cumpliendo lo firmado?
La relación es buena, institucional y exigente. De hecho, creemos que ha mejorado y hemos logrado importantes acuerdos. Nuestra obligación como sindicato es velar por que se cumplan los acuerdos y las condiciones pactadas, por lo que vamos a estar muy vigilantes.
En este sentido, cuando se aplican los acuerdos, te das cuenta de los detalles que tiene ese acuerdo, y aunque se lleve a cabo correctamente, también hay cuestiones que deben seguir mejorando, especialmente en la dotación de medios materiales, planificación de la plantilla y organización del trabajo. Aunque reconocemos que el acuerdo es técnicamente muy complejo con un montón de aristas, nuestra labor como sindicato es estar ahí.
Nuestro papel es claro: cuando hay avances, los reconocemos; cuando hay incumplimientos, los denunciamos y exigimos soluciones. Eso sí, tenemos que reconocer que, con el actual lehendakari y su equipo de gobierno, la actitud ha cambiado respecto a la etapa de Urkullu: al menos se ha dado un proceso de negociación.
Unai Garabieta, portavoz de ESAN
Si ESAN gana las elecciones, ¿cuál sería la primera medida a impulsar?
Tenemos claro que nuestra primera exigencia en estas elecciones será que se cumpla el mínimo de 8.000 ertzainas y que se mejore la planificación operativa.
Muchos de los problemas actuales derivan precisamente de no contar con este mínimo de agentes. Por eso, la prioridad es reforzar la plantilla y mejorar la organización del trabajo. Sin plantilla suficiente, las unidades se saturan, se multiplican los refuerzos y la presión sobre los ertzainas aumenta, lo que repercute directamente en las condiciones laborales y en la capacidad de ofrecer un servicio adecuado a la ciudadanía.
A partir de aquí, habrá que negociar muchas otras cuestiones relacionadas con el acuerdo alcanzado.
Denuncian materiales en mal estado. ¿Qué proponen?
En este caso, tenemos claro el diagnóstico: existe un problema en la gestión de los recursos generales. La persona responsable de licitar propone lo que considera adecuado, pero no debería ser así; debería consultarse siempre al usuario final, al ertzaina.
No se trata solo de comodidad, sino de seguridad operativa y eficacia policial. Cada unidad necesita materiales específicos: la unidad de rescate, la de tráfico, la de seguridad o la brigada móvil requieren equipamiento adaptado para ofrecer el mejor servicio. Actualmente, esto no se cumple, en cambio hay equipamiento obsoleto o que necesita actualizarse, como vehículos, herramientas operativas o elementos del uniforme.
La Ertzaintza debe volver a situarse entre las policías mejor equipadas, incorporando materiales modernos, seguros y adaptados a cada especialidad. Hoy, algunos equipos ni se usan, como las tablets entregadas a las unidades de tráfico que están guardadas en los almacenes porque no sirven.
Por eso decimos que queremos volver a colocar a la Ertzaintza en el lugar que ocupó un día. No solo fuimos pioneros en investigación, sino también en cuanto a materiales. Antes, la inversión en seguridad se consideraba estratégica; por ejemplo, contábamos con ordenadores IBM mientras que la Guardia Civil no.
Han acudido al Ararteko por gastos derivados del servicio. ¿Qué está ocurriendo?
Hay agentes que, en determinadas actuaciones, tienen que adelantar dinero de su propio bolsillo para gastos del servicio, como gasolina, peajes o aparcamientos. Esto no debería ocurrir, sino que la administración debe garantizar que los profesionales no tengan que asumir económicamente gastos que corresponden a la institución. En algunos casos, hay ertzainas con adelantos de hasta 3.000 euros.
Por eso hemos acudido al Ararteko: consideramos que esta situación debe corregirse de forma inmediata. La dirección de recursos humanos debe articular una herramienta que agilice los pagos, porque no puede ser que un ertzaina espere hasta cuatro meses para cobrar este dinero.
Consideramos además que este problema también está vinculado a la falta de personal porque cuando se acumula dinero y no hay suficiente personal, la gestión no se realiza a tiempo. Además, si la persona encargada de tramitar estos casos en cada comisaría está de baja, el agente no cobra y ese dinero queda estancado y no se cobra.
Se habla de pérdida de respeto a la Ertzaintza con la llegada de las nuevas generaciones. ¿Cómo lo perciben?
Es evidente que se está produciendo una pérdida de autoridad. Muchos agentes están percibiendo que la conflictividad y la agresividad hacia la policía están aumentando, no solo en Euskadi, sino en muchas sociedades. En este sentido, creemos que es fundamental reforzar el respaldo institucional a la policía y el respeto social hacia quienes garantizan la seguridad.
Algunos estudios señalan que esta situación se ha agudizado tras la pandemia, aunque también es cierto que han cambiado mucho los valores. En cualquier caso, sabemos que es un tema complejo, pero creemos que debe ser atendido con prioridad, especialmente ante la aparición de nuevos tipos de actividades delictivas, como la ciberdelincuencia.
El secretario general y el portavoz de ESAN, Roberto Palma y Unai Garabieta, respectivamente
O la multirreincidencia…
No puede ser que una persona acumule hasta 50 detenciones sin que haya ninguna consecuencia. Por eso, el abordaje debe ser multidisciplinar: no se trata solo de la actuación policial, sino que también debe abordarse desde el punto de vista legislativo y desde el Congreso de los Diputados, que es quien define qué constituye un delito y qué no.
¿Qué opinan sobre proporcionar la procedencia de los detenidos?
La seguridad debe abordarse con datos, rigor y responsabilidad; y como hemos dicho, de manera multidisciplinar. Es fundamental considerar todas las casuísticas. Si un dato contribuye a mejorar el servicio, no hay problema en indicar su procedencia, siempre que el objetivo sea hacer un análisis o realizar un mapa de delincuencia para resolver conflictos, al igual que se analizan géneros, edades o territorios, no se trata de criminalizar a nadie.
El trabajo policial consiste en estudiar la realidad criminológica y proponer soluciones. La seguridad pública requiere análisis serio, recursos adecuados y políticas basadas en datos. Además, con esta información, también se puede abordar la parte pedagógica y la asistencia social, ayudando a educar a quienes necesitan ser educados en normas y valores. Cada ciudadano, según su cultura y sus valores, actúa de una manera determinada, y esto también se refleja en la delincuencia.
El secretario general y el portavoz de ESAN, Roberto Palma y Unai Garabieta, respectivamente