La desconocida cascada que enamora a todos este verano. Agencia Vasca del Agua
Ni el Salto de Nervión ni Gujuli, la cascada que enamora a los niños este verano: entre bosques asombrosos y los mejores paisajes verdes
Entre senderos forestales se halla esta joya única en el territorio vasco capaz de brindar los baños más frescos y las mejores panorámicas.
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Todo el mundo busca un refugio en Euskadi en pleno verano para huir de las altas temperaturas. Desde playas y montes hasta lagos o cascadas, muchos de estos puntos masificados debido a su popularidad. Hay quienes buscan alejarse del bullicio y sumergirse en el silencio, pero los bañistas lo impiden.
Sin embargo, existe una cascada que enamora a todos los locales que pasan cerca de ella y que apenas es conocida. Se trata de Aguake o Aguaqué, en Álava, en plena Montaña Alavesa y derivada del río Sabando.
Entre senderos forestales se halla esta joya única en el territorio vasco capaz de brindar los baños más frescos y las mejores panorámicas. Un lugar que nos invita a conectar con la naturaleza.
La cascada más desconocida
A la cascada de Aguake o Aguaqué, situada en la provincia de Álava, próxima a Antoñana, se puede acceder a través de un paseo de 5 kilómetros quee no tiene pérdida y es fácil, ya que se puede hacer desde el municipio de Campezo o llegar por la carretera A-123 (desde Vitoria a Santa Cruz de Campezo).
Se parte, como apunta Turismo Euskadi, desde el núcleo urbano de Antoñana, en dirección NW, y tras tomar la calle de Las Eras de Arriba, dejando la iglesia a atrás, cogemos la carretera que nos dirige a la localidad de Sabando y el molino de Oteo.
Una vez recorremos los 400 metros, tomamos un sendero que comienza desde el lado derecho de la carretera. El inicio se encuentra señalizado con la baliza BTT en la que se indica la ruta a seguir.
El recorrido es regular en la primera mitad, por lo que los amantes de la naturaleza pueden disfrutar con tranquilidad de rosales silvestres, enebros y espinos, entre otros tesoros naturales.
Una vez nos introduzcamos en el bosque repleto de hayas, alcanzaremos un cruce de caminos y tomaremos la ruta de la derecha, paralela a un canal abierto en tierra que nos guía para el riego de las huertas de Antoñana.
Desde este punto, seguimos por el estrecho recorrido hasta una formación de rocas calizas por donde pasa Sabando. Tenemos que cruzar el río por las rocas para llegar al salto de agua que se precipita hacia una poza. En la parte derecha del río se halla una zona desde donde disfrutar del tramo fluvial.
Para regresar, el camino tiene la opción de hacerlo por la misma ruta y también siguiendo el curso del río a través de un sendero por la ribera izquierda. Una alternativa que nos sumerge casi en el agua por los sonidos tranquilos que escucharemos.
Tras recorrer un kilómetro, alcanzaremos la pista que anexa Antoñana con Oteo, desde donde tomar la mejor panorámica de los montes de Izki. Si seguimos esta pista, tras 800 metros, tomaremos una de las callejuelas que nos llevará asta el núcleo urbano de Antoñana.