José María Piris Carballo tenía trece años cuando murió por la explosión de un paquete bomba colocado bajo el coche de un guardia civil, hace 43 años. Sucedió el 29 de marzo de 1980 en Azkoitia y convirtió al pequeño en el primer niño asesinado por ETA; el primero de una lista que conformarían 22 menores cuya vida finalizó a manos de la banda terrorista en un periodo de tiempo de tan solo 11 años. 

José María nació en San Vicente de Alcántara, Extremadura, en 1966, hijo de padres también extremeños. Ante la imposibilidad de encontrar trabajo en aquella pequeña localidad de Badajoz, sus padres decidieron trasladarse a Euskadi, dónde el padre acabó trabajando en Acerías y Forjas de Azkoitia y ampliando la familia, con Juan Antonio, ocho años menor que José María. 

“Siempre me dijeron que era lo que se llama un niño bueno… Buena persona, amable, muy educado con todos, alegre y que ayudaba todo lo que podía en casa. Le gustaba mucho pasar tiempo con sus amigos y con la familia, y el fútbol, de hecho jugaba en el equipo del colegio”, describe Juan Antonio. Aquel 29 de marzo José María  viajaba en el coche del padre de su amigo Fernando García, con él y otro niño más, después de jugar un partido en Azpeitia. El adulto detuvo su coche en la plaza Atanos y ordenó a los tres niños bajar mientras este aparcaba. 

A pocos metros de los jóvenes había un paquete con unos imanes pegados. Era una bomba que un comando de ETA había colocado bajo el coche de un guardia civil y que cuando este cogió el coche se descolgó quedando en el pavimento. José María corrió hasta el paquete y lo golpeó haciendo estallar una explosión que lo mató en el acto y dejó a su amigo Fernando grave, hasta el punto de tener que permanecer 22 días en la UCI. “Yo era muy pequeño cuando sucedió, realmente no tengo recuerdos; tengo algunos flashes que quizá sean más imágenes que yo mismo he creado con lo que me contaba mi madre. Según sus historias, a José María le encantaba hacer de hermano mayor y pasaba mucho tiempo conmigo. Me quitaron de un pincelazo el poder disfrutarlo”, añade Juan Antonio.

Imagen de José María Piris./Juan Antonio Piris

“Malviviendo con el recuerdo”

José María fue enterrado en su pueblo natal, en la provincia de Badajoz. Tras él también abandonó Euskadi toda su familia: “La verdad es que mi familia fue bien recibida y ayudada por los vecinos. Las autoridades en general, tanto vascas como centrales, no hicieron demasiado por nosotros. En aquella época no había demasiadas ayudas para las víctimas”, explica su hermano pequeño.

Los años siguientes, continúa, fueron duros: “La familia lo ha llevado como ha podido. Una familia que pierde un hijo o un hermano, siempre queda destrozada y más en las condiciones en las que sucedió. Se malvive con el recuerdo”. Recuerdo que se hacía todavía más presente cada vez que un nuevo asesinato de ETA saltaba en televisión: “Lo llevábamos mal, como el resto supongo; solo que bastante más afectados ya que conocíamos de primera mano las consecuencias de estos atentados”. 

No fue hasta el año pasado, 42 años después del asesinato, cuando “tras la insistencia y varias peticiones por parte de ASEXVITE, la Asociación extremeña de víctimas de terrorismo, se le hizo un homenaje”. Fue el 1 de abril de 2022 y en él participó el Ayuntamiento de Azcoitia y el delegado del Gobierno vasco. “En mi opinión fue tarde, 42 años después, pero también agradezco el gesto”. 

Portada de El Correo el 29 de marzo./Centro Memorial

“Los daños colaterales se dan en la guerra”

Esta fue la primera vez que ETA asesinaba a un menor de edad, aunque tal y como reconoció la organización terrorista el niño no era el objetivo. La bomba, puesta en aquel coche bajo las órdenes de Jesús María Zabarte Arregui -el carnicero de Mondragón-, iba dirigida a un guardia civil del pueblo. Jon Aguirre Agiriano, Francisco Fernando Martín Robles y José Gabriel Urizar Murgoitio la colocarían bajo el vehículo y sería el primero de ellos, el que observaría la explosión desde un balcón cercano a la plaza. 

El guardia civil visitó a la familia tras el atentado “para pedirles perdón”; ETA les mandó una carta. En ella, explica, Juan Antonio, detallaban que la muerte del pequeño había sido “un error, un daño colateral”. “Daño colateral...Esto solo causa más dolor. Daños colaterales se dan en las guerras y son inevitables, lo que ellos hicieron fue un asesinato el cual pudieron evitar y no lo hicieron”, añade. Tras leerla la familia tiró la carta: “Nos deshicimos de ella sin más, ¿qué íbamos a hacer con algo que no aportaba absolutamente nada?”. 

Los responsables de la tragedia Francisco Fernando Martín Robles, Jon Aguirre Aguiriano y Jesús María Zabarte Arregui fueron condenados a 23 años de prisión mayor y a otros 7 años por las lesiones sufridas por Fernando. Años después, en 1973, el carnicero de Mondragón fue detenido y condenado a la misma pena. Además de este crimen, se le encontró culpable de haber estado implicado en 17 asesinatos, por lo que fue condenado a pasar 618 años y 12 días en la cárcel. Recuperó la libertad en noviembre de 2013.

Juan Antonio admite que los años tras la tragedia han sido duros pero “ahora no me deja malas sensaciones hablar sobre el tema. Creo que hablar sobre ello ayuda a desahogarse y sobrellevarlo mejor. Cuando hablas con gente de la asociación que entiende perfectamente lo que cuentas, ya que ellos de una forma u otra han pasado por lo mismo, ayuda bastante”, concluye.