La alpinista, ingeniera y empresaria, Edurne Pasaban

La alpinista, ingeniera y empresaria, Edurne Pasaban Roger Castellón

Sociedad

Edurne Pasaban: "Comparto con las empresas lo que viví en los 14 ochomiles para que logren sus objetivos"

A sus 52 años, la tolostarra combina su experiencia como alpinista, ingeniera y empresaria para ayudar a las empresas a alcanzar sus objetivos

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Unir pasado, presente y futuro. Ese es el propósito que guía a Edurne Pasaban en cada paso que da. Trasladar al mundo empresarial lo que aprendió en la montaña. Para la alpinista tolostarra, la ambición, la pasión y el hambre de éxito fueron claves que la llevaron a lo más alto y son ahora los valores que intenta transmitir a pequeñas y grandes empresas para que logren sus objetivos.

Más allá de ser un referente del alpinismo vasco, nacional e internacional, empresas como Endesa, Deloitte o National Geographic han confiado en ella para compartir su visión del éxito. Edurne lo tiene claro: escuchar al instinto, confiar en él y saber cuándo parar. Y, si algo no se puede en un momento dado, aprender, insistir y volver a intentarlo hasta conseguirlo.

Completar los catorce ochomiles es considerado el mayor logro del alpinismo. Sin embargo, dice en una entrevista a ‘El Diario Vasco’ que no se prepara para después de esa meta. A su juicio, como coach, ¿cómo se prepara para esto? 

No tengo las claves, pero creo que cuando un deportista está en lo más alto, entrenando y tiene grandes resultados, nos preocupamos solo del presente. Del ahora o, como mucho, del mañana: de la próxima carrera, del siguiente campeonato o, en mi caso, del próximo ochomil.

Eso es pensar solo en el presente…

Sí, y creo que ahí es donde nos equivocamos. Tenemos que ir más allá y pensar en qué viene después. Aun así, es cierto que el mundo del deporte ha cambiado mucho en los últimos años, desde la época en la que yo podía ser deportista profesional hasta hoy.

Sin embargo, en el alpinismo —un deporte tan diferente y minoritario— esta realidad sigue siendo muy evidente. En otros deportes este trabajo está más avanzado, aunque todavía queda mucho por hacer. Todas las carreras deportivas terminan. Un día estás acompañado de asesores, entrenadores, psicólogos y otros profesionales, y al siguiente, ya sea por una lesión o porque has llegado a tu fin, nadie se preocupa por ti. Creo que seguimos mirando demasiado al presente y muy poco al futuro.

Dice que su presente gira en torno a tu pasado. Que sus conferencias están condicionadas por lo que ha vivido en la montaña. ¿En qué sentido?

Todo lo que viví para conseguir los 14 ochomiles puede parecer, a priori, muy lejano al día a día de un empresario o de cualquier persona que viene a mis conferencias.

Es cierto que mi reto eran los 14 ochomiles, y que el objetivo era ese. Pero, en el fondo, la esencia de la experiencia va mucho más allá de la montaña. Todos tenemos retos y objetivos, tanto en la vida personal como en la profesional, y en mis charlas no hablo de cómo conseguir los 14 ochomiles, sino de cómo cada persona puede conseguir sus propios objetivos, proponérselos y alcanzarlos. Es una comparación a nivel personal.

Tras completar los 14 ochomiles, ¿qué claves ha identificado para poder cumplir un sueño?

Por ejemplo, mucho tesón y mucho afán de superación. Seguramente fueron estos valores los que me llevaron a conseguir lo que me propuse. Estos son los aprendizajes que hoy transmito en mis conferencias.

Con el tiempo he podido analizar qué cosas hacía bien y cuáles no; he podido identificar los valores que tenía y ver cómo podía aplicarlos en mi vida personal y compartirlos con los demás.

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La alpinista, ingeniera y empresaria, Edurne Pasaban Roger Castellón

No paramos de leer noticias terribles en los periódicos de accidentes y fallecimientos en la montaña… ¿Han perdido los jóvenes el respeto por la montaña? ¿Qué mensaje les lanzaría?

Es una pregunta complicada y no tiene una respuesta sencilla. ¿Sabes por qué? Porque hoy en día la presión por demostrar que somos capaces de todo, tanto en la montaña como en la vida, es muy grande. Y muchas veces esa presión nos empuja a situaciones límite, como esta. 

Entonces, muchas veces, cuando llega el momento de parar, reflexionar y tomar la decisión de darse la vuelta, lo interpretamos como una debilidad. Nos preguntamos: “¿qué van a pensar de mí?, ¿no estaré suficientemente preparado?”. Esa presión constante hace que no nos escuchemos y que no sepamos decir: “no me veo seguro, esto es chungo, que le den”. Y esto no solo lo veo en mí o en la montaña, lo veo incluso en mi hijo de ocho años.

La importancia de escuchar al instinto…

Sí. Yo siempre digo que cuando una persona no tenga clara las cosas tiene que escuchar lo que le está diciendo su instinto y que pase de todo lo demás. 

Nos cuesta gestionar esa vulnerabilidad. No queremos que nos vean débiles o que no somos capaces. Pero, para mí, el más grande es quien sabe darse la vuelta a tiempo, no quien llega a la cumbre.

Usted escuchó a su intuición… 

Sí. Pero es que además mis compañeros sí siguieron y yo me di la vuelta. Mis compañeros italianos con los que iba, y también Pepe, tiraron para arriba.

En ese momento te machacas. Llegas al campo base, te machacas y esperas a que bajen pensando: “¿Pero qué estoy haciendo? Déjalo todo, tío…” Pero, ¿por qué somos así? En vez de pensar: “Joder, pues vale, la próxima vez que venga entrenaré más y pasaré sin problemas por ese tramo”.

¿Ha habido algún momento de su carrera deportiva que hayas sentido la muerte? 

Sí, más de una vez. Por ejemplo, en la bajada del K2 o del Kanchenjunga, porque había apretado demasiado o por no tomar esa decisión que sí había tomado en otras ocasiones, como en el Dhaulaghiri. Seguramente fue por la presión y porque mi mochila estaba demasiado cargada con los resultados que sentía que debía alcanzar.

La alpinista, ingeniera y empresaria, Edurne Pasaban

La alpinista, ingeniera y empresaria, Edurne Pasaban Roger Castellón

¿Qué es lo que le ha hecho seguir adelante frente a situaciones tan duras? 

Siempre digo que he salido de estas situaciones gracias a la gente que me rodea: a mi equipo, a quienes me han ayudado a bajar. Seguramente, sin ellos, me hubiera equivocado. Todos nos equivocamos, y probablemente yo hoy no estaría aquí si no hubiera contado con su apoyo.

Dice que su decimoquinto ochomil es su hijo… Y, para mucha gente, uno de los mayores retos es montar una familia. Ahora, ¿qué retos le queda? Tal vez, ¿ser feliz? 

Creo que la felicidad es algo complicado. Imagínate a alguien como yo, que se ha dedicado toda la vida al deporte y a la montaña, que tiene 52 años y un hijo de ocho, que sigue disfrutando del deporte, y que ya nota que se está haciendo mayor, pero que le da igual… Me achaco estas cosas. 

Pero, al final, es como dices: se trata de vivir la vida, ser feliz, disfrutar de la montaña a mi ritmo y, a la vez, dejar un legado a los jóvenes, para que sean ellos los referentes y puedan decir: “Voy a conseguirlo porque, si esta tía pudo, yo también”.

¿Diría que, dejar un legado, es su mayor sueño? 

Sí, para mí ese sería mi sueño de aquí hasta que me muera: que dentro de 10 años los jóvenes puedan decir “tío, he conseguido lo que quería a nivel profesional”, o “he tenido un hijo”, lo que sea… pero, sobre todo, que puedan decir: “Soy feliz”.

Da conferencias a empresas de prestigio…

Sí, tengo una agenda bastante complicada y viajo muchísimo dando conferencias. Pero, al final, vivo donde quiero. Cuando terminé los 14 ochomiles, hice una visión de dónde me vería dentro de 15 años, y ahora vivo donde quiero: tengo 52 años, vivo donde quiero y soy madre.

He ido cumpliendo pequeños retos que a veces parecen una tontería, pero que, en realidad, son importantes en la vida.

La alpinista, ingeniera y empresaria, Edurne Pasaban

La alpinista, ingeniera y empresaria, Edurne Pasaban Roger Castellón

En la entrevista a ‘El Diario Vasco’ dice que algunos hombres con quien se encontraba en el pasado en las mismas expediciones que usted se marcaban sus objetivos en base a sus logros. Es decir, si usted hacía una cima en cinco horas, ellos se marcaban hacerla en cuatro… ¿No le frustraba? 

Siempre he sido un poco friki con estas cosas. Me he reído de ellos y a tomar vientos, porque yo tenía muy claro lo que podía hacer. Si ellos querían compararse conmigo, pues allá ellos.

No es que me frustrase, solo pensaba: “pero qué tontos”. Al final, no sabían cuánto había entrenado yo, ni si estaba más fuerte que ellos, ni nada. La gente se compara y ellos se comparaban bastante, pero bueno. 

¿Hemos avanzado? 

No. Y siempre digo lo mismo. Culturalmente, nos han criado en este entorno, y aún en los jóvenes, queda mucho por cambiar. Es un tema muy complicado que va para muy largo. Queda mucho camino por delante y mucho camino por recorrer. 

Dice que cuando va a grandes empresas con grandes directivos a veces se hace pequeña… ¿Cómo se enfrenta a este estigma? 

Esto es el síndrome de la impostora. El hecho de haber subido los 14 ochomiles no te hace mejor que nadie. Al final, todos vamos al mismo sitio. Pero a veces, cuesta ponerse delante de un montón de empresarios y pienso: “¿qué les voy a contar yo a ellos?”

Mucho. 

Sí, bueno. Al final una está segura de lo que ha hecho, de que lo está haciendo bien y de lo que está diciendo tiene coherencia. Tenemos que creer en nosotras, tío.

Gracias por la entrevista y lo que transmite.

A ti. Y, recuerda. Tenemos que creer más en nosotras. A veces nos machacamos demasiado. Poco a poco, cada uno haciendo su camino, intentando hacerlo lo mejor posible.

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