Renata, dueña de Anardi.

Renata, dueña de Anardi. Cedida

Sociedad

Renata, dueña de Anardi: "En la cocina se habla de méritos masculinos; por eso remarcamos que está 'hecha por mujeres'"

Para conocer la historia de este coqueto local hay que entender que Anardi nació de la necesidad de mezclar el feminismo con las brasas. 

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Cuando Renata Ribeiro y Oihana Echaniz abrieron el restaurante Anardi hace 11 años en una amplia calle de Barcelona, no imaginaron que la acogida de este local vascobrasileño fuera tan grande. Aterrizaron en la capital catalana sin nada más que las ganas y un espacio reducido. Subieron la persiana con la idea de servir pintxos vascos y han acabado entre picanhas (carne típica de Brasil) y tortillas de bacalao, los platos más buscados. 

Para conocer la historia de este coqueto local hay que entender que Anardi nació de la necesidad de mezclar el feminismo con las brasas. Bajo el lema 'cocina hecha por mujeres', la piedra angular del proyecto es el reconocimiento femenino en un sector donde, como señala su dueña Renata para CRÓNICA VASCA, siguen siendo los hombres quienes acaparan más premios y visibilidad. 

Con Anardi querían visibilizar y demostrar no solo el poder de dos mujeres trabajadoras, sino que ellas también pueden llegar alto detrás de los fogones, como los premiados chefs. "No me imagino a la gente pidiendo la firma a una abuela porque haya cocinado bien", reflexiona su dueña exponiendo una desigualdad aún normalizada. 

De la invisibilidad a ser percibidas

Por ello, Renata y Oihana sirven hoy auténticos manjares a una clientela fiel en un espacio gestionado íntegramente por mujeres. Una idea que temían que generara críticas ha sido recibida con especial cariño, sobre todo por las mujeres mayores, a quienes consideran referentes y quienes perciben el reconocimiento de Renata y Oihana. 

"Cada 8M hacemos publicaciones de todas las frases que escuchamos en el restaurante", expresa la dueña. "A nosotras siempre nos dicen 'dile a tu jefe o llama a tu jefe, ¿dónde está el jefe?', así que nosotras decidimos trabajar solo con mujeres". 

"Nosotras viendo todo lo que habia pasado estos años, pensamos en poner en la fachada 'cocina hecha por mujeres', yo sé que impacta verlo, pero la gente a la que más le llama la atención o le parece bien es a las mujeres mayores", expresa Renata.

Renata al frente de la cocina.

Renata al frente de la cocina. Cedida

Unas mujeres que, después de décadas de arduo trabajo realizado en sus cocinas y de recibir actitudes machistas, no han visto su labor reconocida. "Siempre a la hora de hablar de méritos o de premios hablamos de hombres y para nosotras fue muy importate [abrir el local con este lema], porque entre pandemia y todo lo que hemos vivido y sufrido, para nosotras es increíble".

"Pero lo hemos sufrido también y yo en particular por hacerlo de esta manera y por la consecuencia de que no me mirasen", subraya refiriéndose a su origen brasileño y a su género. "La gente no entiende que ser cocinera es ser cocinera, Muñoz no es asiático y es uno de los chefs más conocidos, además de un hombre blanco, y nadie le pregunta por qué no hace paellas, por ejemplo".

"Tristemente, en la cocina se le da importancia a las nacionalidades y he visto que siempre han pasado de mí, la gente venía a hacer entrevistas y le saludaban a él [al chico que trabajaba con ellas al principio] porque era un hombre, siempre nos han dicho incluso que en el local nunca había funcionado nada, lo que para nosotras ha sido un peso", lamenta. 

Ahora es percibida y querida gracias a unas obras maestras vascas que nadie se pierde. La magia reside en la conexión que siente con Euskadi, tierra que rinde homenaje a su familia, especialmente a su abuela. "Para mí el País Vasco me conecta mucho con Brasil porque las referentes de las cocinas son las abuelas". 

Anardi, que es el nombre del caserío de la familia de Oihana, homenajea a sus raíces. "Mi abuela fue un referente para mí en la cocina; era una mujer indígena", explica Renata. Siempre que regresa al norte verde, no pierde la ocasión de recordarla en la huerta o moliendo café, escenas que evocan una relación tan arraigada con la tierra, como la de las mujeres vascas. 

Creatividad e ingenio

Anardi se compone de varias salas, algunas de ellas cerradas durante años y ahora todas abiertas por la gran demanda. No es el típico restaurante vasco de cocina clásica, sino que mezcla productos vascos y brasileños para conseguir una cocina con influencias y diferenciada. Así se han ganado los paladares con el paso de los años

Renata admite que es una "súper enamorada del queso Idiazabal", producto que nunca le falta, así como de las sidrerías o sagardotegis, por lo que también ofrecen, como especialidad, algún que otro plato de sidrería. Sin embargo, el público no acude por su fusión, sino por los toques vascos. Decidieron incluir la comida brasileña porque, al igual que en Euskadi, en Brasil la carne es un producto que nunca falta, sobre todo la picanha.

La cocina de Anardi con productos vascos.

La cocina de Anardi con productos vascos. Anardi

"Una persona que va buscando comer en un restaurante vasco, comer un buen plato de carne no se le hace raro". Así han conseguido que un cliente se deje entre 30 y 40 euros de media gracias a una carta que deriva en un 70% de productores vascos. 

Gracias a ello, al mimo que le ponen a cada plato y por seguir de manera fiel la idea que tenían desde un principio. "El ser mujer también implica enfrentarse a opiniones de la gente y nosotras nos negamos a hacer algunas cosas que nos recomendaron, por eso nuestro mayor reto fue tener una idea, creerla y tirar para alante".